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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

¿Por qué no?

Domingo Martínez Madrid (Gerona)
Redacción
lunes, 11 de septiembre de 2006, 21:54 h (CET)
Si tres de cada cuatro españoles apoyan los OMG (Organismos Modificados Genéticamente) o transgénicos ¿por qué se han de poder producir en España? Y es que el 52% de los europeos confía en la proyección de futuro de la biotecnología, según datos del Eurobarómetro. España es el país europeo que muestra un mayor apoyo a los alimentos transgénicos, ya que se muestra a favor un 74% de los ciudadanos, según la encuesta “Europeos y Biotecnología en 2005: modelos y tendencias” del Eurobarómetro. El resultado español es el mismo que el obtenido en 2002, y asimismo es cuatro puntos superior al que se registró en 1999, pero no alcanza el 80% de apoyo que se obtuvo en 1996. El dato de España de 2005 es nueve puntos superior al del segundo estado miembro más partidario, Portugal, que registra un 65%. Irlanda, Italia, Malta, República Checa y Lituania también registran un mayor número de partidarios que de retractores.

Según los resultados de otro apartado del Eurobarómetro, los europeos están bastante familiarizados con los alimentos transgénicos, un 80%, muy por encima de los datos sobre el conocimiento de otras nuevas tecnologías como la terapia génica, que es conocida por un 45% de los ciudadanos comunitarios, la nanotecnología (44%) y la farmacogenética (27%).

Los potenciales consumidores de alimentos que contengan elementos OGM alegan un mayor número de razones para efectuar esta compra que los que se definen con no compradores. La tercera parte de los europeos estarían dispuestos “probablemente” a adquirir alimentos transgénicos si fueran más saludables que los convencionales, si contuvieran una cantidad inferior de pesticidas o si contribuyeran a cuidar el medio ambiente. En esta encuesta del Eurobarómetro, los europeos se muestran más informados sobre la biotecnología y confían más en estas nuevas tecnologías en general. Además, el público comunitario no muestra aversión hacia las innovaciones tecnológicas que les puedan ofrecer beneficios tangibles.

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Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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