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El Pez que se muerde la cola
Enrique Salvatierra
Esta historia me suena mucho. De hecho me recuerda a ese tipo de películas en las que el protagonista se acuesta y vive una y otra vez el mismo día, porque tiene que aprender alguna lección o sacar algún aprendizaje de esa repetición constante de la misma fecha. Pues bien, algo parecido es lo que le ocurre al Real Madrid, y no se ustedes pero yo ya estoy cansado de este cuento de nunca acabar.
Y es que lo que aconteció anoche en Lyon, ya lo habíamos vivido antes en este mismo campo, en esta misma hora y casi en la misma fecha de hace un año. Pero la cosa no se queda solo hay, porque hace dos años ocurría lo mismo, esta vez en Leverkusen. El tiempo pasa como hemos podido comprobar, pero el equipo sigue con los mismos problemas a pesar de haber cambiado varias veces de entrenador, y hasta de presidente. Un presidente que está más pendiente de desacreditar a otros candidatos que a dirigir el club blanco.
Aunque claro, algún optimista dirá que esta vez solo se perdió por dos a cero. Sí, pero gracias a la estelar actuación de un Iker Casillas que paro todo lo que pudo. Anoche se comprobó que el partido del Levante había sido un simple espejismo, y tras este nuevo golpe se devuelve al madridismo a la cruda realidad.
Se confió en Capello, un entrenador que, a mi modo de ver, si quieres obtener resultados a corto plazo, como los necesita el Real Madrid, es el director de orquesta idóneo para volver a ganar títulos pronto, pero, ¿a que precio?
El entrenador italiano tiene un estilo de juego muy diferente, muy defensivo, algo a lo que el Bernabeu no está acostumbrado, y mucho menos jugadores como Robinho o Cicinho por nombrar a algunos, que son futbolistas de carácter ofensivo, y como tales pues no entran en los planes del italiano. Quizás, y ojala, este método tenga éxito y a final de temporada el Real Madrid esté levantando al, menos un título, pero a día de hoy y después de la triste imagen de ayer, el club blanco apenas ha variado su trayectoria decadente desde los últimos dos años, es decir, seguimos viviendo el cuento de siempre, el que se nos cuenta cada año, por lo que cada vez más el Real Madrid me recuerda a un pez que se muerde la cola.
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