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Eficientes... o sólo eficaces

En ambos casos es más fácil proclamarse, que demostrarlo
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 8 de noviembre de 2019, 08:39 h (CET)

¿A quién interesan estos matices? Sobre todo en los ámbitos acelerados en que nos movemos, inflados por la petulancia y ahuecados por los adentros; desinteresados por las razones consistentes. Predomina en el escenario el carácter evanescente de las decisiones adoptadas, cargadas de impulsos y opiniones; pero enemigas radicales de las mejores cualidades del intelecto. La frivolidad renuncia a las cotas elevadas del entendimiento, asume los riesgos y desperfectos bien notorios en la sociedad actual.

Aunque la similitud de los términos sacados hoy a la palestra es evidente; su aplicación expresa tendencias algo diferentes para la calibración de las actuaciones. La EFICACIA es más escueta y de apariencia objetiva; susceptible de ser plasmada como un dato concreto. Según la RAE, la fuerza y poder para obrar. El logro de un objetivo concreto, es eficaz; ganar un campeonato, construir un puente. Vista así, y si nos conformamos con eso, supera a la mediocridad incapacitante, al menos consigue ciertas metas establecidas. No es poca cosa esa capacidad activa. Los inconvenientes se agrandan en la medida de quedar centrados en la mera actividad, sin atender a los numerosos detalles relacionados con la obra.

Cuando nos detenemos en la manera de efectuarse los proyectos, es preciso tomar en consideración los matices de las actuaciones. La RAE incide en el mayor acercamientoa a las cualidades óptimas en esos menesteres. Para hablar de EFICIENCIA se menciona el buen uso de los recursos disponibles; dicho así, en líneas generales. Referido a la mano de obra, materiales o menor costo; valorando las cualidades aportadas por los intervinientes y la calidad de los logros, desde las perspectivas de quienes analicen el proceso, convisiones heterogéneas y por consiguiente con conclusiones variadas. Los sujetos eficientes aportan mejoras sustanciales de una complejidad manifiesta.

Adolecemos de imperfecciones evidentes en cuantas actuaciones emprendemos; dichas deficiencias se ven amplificadas por las diferentes maneras de pensar. Aún suponiendo la eficacia de unos lances, en muchas ocasiones no fueron eficientes por las deficiencias acompañantes. Ganar unas elecciones, erigir un monumento; puede haberse conseguido a base de incontables abusos y malversaciones. El eslabón de la eficacia no alcanza la cuota de las cualidades anheladas. Otra cosa será el grado de aceptación por parte del grupo social afectado y ocurre lo mismo en las acciones individuales. Es la distancia entre las ASPIRACIONES y la coherencia de los intervinientes.

Aunque es preciso no perder de vista un mínimo de humildad, porque considerarnos practicantes ufanos de las mejores cualidades repercute con peligrosas desviaciones. Un buen talante profesional, organizaciones benéficas, el buenismo en general; caen en conductas improcedentes, hasta peligrosas, si dejan de lado los pormenores concretos imprescindibles para cumplir los objetivos planteados. Los recursos no surgen por arte de magia desde la nada y los obstáculos tienen sus exigencias. Los aspectos cualitativos son necesarios, pero la APLICACIÓN práctica requiere un enlace con la disponibilidad. Por lo tanto, la eficiencia soñada puede no ser eficaz por una cierta evasión al ignorar las circunstancias reales.

Entre aspiraciones y aplicaciones, la solución no está en el punto medio; tratamos con elementos heterogéneos. La comparación no se reduce a unas cifras, discurre por multitud de características sin parangón. El número de votos, el costo de una obra, las declaraciones públicas; no permiten el contraste matemático con los sufrimientos provocados, las frustraciones o las bondades reportadas a los individuos concretos y su conjunto. Hablamos de un asunto de DISCERNIMIENTO, con rasgos personales intransferibles y decisiones colectivas posteriores. Las suplantaciones son habituales y por ello es imperativa la recuperación de los ciudadanos críticos y muy despiertos.

Como iniciaba el comentario, las matizaciones acaban en la papelera. Se fraguan actitudes fijas, ramplonas, en torno a la medianía, apegadas a rutinas de escaso fuste. El clamor social de la frustración no consigue la superación de esa molicie. Se impone la comodidad enemiga de los esfuerzos creativos. Ante los desmanes sociales (Corrupción, violencias, dejadez, provocaciones), surgen peticiones de una mejor formación de las personas. Pero el ámbito EDUCATIVO evoluciona poco en cuanto a la eficacia, con titulaciones desvirtuadas o falseadas de raíz; pero en todo caso, muy alejadas de la eficiencia. Apreciamos la escasa coherencia del clamor social, desligado de las respuestas congruentes.

Qué pensar, cuando son los propios sujetos quienen permanecen anclados en la ALGARABÍA irrespetuosa con las restantes actitudes de sus coetáneos. La primera impresión es que desdeñan los razonamientos con fundamento, las investigaciones o los proyectos para la concordia. Aniquilan cualquier sentido cuando imperan las actuaciones caprichosas sin el menor asomo reflexivo. El pesimismo arraiga en este mar de fondo descabalado. Las semillas correctoras tienen difícil su asiento, ni son solicitadas, ni se reconocen, ni se piensa en ellas. Las televisiones, las algaradas políticas, las manifestaciones, ponen de relieve hasta la saciedad ese aplanamiento revoltoso, crispante y verdadero anestésico del progreso.

Los instrumentos técnicos a disposición de los grupos sociales han evolucionado sin pausa. La imprenta, las técnicas de trabajo, las comunicaciones, la ciencia, proporcionan un avance acelerado con una ampliación sensible de las posibilidades. Cada instrumento conseguido queda a merced del talante de sus manipuladores, de su actitud, de sus intenciones; así las cosas, los resultados podrán ser espléndidos o devastadores. Nadie duda de la magnitud posibilista de las redes sociales informáticas. En ellas se percibe con nitidez la citada ambivalencia. Son notables los progresos de cara al comercio o los intercambios de ideas; pero también arrastran la DICTADURA ejercida a través de sus imposiciones de criterios poco contrastados.

Desde el Presidente del Gobierno al último ciudadano, con sus diversos grados de responsabilidad, chapoteamos en un ENCHARCAMIENTO informativo de mucho calado. Es estrecho el filo separador entre los causantes o sufridores del evento. Un mismo sujeto puede ser causante y víctima. Habrá una cierta distinción entre emisores preferentes como lanzadores de insidias, difusores con todo tipo de servidumbres y receptores complacientes. Por lo tanto, contamos con las intenciones subrepticias, los poderes variados y las ignorancias acumuladas. Los proyectos eficientes propenden a salir viciados de las mencionadas charcas. Por eso, es crucial que prestemos mayor atención a su saneamiento conceptual.

No se puede ser neutral. En dichas tesituras, las palabras suen perder su sentido (Progreso, revolución, ilustración, tolerancia, educación, civismo); de manera especial cuando se inclinan al sevicio de la homogeneización, o peor, si el colectivismo a ultranza prescinde de las personas como ente particulares.

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