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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Mayores grados de ciudadanía

Francisco Arias Solís
Redacción
miércoles, 13 de septiembre de 2006, 21:54 h (CET)
“No estoy solo. No lo estamos.
Los que caminan conmigo
me dicen que caminamos.”


Rafael Alberti

Se aprende mucho viajando. Pero no me refiero a hacer turismo más o menos lejos, y contemplar que otros son más pobres o más ricos que nosotros, sino a salir de nuestra propia casa de todos los días y mirarla desde fuera, desde otras culturas, el mirarnos autocríticamente. Y para esto el establecer comparaciones con todo tipo de sociedades es enormemente interesante. Por un lado vemos más globalmente nuestra realidad, por otro aparecen experiencias muy avanzadas que hoy son posibles. Claro que este planteamiento tiene poco que ver con quienes van a otros países a “vender” que en España es donde tenemos la verdadera receta para la democracia y el desarrollo, y que como en nuestro pueblo no hay nada mejor. Que también entre nosotros hay mucho recién llegado a la democracia que ya va dando lecciones de modelos alternativos para todo. Nada más lejos de la realidad, pues cada cual, cada localidad y cada sociedad, tiene que construirse su propio camino, y para eso es justamente para lo que sirve mirarse desde fuera, desde otras experiencias.

Europa e Hispanoamérica son los contextos más cercanos donde poder mirarnos en sus espejos. En Europa hay más programas locales, más ideas de desarrollo, hay más representatividad local, pero menos prácticas alternativas en cuanto participación ciudadana y desarrollos integrales, por ejemplo, que en algunos países hispanoamericanos. Existen muchas experiencias muy interesantes por las problemáticas que allí se han planteado y que se nos plantean a nosotros con mucha frecuencia. La famosa frase de “en mi pueblo no ocurre eso” no es más que un mecanismo defensivo para no cuestionarse determinados problemas, pues un mundo tan globabilizador como el actual casi todos los temas, también los locales son más comunes de lo que parecen.

Es más, hoy existe un movimiento mundial que no sólo no contrapone, sino que apoya precisamente el “actuando localmente, pensando globalmente”, y que conjuga ambas perspectivas. Asistimos al hermanamiento entre muy diversas ciudades del mundo a través de sus Ayuntamientos, a la multiplicación de iniciativas de voluntariado para el desarrollo, etc. Y aunque es muy interesante lo que se puede ayudar materialmente desde las ciudades y países enriquecidos hacia los empobrecidos, es tanto o más interesante lo que se puede aprender de los procesos en marcha de otras ciudades y países. Son muchas las cosas que están cambiando en el mundo, y sobre todo de las periféricas se conocen aún muy poco. La mayor parte de las noticias provienen de las capitales financieras centrales. Una enorme riqueza de experiencias periféricas se pierden en sí mismas por falta de conocimiento y apoyo suficiente.

La polarización y dualización de las sociedades de algunos países, al copiar sus gobiernos las recetas neoliberales, no da los mismos resultados que en los países enriquecidos. De ahí que no sólo la pobreza extrema, sino también los trabajadores fijos y las clases medias se organicen socialmente en defensa de sus derechos y por mayores grados de ciudadanía social y política.

De hecho, el proceso de globalización económica acentúa la segmentación social. También en Europa tiene lugar una dualización de la sociedad, pero en América Latina las desigualdades se están agravando de manera explosiva. En los países de la OCDE el 20 por ciento más rico de la población, en promedio, tiene un ingreso seis veces mayor que el quintil más pobre; en los países de América Latina el quintil más rico de la población tiene un ingreso casi 20 veces mayor que el 20 por ciento más pobre.

Las clases medias y los trabajadores fijos de muchos países americanos entienden que sólo formando bloque con los sectores mas carenciados pueden conseguir un cambio que les salve de su situación. De la misma manera que desde los países ricos hay que entender que es desde estos países periféricos donde se están fraguando alternativas que nos convienen para un transformación social de importancia. Y es que, como dijo el poeta: “¡Qué poco me va quedando / de lo poco que tenía! / Todo se me va acabando / menos la melancolía”.

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