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Etiquetas:   Copo   -   Sección:   Opinión

Me espían

Siempre he tenido la impresión de ser espiado más que leído
José García Pérez
martes, 29 de octubre de 2013, 11:14 h (CET)
A nivel, llamémosle periodístico, siempre he tenido la impresión de ser espiado más que leído; esta creencia de un servidor, que con toda seguridad es equivocada, consigue que me sienta persona importante.

Últimamente esta sensación va en aumento. Me vigilan desde el bloque de enfrente al “Gran Vía” si paso demasiado tiempo en su interior golpeándome el hígado, intentan definirme como hombre de izquierdas o derechas por el texto de mis columnas, desean averiguar mi forma de ser y el valor que doy a la amistad, y sobre ésta, la amistad, hacen algunos y algunas unos juicios “exprés” de muy escaso valor.

Ahora resulta que el Nobel de la Paz, señor Obama, el hombre que vino a sustituir al denostado Bush y a rizar de paz las guerras del tejano, parece que se dedica a espiar a medio mundo y nadie, de la diestra o la siniestra, alza una voz contundente contra este atropello a la intimidad personal y a los secretos de Estado de muchos países.

Sí, es cierto que las grandes rotativas dan la noticia, pero ahí queda la cosa esa tan fea de hurgar en las entrañas de países que, digamos, parecen tener parentesco con el Orwell auténtico; sin embargo, el personal avezado en estas lides, partidos y sindicatos, no sale a la calle en forma y manera de manifestantes indignados o cabreados.

Da igual, todo da igual. A mí, pobre enclenque de la escritura, que deposito a diario mi forma de pensar sobre esto o aquello, me sitúan, igual que a otros muchos, delante del paredón y disparan a mansalva contra mi pequeño honor; afirman que manipulo a los demás con mi torpe forma de escribir, y da la casualidad que lo afirman de forma sutil porque lo publican a los cuatro vientos sin tener la gallardía de escribir mi nombre. A tales personajes, si puedo, los borro ipso facto de mi memoria y, a renglón seguido, me encasqueto un gin-tonic que me haga olvidar el agravio.

Sí, nos espían por orden del señor Obama, eso parece ser un hecho cierto, pero los y las hay, ciudadan@s normales que toman la lupa de Holmes para dejarse llevar por la opinión de quien va diciendo que presumo de mártir, para, lo que son las cosas, convertirme de verdad en uno de ellos.

Vosotros y vosotras a lo vuestro que, gracias a los avatares de la vida, no es lo mío; porque lo mío es saber que soy espiado y tengo la fama, buena o mala, a punto de ser machacada no por Obama, que ello me convertiría en héroe, sino por cuatro o cinco personajillos de feria; y eso me fastidia un rato largo.

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