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Opinión

Etiquetas:   Pensatientos de un hombre o medio   -   Sección:   Opinión

We are the champions

Sandra García Nieto

miércoles, 13 de septiembre de 2006, 21:43 h (CET)
Ya tenía yo ganas de que todo volviera a la normalidad y de que mis rutinas deportivas fueran lo que eran. Porque el verano está muy bien, no digo que no. Todo el mundo tiene derecho a descansar. Bueno, menos los camareros, esos no. ¿Qué sería el verano sin ellos…? Pero para los que como yo, somos deportistas por naturaleza, el verano es muy largo. Y no se vayan a equivocar, ya sé que, como dicen muchos, en esta época estival se pueden practicar deportes muy variados, y si no que se lo digan a los reyes, que si vela, que si más vela… Pero volvamos a lo que nos importa: es que a mí eso del Surf (aborrezco el agua, hasta el de la ducha) o el Boley playa, (que no me he planteado nunca qué demonios es) o el submarinismo (que no dejo de reconocer que para los documentales de la 2 no está mal), a mí no me va. Por no hablar de las chorradas que se inventan algunos y que les llaman deporte: como el senderismo, ya ves, ponerte a andar sobre malezas no yendo a ninguna parte, hasta que acabas con ampollas en los pies, las ortigas te han hecho polvo y una insolación en toda regla te lleva a urgencias. Eso está bien para Labordeta. Porque al menos él sabe que al final le espera un buen vaso de vino y un buen jamón, y lo que es mejor, todo gratis. O ¿qué me dicen de la escalada? Subir una montaña jugándote el pescuezo. O sin ir tan lejos, los dedos de los pies. Y si lo consigues ¿qué? Si nadie te ha visto. Total, llegas a tu casa y dices: ¡Cariño, he subido al Everest. Y he visto la luna muy de cerca”. A lo que tu mujer responde: ¡Pues yo he ido a trabajar, porque uno de los dos tiene que hacerlo, me he caído y he visto las estrellas, mucho más de cerca que tú”. No, esas chorradas no son para mi. Considero que el deporte es algo más serio, algo más elevado. El deporte es arte, pura filosofía, competición en estado puro. Ya lo dijo Hemmingway: “el hombre contra el tiempo, el hombre contra otro hombre…” claro que esto lo debió de decir después de pimplarse sus cinco acostumbradas botellas de vino, porque sino… Pero dejemos a Hemmingway. Un deportista, como lo soy yo, necesita una rutina diaria de entrenamiento. Es como una adición. ¡Qué le vamos a hacer! A otros les da por otra cosa, como a González por los Bonsáis (o últimamente por las joyas de diseño, que nunca se sabe por dónde le da el aire a uno), a Zapatero por los pactos o a Aznar por los idiomas raros (como el inglés o el mexicano). Pero a mí, por el deporte. Yo, me levanto a las 7:00. Me embullo en el mono, los guantes y el casco y me hago una carrera de entrenamiento de 200 km en el RENAULT. Tras una parada en Boxes y una bebida energética, a las 12:00, cojo la moto HONDA y me hago otros 200 km con mis rodilleras. Tras esto, hago una merecida pausa para comer. Pero muy corta ya que a las 15:45 me pongo el culotte y mi maillot amarillo, me subo a la bici y me hago una contrareloj en toda regla. Después de una pequeña siesta, me levanto como nuevo porque a las 18:00 tengo partido de Baloncesto. Me hago unas canastas, lo justo para ganar y procuro no hacer muchas personales, pues necesito estar fresco para las 20:00, ya que tengo una cita con lo que verdaderamente me interesa, con la madre de todos los deportes, con el deporte rey, con el deporte por excelencia: Unos regates, unas bicicletas, unas chilenas, unos taconazos… No, aunque lo parezca no estoy hablando de sexo en cualquier burdel de carretera, hablo ni más ni menos que de…FUTBOL. Mi auténtica pasión. Con él paso casi cuatro horas. Cuatro horas de sudor, de desesperación, de coraje, de faltas no pitadas, de pasión, de gritos, de pitadas al que no pitó, de aclamaciones, siempre de buen rollo: ¡Hijos de puta…!, de agresiones con botellas, pero ojo, de buen rollo, de sufrimientos, de patadas, de gritos diciendo: ¡Negro de mierda…¡ ¡Vaya buen rollo! de entradas que no lo son, de salidas…de salidas de tono como: “te voy a romper las pelotas”, de pelotas que no entran, o sí, pero son fuera de juego, o no, según se mire. ¡Siempre buen rollo!... Pero merece la pena. Casi más que en el burdel. (Y que conste que yo…no suelo… Es que mi mujer lee esto, ¿saben?) Pero el fútbol es…es… como el éxtasis definitivo. Sobre todo si gano. Que no suele pasar, porque eso debe ser ya el acabóse…

Total, que mi jornada acaba más o menos a las 24:00. O al menos, es lo que se supone. Porque luego, aunque está claro que el agotamiento puede conmigo, un deportista como yo, saca fuerzas de flaqueza y clandestinamente me sumerjo en los avatares de otro deporte. Ya les he dicho que soy adicto al ejercicio. Aunque bien es verdad es que este es un deporte que no todo el mundo admira. Por eso lo procuro hacer en auténtico secreto. Pero a mi me da igual. Me pongo otra vez mis guantes, mis calzones, mi protector en la boca y me lío a mamporros con alguien llamado Tyson. Le doy un gancho derecho, parece que se contorsiona. Ahora le endiño un directo al tórax. Se tambalea. Un gancho izquierdo. Sale sangre de su boca.¡ Ya es mío!. Un directo a la mandíbula, un momento…ya casi está. En el tercer asalto… Cae, está derrotado… por “cao”. ¡Uno, dos, tres….diez! ¡Es mío, lo he conseguido…lo he conseguido! ¡Soy el mejor! ¡Soy el mejor!

¿El mejor? Lo que eres es un auténtico estúpido.- Me dice mi mujer zarandeándome.- ¿Tú sabes las horas que llevas sin levantarte del sillón? Y lo que es peor…¿sabes las cervezas que te has tomado a lo largo del día? Por no hablar de las cortezas de cerdo, los boquerones, los callos con garbanzos… Con esa tripa pareces más que un deportista, el propio balón. De la tele sale ya humo y todo… Anda, dame el mando a distancia y acuéstate ya, que mañana hay que hacer compra. Y cualquiera te levanta…

La voy a hacer caso, pero sólo para que se calle. Porque ya se sabe que las mujeres son incompatibles con el deporte…ya lo dijo Hemmingway…¿o no fue Hemmingway?

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