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Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

Una nueva condecoración en la guerrera norteamericana

Piotr Nikolski
Redacción
domingo, 10 de septiembre de 2006, 19:41 h (CET)
El Congreso de EEUU se manifestó en pleno porque fuera instituida una nueva condecoración “Por la victoria en la guerra fría”. Hablando en plata, al oír por primera vez esta novedad, decidí que era una broma: tan absurda parecía esta idea. Pero más tarde, tras convencerme de que la noticia era verídica, no podía llegar a comprender a quién se le habría ocurrido tal cosa: prender una medalla más en la guerrera norteamericana por una guerra casi olvidada y, además, no “caliente” sino “fría”. Pasado tanto tiempo ¿por qué precisamente ahora y no en el momento en que se desintegró la URSS? Siguiendo el ejemplo norteamericano, los italianos podrían con todo derecho instituir una condecoración, digamos, por la victoria en la guerra con los galos, y sería más lógico que en el caso de Norteamérica.

Pues bien, veremos ahora ¿por qué en ese momento? Las versiones pueden ser múltiples. Una de ellas, por ejemplo, es la siguiente: recordarle de paso a Moscú –que en opinión de Estados Unidos se ha vuelto demasiado independentista- quién ha ganado o ha salido perdiendo en el enfrentamiento con EEUU.

La segunda versión consiste en tratar de elevar la moral de los norteamericanos. Estos últimos años, tras haber ganado en el plano militar, EE UU perdió bochornosamente en el moral y político la primera guerra con Irak, permitiendo, por parte del régimen de Hussein, la masacre de sus adversarios políticos  quienes ingenuamente confiaban en serio en la ayuda norteamericana. A esta le sucedió la segunda guerra con Irak, más vergonzosa aún, cuando incluso tras haber invadido el país (y, además, con un falso pretexto), los norteamericanos resultaron incapaces de controlarlo.

Tercera versión. Teniendo en cuenta la psicología humana, esta sería la más probable. Es que los senadores norteamericanos habrán querido lucirse ante sus mujeres, secretarias y amantes con la medalla en la solapa.

Independientemente de cual de las versiones sea la más probable, la decisión del Congreso podría tener una interpretación múltiple. Se podría tomarla en serio o como una broma desacertada.

Las dos primeras versiones no suscitan sonrisa. Si EEUU cree en serio en la posibilidad de presionar, aunque sea indirectamente, a la Rusia de hoy, esto sería, hablando en plata, un error político. He dicho anteriormente que EEUU ha perdido el tren, pues hoy Rusia ya es otra.

Indistintamente de la verborrea que ahora utilice Washington, el Kremlin seguirá defendiendo sus intereses y su enfoque tanto de los problemas internacionales como internos.

Si EEUU quiere elevar la moral del pueblo norteamericano, eso es su problema, pero dudo que lo consiga.

Por último veamos la cuestión principal que ya hace mucho que exige ser aclarada. Se debe comprender por fin: no fue EEUU que ganó la guerra fría, sino la Unión Soviética quien la perdió. Y esto es muy distinto.

El gen de la descomposición y la ineficiencia se hallaba en el seno del sistema comunista y por esto, de hecho, la desintegración comenzó desde el principio mismo. A propósito, la URSS no fue más que una forma sui generis de la democracia popular. Todavía Lenin desmeduló por completo el sistema soviético supeditando todos los órganos de poder al partido bolchevique. Definitivamente los Soviets desaparecieron tras haber sido reprimida la insurrección de Kronstadt en 1921.  Así que, de ser justos, quien, en primer lugar, se merece realmente, aunque a título póstumo, la nueva medalla norteamericana, es Lenin. No menos lo merece también Jruschov quien desenmascaró el culto a la personalidad de Stalin, es decir, privó al país del apoyo ideológico. Por último, lo merece indudablemente Gorbachov. Pero éste no se guiaba por las radiovoces occidentales, esos paladines de la guerra fría. Gorbachov soñaba con el socialismo con faz humana y por esto no le interesaba la democracia occidental, sino el eurocomunismo. Simplemente, tras haber impulsado el país, no pudo dominarlo. Rusia siguió su senda independentista.

Por supuesto, hay héroes de la guerra fría también en EEUU, entre ellos, Zbigniew Brzezinsky quien, en cierta ocasión, contaba a la prensa francesa como involucraba a la URSS en la aventura de Afganistán, suicida para los ancianos del Kremlin. Pero el desenlace fue lamentable no sólo para la Unión Soviética, sino también para EEUU. Precisamente Osama Bin Laden, educado por la CIA, especialmente adiestrado para la lucha contra los rusos en Afganistán, carga con la responsabilidad por la tragedia del 11 de septiembre en Nueva York. Así que surge una inmensa interrogante si vale la pena condecorar a Brzezinsky o castigarlo.

Pero la aprobación por el Congreso de EEUU de esta decisión es un asunto consumado, la medalla hallará sin duda a sus héroes.

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Piotr Nikolski, para RIA Novosti.



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