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Etiquetas:   Punto crítico   -   Sección:   Opinión

Camps y Valcárcer: el agua que ahoga el sentido

Raúl Tristán

jueves, 14 de septiembre de 2006, 23:23 h (CET)
Las comunidades valenciana y murciana se hermanan en una Santa Alianza, en una Sacra Cruzada en defensa del trasnochado, del caduco ideal de un trasvase del Ebro que jamás se llevará a cabo.

Y es que, con motivo de la Exposición Internacional de 2008 en Zaragoza, bajo la bandera temática de "Agua y desarrollo sostenible", estos dos aliados pretenden montar un pabellón común en el que mostrar, de forma abierta y sin complejos, sus exigencias hídricas, a la par que demostrar el derroche que del líquido vital se hace en Aragón...

Sí, es una provocación en toda regla, es un guante arrojado al suelo tras golpearnos el rostro, es un reto vil y marrullero, es una chulesca acción barriobajera, pero ¿saben qué?, pues que en Aragón la gente sabe aceptar las ideas de los demás, y su derecho a la libre expresión.

Por eso, en esta tierra que aquellos que hablan de derroche tan poco conocen, vamos a permitir su osadía, su descaro, su desvergüenza, su insulto.

Es más, si para aquellas fechas sigo en este mundo, pienso regodearme visitando sus stands de navaja trapera para comprobar, in situ y de primera mano, los escasos argumentos, las patéticas argucias, las triquiñuelas insostenibles que esgrimen en pro de sus avaricias.

Camps y Valcárcel enraizan al PP con los más egoístas planteamientos localistas, con la postura menos solidaria entre comunidades, con la política hidráulica más denostada, la que se ha demostrado y que se ha confirmado por la UE como la mayor locura en torno al debate del agua: los trasvases kilométricos entre cuencas deficitarias.

Sí, digo bien, la del Ebro es una cuenca deficitaria, una cuenca que abastece a duras penas a diversas comunidades entre las que, por supuesto, no se encuentran las dos mencionadas. Dos comunidades que tienen derecho a tener agua y a desarrollarse, pero no a costa de implantar el "toque de sed" en aquellas bañadas por el Ebro.

Murcia y la Comunidad Valenciana han gozado de forma legal pero no moral, de manera institucional pero no consensuada, de un modo absurdo y fuera de toda lógica, de unas prebendas llamadas fondos europeos que han inflado sus economías (ya de por sí saneadas gracias al turismo) hasta límites insospechados, y jamás alcanzables por una comunidad pobre y olvidada como la aragonesa.

El desarrollo turístico sin planificación ordenada, con la demencia de construcciones aberrantes en el litoral, con la proliferación descontrolada de campos de golf, urbanizaciones y, por supuesto, con la expansión agrícola desmedida en una roturación de montes comunales en la que la administración no ha podido o querido intervenir, dando lugar a la mayor huerta y campos de frutales (muchos de ellos ilegales)de toda España, han provocado que estas comunidades precisen de unas exorbitadas cantidades del agua de vida.

Señores, dense una "paseo" por Aragón, y vean lo que son nuestras tierras: estepas y páramos, secanos de tierras blancas, de yesos muertos, de desiertos inhabitables, de escasas comunicaciones, de poblaciones abandonadas... Una región que no necesita el agua para ser más rica, sino para no morir, para sobrevivir.

Egoísmo, insolidaridad, sí, pero no de Aragón con los demás, sino de los demás para con Aragón.

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