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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Si baja la natalidad: se elimina la emigración

Antonio Cánaves (Palma)
Redacción
martes, 12 de septiembre de 2006, 23:55 h (CET)
La gente de los países en vías de desarrollo debe entender, que los ciudadanos de países desarrollados, si hemos alcanzado este nivel de bienestar, es por larga experiencia, de traer pocos hijos al mundo y haber equilibrado la ley de la oferta y la demanda en el trabajo. Cada año nacen 100 millones de niños en el mundo, el 80% en países pobres. Es decir, 80 millones de inmigrantes potenciales, muchos, intentaran llegar a países desarrollados atravesando desiertos, saltando alambradas o cruzando mares en cayucos o pateras, buscado una oportunidad para mejorar su situación.

Si bajase la natalidad del tercer mundo a los niveles europeos, los emigrantes no tendrían necesidad de emigrar, porque su fuerza laboral seria necesaria en su país de origen. El ejemplo de España nos puede servir: Entre los años 40 y 70 tuvimos una tasa de natalidad muy elevada, fueron años de mucha miseria. Durante la década de los 60 emigraron fuera de nuestro país 3.500.000 de españoles a Alemania y otros países europeos. La capacidad económica de los españoles se fue consolidando a finales de los 70 cuando empezó a bajar la natalidad y en la década de los 80 se empezó a registrar la tasa de natalidad mas baja de todo del mundo. Esto supuso el punto de inflexión, que nos condujo a pisarle los talones en bienestar social a los países mas adelantados de Europa, que no por casualidad tenían una larga tradición en poca natalidad.

Hay una regla universal que a los economistas les cuesta reconocer: “Cuanto menor es el crecimiento de la natalidad, mayor es el nivel de bienestar de sus ciudadanos; cuanto mayor es el crecimiento de la natalidad, mayor es su nivel de miseria” y “En los países donde se mantiene durante mas años ese descenso, son los que tienen mayor bienestar”. Cualquier estudiante de economía puede realizar los gráficos correspondientes a cada país del mundo y podrá comprobar, que salvo pequeñas variaciones, se mantiene lo empírico de esta ley. Si la natalidad baja en el tercer mundo, desatara una reacción en cadena que progresivamente acabaría con el hambre, la guerra, la miseria y la enfermedad. Desaparecería el concepto de tercer mundo o primer mundo. Desaparecería el termino “inmigrante”. El racismo y el rechazo al inmigrante, daría paso a la hospitalidad, a la desaparición de las fronteras, sus alambradas y sus muros.

Pero, que no esperen los inmigrantes, que desde el mundo rico solucionen su problema, ya que este, por las reglas del mercado, necesita de la mano de obra barata del tercer mundo, y de sus gobiernos inestables, para que no puedan competir en un mercado reservado a los pocos que dictan las reglas del comercio mundial. Todos aquellos inmigrantes que vengan a la Europa o la América rica, que aprendan la lección, como en su día, la tuvimos que aprender los españoles pobres que veíamos lo bien que vivían las familias de lo países del norte de Europa con pocos hijos. Porque en aquella España, estábamos sometidos al nacional-catolicismo, que nos adoctrinaba con frases como: “los niños vienen al mundo con un pan bajo el brazo” o “los niños son una bendición de Dios; vengan todos los que Dios quiera”. Por lo que hay que concienciar al mundo subdesarrollado, que la única forma de salir de su miseria es: no pariendo bebes sin un futuro asegurado.

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