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Etiquetas:   Presos de la libertad   -   Sección:  

La triste victoria del terrorismo

Eduardo Cassano
Eduardo Cassano
@EduardoCassano
lunes, 11 de septiembre de 2006, 23:12 h (CET)
Ayer se cumplieron cinco años en los que el mundo ha cambiado mucho y no precisamente para mejor. Inmediatamente después del terrible atentado a las Torres Gemelas se supo que el terrorismo islámico estaba detrás, con Bin Laden a la cabeza, pero aún hoy sigue en busca y captura.

Antes de que los familiares pudieran enterrar el último cadáver, Bush ya había politizado el atentado, hasta el punto de aumentar su popularidad gracias a la desgracia de su pueblo, y a su promesa de dar caza a los culpables. Entonces, con la excusa de las armas de destrucción masiva –que nunca se encontraron-, Bush se puso la capa de gobernador del mundo e invadió Irak. Con ello, además, nos arrastró a los españoles de la mano de Aznar, a pesar de las protestas multitudinarias en la calle, y fruto de ello fueron los atentados de Madrid y Leganés un tiempo después.

Ha pasado un lustro desde que cayeran las torres y, como dice el refrán, torres más altas han caído… y seguirán cayendo próximamente. Del trío de las Azores, el primero en caer fue Aznar, el próximo año Blair ya ha anunciado que dimitirá y Bush, con menos de la mitad de los americanos a su favor, no renovará mandato porque no se puede presentar, pero en unos hipotéticos comicios esta vez sería impensable darlo como vencedor.

En todo este tiempo los únicos que han vencido, tristemente, son los terroristas. No sólo porque Bin Laden sigue en libertad, sino porque su red de terroristas Al Qaeda ha actuado cuando y como ha querido. Lo hizo el día siguiente de que Londres recibiera la noticia de que albergará los Juegos Olímpicos del 2012, después de castigar a Madrid, y ha vuelto a sembrar el pánico por tierra y aire porque, seamos realistas, cuando alguien está dispuesto a morir con tal de alcanzar su objetivo de matar, es muy difícil evitarlo.

Cuando el terror deja de tomar forma de bombas o pistolas para camuflarse en una botella de agua o el biberón de un bebe, algo va muy mal. ¿De qué ha servido la guerra de Irak? Pues única y exclusivamente para cabrear más a los terroristas, para echar sal sobre las heridas y, lejos de vivir más tranquilos, asustar a una población mundial que lo único que desea es que todas las personas se alisten bajo una misma bandera: la paz.

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