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Rusia quiere ser el centro del mundo nuclear

Tatiana Sinitsyna
Redacción
lunes, 11 de septiembre de 2006, 21:54 h (CET)
Cualquier idea audaz suele tener una trayectoria difícil y su puesta en práctica, como regla, recuerda un drama de tres actos. Primero, es percibida como un sueño, luego provoca miradas más atentas y reflexiones hasta que finalmente todo el mundo se pone de acuerdo: es justamente lo que necesitábamos.

Hace seis años ya que el presidente ruso Vladímir Putin, durante su intervención en la Cumbre del Milenio en Nueva York, definió los objetivos clave del mundo contemporáneo: asegurar la no proliferación de las armas de exterminio en masa; preservar los recursos orgánicos al margen del uso energético; frenar el efecto invernadero; y optimizar el crecimiento del consumo global de energía. El mandatario ruso hizo hincapié en que la respuesta a esos retos depende directamente de grandes obras energéticas desarrolladas a partir de las nuevas tecnologías nucleares e implica la necesidad de aunar el esfuerzo de todos los países implicados. Putin sugirió a la comunidad de naciones una fórmula totalmente novedosa pero a la vez realista para garantizar la seguridad en nuestro planeta: ‘...Deberíamos poner un dique seguro ante la proliferación del armamento nuclear y podremos conseguirlo, entre otras cosas, excluyendo el uso del uranio enriquecido y del plutonio puro en la industria energética civil... Necesitamos desarrollar e implementar el respectivo proyecto internacional bajo los auspicios de la AIEA’.

La propuesta se encontró algunos escépticos, turbados por la existencia de un problema extremadamente difícil: ¿cómo es posible compaginar dos conceptos tan encontrados como la no proliferación nuclear y el derecho soberano de cada nación, reconocido por la ONU y la AIEA, al desarrollo de la energía atómica con fines civiles. Putin ve la solución en una red de centros internacionales que se dedicarían a prestar los servicios del ciclo nuclear, incluido el enriquecimiento del combustible.

El dirigente ruso ya lleva seis años defendiendo su iniciativa y aprovechando cualquier ocasión para explicarla y promoverla. Durante un foro de la Comunidad Económica Eurasiática, en enero pasado, Vladímir Putin precisó que se trata del prototipo de una estructura global capaz de asegurarles a todas las partes interesadas un acceso indiscriminado a la energía nuclear,

‘Su propuesta podría resolver una de las contradicciones existentes en el
Tratado de la No Proliferación – opina el colaborador del Instituto ruso de economía mundial y relaciones internacionales, Alexander Pikaev. Me refiero al conflicto entre el artículo 4 de este documento, el cual reserva a los países no nucleares el derecho a desarrollar la industria atómica con fines civiles, y las demás cláusulas del Tratado que les prohíben tener armas nucleares. Lo que pasa es que las tecnologías nucleares de uso bélico y civil están entrelazadas y existen ya algunos precedentes - Corea del Norte, por ejemplo - de un país que se dedica a crear legalmente, en el marco del TNP, las tecnologías nucleares para el sector energético civil y más tarde abandona el Tratado’.

La iniciativa de Putin hace imposible esa variante. Los países no nucleares mantendrán la oportunidad de desarrollar la energía atómica con fines civiles pero las tecnologías más peligrosas y de eventual uso bélico - especialmente, el enriquecimiento de uranio o la producción del plutonio a partir del combustible nuclear enriquecido – serán la exclusiva de los centros internacionales y estarán bajo control internacional. De este modo, la propuesta de líder ruso permitiría desarrollar ampliamente la industria de energía nuclear y acatar al mismo tiempo el régimen de la no proliferación.

Rusia se muestra dispuesta a instalar en su territorio un centro internacional que prestaría los servicios del ciclo nuclear a partir de un sistema de licencias. Obviamente, va a ser ventajoso para el país. También es verdad que esa idea parece atractiva a EE.UU. y a otros miembros del ‘club nuclear’. ¿Cómo se perfila ese centro? Sería un mecanismo multilateral y bien estructurado, capaz de producir el combustible nuclear para reactores de las centrales atómicas y procesar los materiales ya utilizados. Sobre unas condiciones comerciales pero razonables, los centros de este tipo tendrían que fabricar y reciclar el combustible nuclear para aquellos Estados que hayan renunciado al desarrollo del complejo nuclear en territorio nacional.

