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Etiquetas:   Contar por no callar   -   Sección:   Opinión

Lisistrata en Colombia

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
jueves, 14 de septiembre de 2006, 23:23 h (CET)
El viejo griego Aristófanes (450-385 a.c.) debía ser un perfecto cachondo pero también un perfecto conocedor de la realidad humana. En el año 4ll ante de Cristo estrenaba en Atenas su obra Lisistrata durante las fiestas de las Leneas dedicadas al dios Baco, ese que los pintores siempre nos han dibujado entre racimos de uva. No debían ser malas fiestas ya que estaban dedicadas a un dios, eso si, pagano, pero que representaba una parte de la alegría de vivir. Por aquellas calendas, griegas por supuesto, los que después serían llamados padres de la democracia y la civilización andaban enzarzados en continuas peleas con sus vecinos espartanos. Unas veces la excusa era alguna moza casquivana como la troyana Helena y otras cualquier excusa que les sirviera para azuzarse con las cortas espadas de las que entonces disponían. Menos mal que por aquel entonces todavía no estaban inventados ni los yanquis ni los mísiles y por eso hemos podido saber de sus luchas.

Aristófanes, que debía ser un buen vividor, tuvo la genial idea de escribir una obra teatral en la que las mujeres hicieran valer aquello que los hombres de la época más valoraban, ese tesoro que guardan oculto entre las piernas. Con ello se demuestra que los hombres éramos tan imbéciles cuatrocientos años antes de nacer Cristo como ahora. Pocas cosas nos mueven tanto como un estupendo cuerpo de mujer. Dado que atenienses y espartanos siempre andaban a la greña por un quítame allá estas pajas, con perdón, el viejo dramaturgo se decidió a dar una lección al mundo, a su mundo de aquellos días, y escribió una comedia en la que las mujeres se daban a la huelga. Pero a una huelga muy especial. No estaban dispuestas a que ninguno de sus hombres les pusiera la mano encima hasta que no dialogaran y firmaran la paz con sus enemigos. Y, según finaliza la comedia, la cosa funcionó. Por aquí hemos podido ver diversas adaptaciones de la “Lisistrata” de Aristófanes, tanto en clave antigua como moderna. La última que recuerdo fue la película de Francesc Bellmunt protagonizada por la estupenda Maribel Verdú, una “lisistrata” por la que yo abandonaría todas las guerras que en el mundo fueron.

Ahora, en pleno siglo xxi, unas jovencitas que en su vida han oído hablar de Lisistrata o de Aristófanes han decidido aplicar la misma medida a sus chicos. Las chicas de los pandilleros de Pereira capital del departamento de Risaralda al oeste de Colombia han decidido que mientras sus chicos sigan siendo malos, es decir vayan por la vida con las pistolas y el gatillo fácil, no van a tener acceso carnal a ellas. “ Ni un polvo mientras hablen las pistolas” es el nuevo lema de estas jóvenes colombianas hartas ya de pasar a detentar el estatus de viudas en plena juventud. Quieren hacer realidad aquel viejo dicho de los ya ancianos hippys “haz el amor y no la guerra”.

El Ayuntamiento de la ciudad realizó hace algunos meses una encuesta en la que a los jóvenes pandilleros la actividad que más les agrada es la de hacer el amor. Se ve que no son tontos los muchachos. De la encuesta también se sacó la conclusión que la mayoría de ellos están en el mundo de la delincuencia debido a que ello les supone un referente de poder y seducción ante los demás y por encima de todo ante el elemento femenino del lugar. Así que dicho y hecho, sus novias, todas entre los quince y los dieciocho años, han decidido que una manera de llevarles al buen camino es hacer una “huelga de piernas cruzadas”. No sé si estas jóvenes tendrán éxito en su campaña pero lo que si que sé es que se vuelve a demostrar que el poder de las mujeres sigue siendo fuerte y que el mundo lo sigue moviendo el instinto de los llamados pecados del bajo vientre. No es ninguna novedad, por aquí, entre los que nos llamamos civilizados, también funciona este chantaje sexual muchas veces cuando nuestra pareja quiere obtener alguna cosa. Y también, muchas veces, ellas nunca oyeron hablar de Lisistrata.

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