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Letonia de cara a las elecciones

Alexander Vasíliev
Redacción
jueves, 14 de septiembre de 2006, 23:23 h (CET)
El próximo 7 de octubre 100 elegidos del pueblo ocuparán de nuevo sus sillones en el Parlamento letón. Según resultados de los comicios se formará una coalición gobernante que más tarde designará al Gobierno.

Por la situación geográfica y el temperamento de los ciudadanos de la República de Letonia el perfil político del país habría de ser más o menos similar al existente en Canadá. Sin embargo, el precario desarrollo de la democracia, la propensión de los políticos letones al populismo extremo y la del electorado, a la esperanza, por nada justificada, cifrada en la solución de todos sus problemas a más brevedad, la hacen parecer a Letonia a la Italia de los años 60 con sus frecuentes crisis gubernamentales y clamorosos escándalos políticos.

Al evaluar el panorama político de Letonia en la antesala de las elecciones hay que tener en cuenta sus peculiaridades específicas. Ante todo, la fuerte influencia que ejercen los grupos oligárquicos industrial-financieros. A este respecto, el primer grupo comprende a quienes se dedican a la elaboración de materias primas y el segundo está ocupado en la rama del transporte, encabezado por Andris Skele, fundador y dirigente de sombra del Partido Popular que hoy lleva la voz cantante en el Gobierno letón. También los ocupados en la rama de transporte poseen copiosos recursos monetarios. Su líder, Aivars Lembergs se sumó a la intensa lucha política por el puesto de primer ministro en el futuro Gobierno al frente de la coalición preelectoral de “campesinos verdes”. Pero su influjo político se reduce a serias riñas intestinas tildadas por algunos analistas – y no sin razón- de guerra económica sin cuartel contra sus rivales, en la que se ven involcuradas las instituciones estatales tan represivas como la Fiscalía General y el KNAB: buró encargado de prevenir la corrupción.

Además, existen los “banqueros”. A decir verdad, es bastante difícil clasificar las aficiones individuales y corporativas de los gerentes de los principales bancos letones, tanto como mencionar sus nombres concretos. Por lo regular, ellos se esfuerzan por no diversificar sus actividades. Pero en la etapa final de la campaña electoral podrá resultar sumamente considerable la influencia de los banqueros sobre el desenlace de las elecciones. Tampoco se debe echar de la cuenta a la élite empresarial formada en torno a los puertos libres de Riga y Liepaja.

En cuanto a la correlación política de fuerzas, se puede destacar con plena razón el determinado papel que a este respecto desempeña el factor étnico. Los quinces años de Gobierno de los partidos de derecha en Letonia condujeron a que “los suyos” votan exclusivamente por “los suyos”. En la sociedad letona han arraigado los estereotipos estables cultivados por los políticos durante muchos años, que transforman hábilmente los temores subconscientes del elector letón a todo lo soviético en fobias antirrusas y, a su vez, estas últimas, en ánimos antirrusos. Dicho en otros términos, con frecuencia los políticos locales tildan a los habitantes rusos de Letonia de “agentes del Kremlin” que sueñan con la revancha. A su vez, de año en año, sus antípodas políticos inculcan a sus electores no letones el complejo de inferioridad, haciéndoles creer que fueron engañados y “abandonados a su propia suerte” por los letones.

En general, la correlación de los ciudadanos letones y “rusos” de la República de Letonia es de 75% y 25%, respectivamente, que poco a poco está cambiando debido al proceso de naturalización. Pero, pese a que el número de nuevos ciudadanos ya asciende a 115 mil, ellos no ejercen aún la influencia decisiva sobre el cambio del clima político. Y en el seño de la sociedad se mantiene la desilusión difícilmente velada por la Unión Europea oficial. Letonia sigue siendo el país más pobre de la UE. El ritmo de desarrollo, impresionante a primera vista, se ve diluido por la tasa de inflación, la mayor en la Unión Europea.

Desilusionados por las realidades letonas, decenas de miles de rusos abandonaron Letonia en busca de una vida mejor en el extranjero, principalmente en la Gran Bretaña e Irlanda. Ya a primeros de octubre, este fenómeno económico inherente a todos los países de Europa del Este, podrá degenerar en una desagradable sorpresa política para muchos partidos políticos letones, ante todo, derechistas, ya que la creciente pasividad y ausencia de electores activos salidos del país en busca de trabajo podrá repercutir negativamente en el resultado de las elecciones.

