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El cementerio de los elefantes políticos

“Todos los cementerios del mundo está llena de gente que se consideraba imprescindible.” Georges Clemenceau
Miguel Massanet
lunes, 11 de noviembre de 2019, 08:39 h (CET)

Hoy, precisamente, día 10 de noviembre, en nuestro país se estarán celebrando unos nuevos comicios en los que, con toda probabilidad, se va a decidir el futuro de nuestro país que, según hacia donde se decante el sentido de los votos de los españoles, puede dar un giro significativo y, evidentemente, trascendental a lo que podría ser el destino España y de todos los españoles en los próximos años. Nunca, como en esta ocasión, hemos sentido el soplo inquietante de los vientos imponderables que marcan el rumbo de nuestras vidas ni el temor a que, todo aquello que los españoles a base de sacrificios y esfuerzos, a fuerza de trabajo, iniciativa, colaboración y coraje, han sido capaces de construir a través de los siglos y que, precisamente hoy, según sean los resultados de las urnas sentimos que, por primera vez en el tiempo que llevamos de democracia, estamos expuestos a perder en manos de aquellos que sólo ansían la destrucción de la nación española.

Y, en esta tesitura, no podemos menos que dudar de lo que los hados nos tienen reservado, conscientes de que el sistema de votación popular, quizá el más democrático de los conocidos, se presta en muchas ocasiones a tomar decisiones “in prontu”, sin la debida reflexión, poco meditadas, influidas por la ignorancia, la pasión, el rencor o, simplemente, siguiendo la corriente de aquellos que, de una forma u otra, son capaces de influir en nuestros actos y no precisamente, en muchas ocasiones, de la forma más racional, más de acuerdo con el sentido común y conveniente o útil para nuestros intereses, los de nuestros conciudadanos o los de la propia España.

Existe una leyenda, desde hace muchos años, sobre el comportamiento de los elefantes, estos enormes paquidermos que habitan, entre otros lugares, en África y Asia, relativa al momento en el que sienten que el fin de sus días les está llegando momento en el que, según la misma, acuden a un lugar misterioso, secreto y único para entregarle su cuerpo a la Parca y dejar que sus huesos acaben siendo huéspedes de aquel lugar especial, junto a los de sus ancestros que ya les precedieron en aquel último acto de sus existencia. Creo que, las sucesivas legislaturas por las que un país va pasando, acaban enviando a aquellos políticos a los que las urnas confiaron el gobierno, a veces durante periodos mayores y, en ocasiones, después de apenas unos meses; al cementerio que la Historia les tiene reservado en la eternidad de su reposo. Un lugar donde, con el paso de los años, desaparecerá la envoltura superficial o carisma de la que sus contemporáneos quisieron dotarlos, motivados por el intento de alargar los las post-secuelas de aquel gobierno en su propio beneficio o el de aquellos que quisieron ver, en la gestión del finado, todas los errores, fracasos y desgracias de la legislatura, con el propósito de desprestigiarlo pensando, también, en que ello les iba a ser útil.

Aquellos huesos calcinados de los elefantes, despojados de lo accesorio y de lo orgánico igualan, con el transcurso del tiempo, a todos aquellos proboscídeos que, según la leyenda, fueron a morir a aquel lugar de reposo. Demostrando lo que quedaba de aquellas moles imponentes, verdaderos dominadores de la fauna de aquellos lugares que dominaron sin opositores durante su habitualmente larga existencia. En el caso de los políticos, el tiempo, los años o los siglos, acaban desvelando, fuera de alabanzas excesivas o de críticas interesadas, lo que verdaderamente fue el balance de su gestión durante su etapa en la que dirigieron la nación, dejando al descubierto los errores que cometieron, las maldades a las que se prestaron y los perjuicios que su gestión produjeron a los ciudadanos sobre los que gobernaron; pero también sus éxitos, sus aciertos y también el progreso al que llevaron a los habitantes de la nación sobre la que ejercieron su poder. En realidad, no importa, porque ya a nadie le interesa, sino por mera curiosidad histórica, si el juicio sumarísimo que sus contemporáneos emitieron sobre aquellos personajes que, en su día, tuvieron en sus manos el destino de su país, fue acertado o no.

