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¿Qué cambió el 11-S?

Pascual Falces
Pascual Falces
martes, 12 de septiembre de 2006, 23:55 h (CET)
Basta con retrotraerse al impacto que experimentaron los espectadores del telediario de mediodía en Europa aquel once de septiembre, del 2001. Comenzó como uno más de cualquier día, cuando, de pronto, algo muy evocador de los “efectos especiales” a que acostumbra Hollywood se apoderó, sobrecogiéndolo, del ánimo del televidente. No sucedía en un gigantesco “plató”, ni las víctimas eran actores con seguro de accidentes, como en “Titanic”. La televisión, inesperadamente, ofrecía “en vivo y en directo”, una aterradora tragedia.

Entre los primeros y más repetidos comentarios, fue el de que el mundo cambió a partir de ese instante, ya no volvería a ser igual. En efecto, cambió la fisonomía del perfil neoyorquino, al que, desde entonces, faltan dos gigantescos edificios. Cambió la tranquila “ansiedad” de viajar en avión, añadiendo otra preocupación refrescada por las extraordinarias medidas de seguridad. Como el 11-M, en Madrid, también cambió el descuidado modo de viajar en trenes de cercanías, madrugando para ir al trabajo o a la Universidad.

Pero, el mundo no cambió, y ha seguido con los zarandeos de siempre, y hasta se puede pensar, legítimamente, que la catástrofe de Manhattam, fue uno más de ellos. Afganistán e Irak, no son Vietnam, pero se le parecen. El terror nuclear estrenado en Japón, hace sesenta y un años, sí que fue un verdadero amago de cambio; nadie ha vuelto a experimentarlo. Y quiera la voluntad de Dios que siga así. En lo que afecta a la vida personal de cada uno, al temor de un conflicto atómico se ha sumado la acción terrorista, de la que los “anarquistas” de final del XIX, y comienzos del XX, fueron comedidos iniciadores. Pero eso no conlleva cambio alguno en el mundo. La peste, terror natural de la Edad Media y siglos posteriores, provocó pánico y drásticas medidas contra ella.

De la Guerra, el Hambre, la Peste y la Muerte, los cuatro tenebrosos jinetes apocalípticos, se habla desde el siglo I de nuestra era, y, durante veinte siglos han seguido cabalgando más o menos a las claras por el mundo. Sin embargo, éste, agrade más o menos, sigue por donde solía; es la historia de la Humanidad, sólo que más comunicado, y, donde “casi” todo se ve. Se mostró el once-S en toda su espeluznante espectacularidad, pero no se vieron los entresijos que lo provocaron. Suposiciones, comisiones de investigación, alguna detención que justifique la existencia de la Ley y la eficacia policial, y poco, o nada más. En eso, el mundo, ha cambiado menos aún. Las manipulaciones –el manejo de las circunstancias a favor de intereses particulares-, siguen a la orden del día, con lo cual, poco llega a ser aclarado.

Nueva York ha guardado unos minutos de silencio en recuerdo de las tres mil víctimas de los atentados recibidos en EE.UU. La solidaridad con ellas no se ha roto, aunque son menos, que en aquel entonces, los que hacen cuerpo con las medidas políticas que se adoptaron. Los tres rascacielos del arquitecto Norman Foster, que sustituirán a las Torres Gemelas, “cambiarán” el perfil de la ciudad, por lo demás, el mundo seguirá igual.

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