Y eso a pesar de que en el espectro político el partido “Jaunais laiks” de E.Repse liderea aún en los rankings. Este partido “rompió” con la mayoría de sus ex copartícipes de la coalición derechista y ahora desempeña el papel plenamente “confortable” de partido oposicionista que critica y acusa a todo el mundo. Pero las declaraciones políticas contradictorias de su líder E.Repse ya no convencen a la mayoría de conciudadanos y con frecuencia surten efecto del signo contrario. Es poco probable que E.Repse pueda esperar aumento o incluso mantenimiento de la composición numérica de su actual fracción parlamentaria.

En el ala derecha en la peor situación está ahora el Partido Popular que los últimos años forma parte de la coalición gobernante. Su representante A. Kalvitis encabeza hoy el Gobierno y por esto el partido es un blanco de críticas no sólo por parte de la oposición, sino también de sus compañeros de partido.

Los últimos meses la coalición de “campesinos verdes” se ha convertido en la fuerza más dinámica. Entre sus candidatos aparecieron nombres nuevos: uno de ellos es el conocido campeón olímpico letón, Scherbatij, levantador de pesas. La incorporación del partido regional de A.Lembergs en calidad de aliado puede ser considerada como incondicional éxito del citado partido. En ello reside tanto la fuerza como la debilidad de los “campesinos verdes” que ahora ya no pueden pretender a ser considerados como el centro del espectro político desplazándose paso a paso a un ala más radical.

En el campo de izquierda la asociación ZaPCHEL ocupa las posiciones más estables. Todos los rankings de los últimos tiempos le asignan el segundo-tercer lugar con el resultado del 9-12%%. Conscientes del rasgo específico de los sondeos sociológicos letones se puede suponer que el apoyo real de los electores es más alto aún: alrededor del 15%. A la mayoría de electores que votan tradicionalmente por los llamados partidos “de izquierda” o “rusos” poco le importa que de la anterior agrupación de tres principales fuerzas políticas en el ZaPCHEL ha quedado de hecho un solo componente: la “Igualdad”. Parte considerable del electorado rusohablante desea tomar desquite o, por lo menos, satisfacer el anhelo de vengaza por la humillación a que fueron sometidos por los partidos derechistas en poder a lo largo de los quince últimos años. Este papel es el más adecuado para los políticos del ZaPCHEL.

En este contexto los intentos de su dirección de presentarse no como los defensores irreconciliables de los rusos en Letonia, sino como “alternativa de izquierda”, podrá prestar flaco servicio al ZaPCHEL. Si para los medios rusohablantes más radicales la política de esa asociación no es cada vez más acentuada, podrá concitar, al menos, incomprensión de una parte considerable del electorado.

El actual nivel de popularidad de que el ZaPCHEL goza entre los electores, le asegura la posibilidad de ser elegido al Parlamento letón. Sin embargo, al recibir incluso de 12 a 15 mandatos de diputado, es muy cuestionada su futura cooperación con los partidos integrantes de la coalición gobernante.

Entretanto, los recientes sondeos sociológicos patentizan que el partido “Centro de Concordia” logra aún superar la meta ansiada de la barrera del 5%. Es más, un apreciable número de políticos prestigiosos, a cualquier gusto y, además, dotados de la experiencia de trabajo en las estructuras del Estado y de cooperación con las fuerzas de derecha letonas, contribuye a hacer atractivos y respetables a sus candidatos ante los ojos no sólo del elector rusohablente, sino también de una parte de letones. El “Centro de Concordia” podrá obtener en el Parlamento no sólo representación “modesta”, sino también la invitación de entrar en la coalición gobernante y participar en la formación del futuro gabinete de ministros.

En general, la formación del futuro Gobierno atravesará varias etapas. Al principio, tendrán que ponerse de acuerdo los partidos de derecha. Sin embargo, ahora el total de los mandatos de diputado de ese “núcleo” se aprecia en proporción de 37-42 y ellos tendrán que incorporar a “ajenos” a la actividad conjunta. Si lo sean diputados por el “Centro de Concordia”, entonces por primera vez en los últimos años será formado un Gobierno centroizquierda. Procede señalar hasta qué punto carecen de escrúpulos los partidos de derecha que están dispuestos a cooperar hasta con los partidos más radicales luchando por el poder que están perdiendo.

Renglón aparte merecen las tendencias de la cooperación entre Letonia y Rusia. En los últimos tiempos los contactos y encuentros permanentes de políticos y personalidades sociales de los dos países patentizan que las relaciones interestatales ya se ponen a un nivel más alto. Infunde también optimismo el que los partidos de derecha disputen el derecho de considerarse como “principal promotor” de la solución de los problemas de política exterior entre los dos Estados. Si en la futura coalición gobernante figura uno de los partidos de izquierda, defensores de los intereses de la población rusohablante, esa tendencia tendrá el mayor arraigo.

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Alexander Vasíliev es director del “Foro Báltico”, para RIA Novosti.

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