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Etiquetas:   Crítica de cine   -   Sección:   Cine

'Corrupción en Miami': el tiempo pasa para todos

Pelayo López
Pelayo López
jueves, 2 de noviembre de 2006, 06:51 h (CET)
Lo primero que tenemos que hacer con esta presunta adaptación cinematográfica es lanzar un aviso a navegantes. Vaya por delante que, como suele decirse en muchas ocasiones, cualquier parecido con la realidad, en este caso de la película con la serie en la que supuestamente se basa, es fruto de la casualidad. Vale que Michael Mann sea responsable de ambas en un sentido u otro, vale que el título y los nombres de la pareja protagonista sean los mismos, pero de ahí en adelante, pocas cosas tienen que ver. No está presente el teniente Castillo, e incluso Miami no es el escenario principal más que en el planteamiento y en el desenlace, dejando el nudo para otras localizaciones como Puerto Príncipe o La Habana. Como curiosidad, las tormentas eléctricas que aparecen en pantalla son los coletazos de huracanes como el Katrina, que hicieron posponer el rodaje. No hay tampoco chicas en bikinis ni flamencos, y mucho menos caimanes. Por no salir es que ni sale el barco de uno de los dos protagonistas. Lo cierto es que no es una versión de la longeva serie de los 80-90, sino más bien una actualización a día de hoy. Así que los seguidores de la serie que no la vean con esas expectativas. Y tanto para ellos como para el resto, si tomamos esa premisa como punto de partida ineludible, la película llega a funcionar bastante bien.

El nombre de Mann es un sello de calidad, pero una muy sui generis. Además, este veterano realizador se mueve como pez en el agua por este género de acción policial. De hecho, además de la propia Corrupción en Miami, tiene en su historial los guiones de otras series como Starsky y Hutch e incluso algunas joyas cinematográficas recientes como Heat y Collateral, con las que este último trabajo guarda ciertas semejanzas, sobre todo en la historia de la primera y en la propuesta estética de la segunda. Lástima que, salvo algunos momentos puntuales que luego comentaremos, no se ponga a su altura. Para dar vida a este par de policías con estilo propio y sustituir a Don Johnson y Philip Michael Thomas, el director ha escogido con total desacierto a Sonny Crockett-Colin Farrell –su actuación y su aspecto con bigote y melena arisca rayan a tan poca altura como su Alejandro Magno- y algo mejor a Ricardo Tubos-Jamie Foxx, quien se puede permitir un papel así después de su Oscar y su desembarco en el mundo de la música. Casi podríamos decir que mientras Jamie se mete en su papel de policía, Colin sólo se mete en la cama de la actriz protagonista, con quien por cierto no desprende química alguna. Los toques exóticos los ponen en el reparto la siempre bella y talentosa Gong Li, en lo que es su primer papel en Hollywood y a pesar de sus dificultades con el idioma, y nuestro Luis Tosar, que se suma, de este modo, a la lista de españoles mafiosos o traficantes liderada por Javier Bardem en la propia Collateral –bastante tuvo que ver con la elección de Tosar- y Jordi Mollá en Blow y Dos policías rebeldes 2. Curiosa y precisamente, si nos atreviésemos a aventurar una posible secuela, todo dependería del papel interpretado por el gallego, aunque no desvelaremos nada del final, un final por cierto bastante predecible y endulzado. Además, el nombre de su personaje bien parece sacado del santoral del presidente bético, Arcángel de Jesús Montoya. Ahí es nada.

La anterior película de Mann fue la ya mencionada Collateral, una cinta magistral. El problema de hacer algo tan bueno es que luego se corre el peligro de caer en el error de intentar repetirlo, y eso es lo que pasa con esta historia, que no llega. Tanto en una como otra, en algo loable para no restar protagonismo a la trama, repite la ausencia de títulos de crédito iniciales. También la fotografía de alta definición es similar, puesto que ha repetido colaboración en este campo, e incluso la acción de esta película es más nocturna que en la serie siguiendo el mismo esquema, en una especie de 24 descafeinado y desacelerado y es que hay demasiado reflejo del proceso de infiltración y sobran numerosas escenas intermedias que parecen añadidas con calzador para redundar las más de dos horas de metraje. La acción pura y dura escasea, puesto que apenas hay tiros hasta la última media hora, aunque, eso sí, merecen especial atención dos escenas: una de las primeras, en las que un colaborador de nuestra pareja es arrollado por un camión, y otra en la que dos agentes federales son acribillados por un banda pro-nazi dentro de su coche. Sencillamente espectacular. Otro de los aspectos importantes es el juego que se da a sus relaciones personales. Al principio de la historia se produce un giro argumental, ya que la operación en la que ellos están inmersos deja paso a otra inter-agencias que ha salido mal pero en la que por motivos personales deciden entrar. Y luego, también por esos mismos motivos, Sonny decide no salir y Ricardo involucrarse aún más. La música de la serie ha dejado paso a un pedazo de banda sonora que es de lo mejor de la película. Desde temas flamencos de Manzanita o electrónicos de Moby, a versiones de canciones de Nina Simona o Genesis, como la que cierra la historia In the air tonight. Se echa en falta otro factor somero de la serie, más presente eso sí en otros títulos similares como la saga de Arma letal o Dos policías rebeldes: el sentido del humor. Y es que ni su arrogancia intrínseca funciona, porque, incluso para los héroes de la pequeña pantalla, aunque ahora sea en su hermana mayor, el tiempo pasa para todos.

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