Por supuesto, se requieren tecnologías innovadoras y reactores de nueva generación para crear un centro de esas características, pero Putin confía en que será posible solucionar esas cuestiones importantes mediante la amplia cooperación internacional.

Los oponentes de este concepto sostienen que algunas naciones se irán transformando en basureros nucleares para todo el planeta, entendiendo por basura el combustible nuclear que es producto de altas tecnologías. ‘En realidad, es una idea razonable y pragmática – piensa el académico ruso Eugeni Velikhov, director del Centro de estudios nucleares Kurchatov -. Aquellos países que se propongan resolver sus problemas energéticos con la ayuda del átomo, no tienen por qué crear obligatoriamente una industria nuclear propia, por ser una tarea bastante costosa y que implica peligros medioambientales. Podrían aprovechar la experiencia y los servicios de otras naciones bien familiarizadas con el ciclo nuclear y quedarse con el producto final en forma de electricidad nuclear’. Conste que esa fórmula permite eliminar de entrada la componente bélica de la energía nuclear y, a un mismo tiempo, conseguir que sus aplicaciones civiles sean ampliamente asequibles. Y a la humanidad dejarían de atormentarla la idea de programas secretos desarrollados en países marginales y la pesadilla de tecnologías sensibles cayendo en manos de los terroristas.

La futura ubicación de los centros internacionales de servicios nucleares, así como de los depósitos del combustible nuclear, es algo que se va a plantear en la agenda muy pronto. ‘Rusia es una variante apropiada para el caso, no sólo por tener fuerte infraestructura nuclear del ciclo completo sino también porque todos los materiales nucleares aquí son patrimonio federal, o sea, el Estado garantiza tanto el suministro del combustible nuclear a los países socios como su devolución para reciclaje – señala el académico Alexander Rumiantsev, en el pasado, jefe de la agencia nuclear rusa Rosatom -. Cuando discutimos en su día ese asunto con los colegas de EE.UU. y Francia, nos dijeron que serían incapaces de ofrecer garantías similares porque las actividades nucleares allí se concentran en las empresas privadas, y el Estado no interfiere’.

El alto nivel de la ciencia rusa, la cual ha desarrollado tecnologías singulares en materia de la energía nuclear, ofrece excelentes perspectivas de colaboración no sólo con vistas al futuro sino también en el presente. Rusia tiene la reputación de socio fiable, como demuestra la estable y prolongada cooperación entre España y Techsnabexport, empresa de alta tecnología rusa que es considerada la mayor proveedora mundial de productos y servicios del ciclo nuclear. El director general de Techsnabexport califica a España como ‘uno de los socios más importantes’. Las exportaciones de Techsnabexport permiten a las centrales nucleares de España cubrir en un 20% la demanda de uranio enriquecido. La contraparte de Techsnabexport en España es Enusa (Enusa Industrias Avanzadas, S.A.), empresa pública establecida en 1972 y participada al 60% por la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) y al 40% por el Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT).

Ya en 1975, Techsnabexport suscribió con Enusa un contrato válido hasta 2020 para los servicios de enriquecimiento de uranio. Como sucesora legal de la URSS, Rusia ha cumplido la totalidad de sus obligaciones contractuales ante España a pesar del desmembramiento de la Unión Soviética y las radicales reformas políticas y económicas que siguieron a ello. En 2002, después de cerrada la última mina de uranio cerca de Salamanca, Techsnabexport y Enusa firmaron un nuevo acuerdo a largo plazo, en sustitución del antiguo contrato de 1975, para el suministro del uranio enriquecido y los servicios de enriquecimiento. Esta nueva versión del documento permite a Rusia asegurarse hasta 2025 los pedidos por un importe anual de 45 millones de dólares, y a España, garantizar la cobertura de su demanda interna de uranio enriquecido.

En marzo de 2006, una delegación de Iberdrola visitó la planta de construcción de maquinaria Elektrostal MSZ que está situada en las afueras de Moscú y la cual produce un amplio repertorio de equipos para centrales nucleares, en particular, algunos componentes térmicos para zonas activas de los reactores. La corporación rusa TVEL, en la que está integrada esa planta, confía en que pronto podrá incluir las centrales nucleares de España en la lista de sus clientes.

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Tatiana Sinitsyna, para RIA Novosti.


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