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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Filtros para la convivencia

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
domingo, 10 de septiembre de 2006, 19:41 h (CET)
La espiral del conocimiento no para de agrandarse, ¡por eso sabemos tanto! A la vista está que esto nos llena de orgullo... y poco más.

Hemos recorrido todos los caminos. Y nos gusta regodearnos con la idea latente de que hoy en día ya no existen los secretos. Todo se sabe, todo se conoce. Con el buscador adecuado obtendremos cuantas informaciones hayamos deseado. Ese es el panorama expuesto, de la boca hacia fuera, como pura expresión. Es lo que se vende como auténtico. Adelantos a ritmo frenético, a los que se puede pedir poco más, no seamos exigentes en exceso. Las más GRANDES MARAVILLAS son accesibles.

Si nos detenemos y fijamos la atención, ya es otro el panorama, chato y ramplón por demás. Fruncimos el ceño ante un paraíso con extensas zonas encharcadas, sucias y malolientes. En aquel mundo tan feliz barruntamos algún agujero negro. Negro de color y negro de visión futurista. Es amenazante la inseguridad, en pequeños barrios, en grandes ciudades o paises, y entre unas pocas personas. La ZAFIEDAD campa sin cortapisas y sin ninguna vergüenza, aún alardea de su mal gusto. Los individuos ejercemos una suerte de ensimismamiento, cada uno a lo suyo, sin el menor atisbo de consideración mutua. Cualquier excusa incrementa estos despropósitos.

En las relaciones interpersonales es muy difícil obtener una verdad. El grado de sinceridad, angustias, deseos y fobias, nos hacen muy frágiles. Los cambios modifican los comportamientos y las motivaciones profundas se equivocan con demasiada frecuencia. Si ya es difícil conocerse uno mismo, ¿Qué conoceremos cuando interviene más gente? Tiramos de instintos y de la rutina para establecer el nivel de nuestras actuaciones. A poco que seamos inquisitivos detectamos INSUFICIENCIAS lamentables, esa es una incapacidad patente para conocer la esencia de lo que vivimos.

Por lo tanto, más presuntuosos que acertados, afrontamos a diario una serie inacabable de penurias (naturaleza, agresividad, enfermedad,...); y todo ello con el mencionado desconocimiento. Eso nos lleva a la CRISPACIÓN, actitudes enervadas, o recuperación de actuaciones bastante bárbaras. El entramado se va pareciendo a un escenario donde se representa sin tapujos la ley del más fuerte.

Una realidad es evidente, pretendíamos tener el secreto de la vida, mientras este nos estalla en las manos, ¡no radica en esos adelantos que adorábamos!. Entonces, ¿Cuál será el secreto? ¿Dónde radica? Nadie lo sabe a ciencia cierta, o son muchos los secretos que funcionan a la vez. Ante la sorpresa, esta cultura es un engaño y deviene en crispaciones, frustraciones o desesperación.

De aquel presuntuoso dominio de la situación -Aún funciona mucha gente con esa altanería-, pasamos a sufrir una polución grave que enturbia el entorno social. De tal manera están emponzoñadas esas relaciones, es tanta la neblina, que no se avizora el posible amanecer.

Se impone aflojar esa tensión e introducir un juego intencionado, una visión deportiva de la vida -Ortega y Gasset-, para debatir primero las distintas percepciones e imaginar despues las soluciones más en consonancia con lo que seamos o con lo que pretendamos alcanzar.

Hemos de echar mano de una renovada imaginación, de la fantasía necesaria, para recrear un FILTRO BENEFACTOR, para eliminar la mayor cantidad posible de todas aquellas suciedades e intemperancias a las que ya no podemos hacer frente. En definitiva un suavizante de penurias y tensiones; un favorecedor de relaciones más cordiales. Los perfiles excesivamente científicos, políticos o de formatos férreos, pueden enmascarar las soluciones, imponer soluciones o manipular; y eso también conviene diluirlo. Son excesos indeseables.

Cada quien pensará en posibles filtros, se citan ejemplos de lo más ilustres. En la antigua Grecia, Sócrates proponía la aplicación de un triple filtro ante las informaciones que le llegaban; la verdad, la bondad y la utilidad de lo que se diga. Hoy le pondrían múltiples trabas a sus ideas. ¿Qué verdad?. Bondad, si pero ¿Para quién? ¿Utilidad? ¿A qué llamaremos útil o inútil? ¿Sólo lo material y crematístico?.

Ese filtro, por otra parte, está inventado; tiene un soporte con tres apoyos muy conocidos, necesarios, pero desdeñados por la modernidad. Ahí debieran considerarse la CORTESÍA relacional, la GALANTERÍA y el RESPETO. En sí, no resuelven las cuestiones perentorias, pero aplican sus propiedades atenuantes; de esa manera, ya menos revolucionados, podremos calibrar mejor el tono de unas relaciones, sin llegar a los extremismos tan actuales.

No se trata de ser bobalicón, tampoco de engañifas edulcoradas. Este desarrollo en forma de juego social nos permite ese acercamiento al arte suficiente para poder convivir con el otro. Con las múltiples facetas del otro, razas, género, pobres, o simplemente raros y extraños. Naturalmente, si consideramos conveniente eso de establecer contactos simultáneos entre todos.

Insisto en la conveniencia de evitar una posible CONFUSIÓN. Los mencionados filtros benefactores buscan una amigable colaboración para conseguir gotas de felicidad, de la cual no andamos sobrados. Frente a ellos, a la vez y enmascarados, operan otros filtros perversos de ocultamiento y dominios pérfidos; estos no son amistosos. Quizá no le demos valor suficiente, pero resulta crucial su distinción

En pocas palabras, no ahondar en eso de ser drásticos y excluyentes, cuando nos dirigimos a los demás, nos deja inermes ante la pura agresividad. Conviene que usemos los artilugios necesarios para no llegar a eso de tirar a degüello, tan a la vista como nos ofrecen a diario los noticieros. Una sustitución de la violencia y la crispación por otras maneras. Usar las convenciones que sean menester para calmar la agresividad ambiental. Se impone la imperiosa necesidad de nuevos filtros.

¿Acaso pensamos que no sean necesarios los filtros?

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