En España se puede afirmar, sin temor a equivocarse, que estamos padeciendo, desde hace años, un déficit preocupante de políticos de calidad. Quizá este problema no sea exclusivo de España y es posible que, en el resto de países de lo que se pudiera calificar como mundo civilizado, también se vaya notando esta escasez de verdaderos políticos con facultades para hacerse cargo de la difícil tarea de llevar adelante una nación que, por otra parte, debido a los cambios sociales que se han ido produciendo a través de la historia, presenta desafíos distintos y genera nuevos problemas que la modernidad, los avances científicos, las técnicas avanzadas y las corrientes de opinión más sofisticadas han ido creando y que han obligado a sus gobernantes a que, aparte de las dificultades que siempre han existido a la hora de dirigir un país, se le hayavn juntado todos estos nuevos retos que, sin duda, vienen contribuyendo a que, cada vez, la labor del gobernante se haga más difícil, laboriosa, exigente y responsable.

Creo que, en esta ocasión, ha quedado evidenciado que los cambios en algunos partidos muy notables y radicales, han dado lugar a que, lo que se podrían considerar como pesos pesados de la política en legislaturas anteriores, como es el caso del señor Aznar, Gonzáles, Rajoy, Zapatero o en el caso catalán, la familia Pujol o el mismo señor Mas, hayan dejado de ser referentes en los que apoyarse y sus opiniones, aunque en ocasiones acertadas, ya no son tenidas en cuenta por los nuevos dirigentes de la política española, que no quieren volver la vista atrás, pendientes de los nuevos y perentorios riesgos que el nuevo panorama político y económico, no sólo nacional sino internacional, les obliga a enfrentarse; para lo cual los viejos métodos que, en su día, fueron válidos para otras generaciones de ciudadanos, es muy posible que, en la actualidad, resultaran inoperantes y obsoletos para solucionar los actuales complicaciones derivadas de los nuevos envites a los que la sociedad se ve obligada a enfrentarse.

Es muy posible que los resultados de las urnas en España, como consecuencia de las elecciones celebradas hoy, acabe enviando a algunos de los paquidermos políticos que actualmente se promocionan para dirigir nuestra nación, a este cementerio de políticos al que la Historia de los pueblos tiene destinados para aquellos que no supieron, no quisieron o no lograron poner en marcha sus proyectos de gobierno, para bien o, en ocasiones, para mal del país y de sus ciudadanos. La suerte está echada y, en estos momentos en los que estoy escribiendo estas líneas, es muy posible que las urnas ya contengan los votos que representarán, una vez escrutados, la voluntad de los españoles que se han acercado a los colegios electorales para depositar su voto.

Lo que no somos capaces de dilucidar es si, en realidad, el pueblo español habrá tenido el buen sentido, la inteligencia o la capacidad de calcular el futuro, para que el resultado de esta votación sea capaz de sacar a esta nación del impasse en el que, durante los últimos tiempos, la han situado muchos de los políticos que se han creído estar en condiciones de solucionar los problemas de España, sin tener en cuenta que sin una conveniente planificación, una valoración apropiada, una competitividad adecuada, una productividad capaz de compensar los costes de los salarios y una financiación convenientemente retribuida, ningún país, y así ha resultado ser en todos aquellas naciones que hayan intentado aplicar los métodos comunistas de economía dirigida, haya sido capaz de salir de su estado de pobreza ni haya alcanzado ningún progreso en el estado de bienestar de sus habitantes.

O así es como, señores, desde la óptica de un ciudadano de a pie, no acabamos de creernos que esta nueva votación a la que nos ha llevado la incuria de los políticos, sea el verdadero remedio a los problemas que hoy en día está padeciendo la nación española. Incluso persiste el temor de que, una vez escrutados los votos emitidos, la situación resultante no permita, como sucedió en la ocasión anterior, constituir mayorías suficientes para que la nación sea gobernable y esto, señores, después de cuatro intentonas en cuatro años, pudiera resultar letal para la continuidad en la CE de un país que no estuviera en condiciones de adecuarse a las exigencias que, desde Bruselas, se nos vienen exigiendo para que adecuemos nuestra deuda pública, nuestro déficit público y nuestro sistema social al que se han comprometido todo el resto de países de la UE. Fuera de ella el destino de España no sería otro que el de formar parte de aquellos países sin posibilidad alguna de subsistir en un régimen de una economía globalizada, les guste o no a los que reniegan de ella y del capitalismo. Homo finit, opera manent.

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