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Etiquetas:   La parte por el todo   -   Sección:   Opinión

Dos veces bueno

Óscar Arce Ruiz
Óscar Arce
sábado, 9 de septiembre de 2006, 19:29 h (CET)
Desde el pasado viernes uno de septiembre, los centros educativos han abierto sus puertas de nuevo, aunque por sus pasillos aún no resuenen las voces de los alumnos. Los profesores, habitantes exclusivos de las aulas durante estos días, se dedican casi únicamente a ‘preparar’.

Existen tres clases de profesores en la enseñanza pública: el grupo de funcionarios, el grupo de interinos y el de sustitutos. Por ‘interino’ tomaré a aquellas personas que asumen una plaza anual en un único centro, nombrando como ‘sustituto’ a quien trabaja cubriendo una baja en el profesorado de un centro por un número determinado de jornadas.

Bien, para cada uno de estos tres grupos la palabra ‘preparar’ tiene un significado distinto. No solamente el propio vocablo significa cosas diferentes, sino que también el objeto al que se refiere es esencialmente distinto para cada colectivo.

Los funcionarios, organizan material a largo plazo, proyectos de escuela, reglamentos de régimen interno. Su preparación se basa en la experiencia del curso anterior y en la previsión de problemas para el actual. Se convierten por unos días en una mezcla de anfitriones/maestros de los nuevos maestros. Aquí la biblioteca, aquí el patio, se sube por aquí, se baja por allá. A muchos de ellos les encanta dar órdenes y directrices a adultos, aunque sea solamente por unos días.

Los interinos anuales, elaboran recursos mucho más perecederos. Lo que preparan los funcionarios puede permanecer inalienable durante años. En cambio, las programaciones que ordenan los temas y los módulos de cada materia que han de impartir los interinos, no viven más de un año. En ocasiones, los maestros pueden ser reclamados desde el equipo directivo y puede que sus diseños curriculares vivan un par o tres de cursos.

El tercer grupo, el de sustitutos, los últimos de la lista, básicamente centran su esfuerzo en ‘salir del paso’. Algunas sustituciones no superan los tres días, por lo que los otros dos grupos de maestros deben ser breves en mostrar al los cuatro puntos elementales de los hábitos sociales del centro. Ciertamente, el tiempo no es algo que sobre en los centros educativos.

Éstos últimos, los sustitutos, cargados de fe en la pedagogía, rebosantes de ideales educativos, desde su posición privilegiada de estar (y saberse) más fuera que dentro del centro en el que trabajan, gustan de criticar y tomar como modelos a no-imitar las programaciones férreas que a veces utilizan los maestros más experimentados.

Pero todo sustituto tiene la opción en un momento u otro -y son pocos los que la rechazan- de adquirir una vacante anual, por lo que comienzan y acaban un mismo curso en el mismo centro. Y algunos llegan a ser funcionarios casi saltando por encima del segundo grupo. Ellos se dan cuenta con el tiempo de que se han convertido en aquello que tanto les sorprendía cuando comenzaban en la enseñanza pública como sustitutos: son ellos los que ahora organizan y prevén a largo plazo, quizás a un plazo demasiado largo.

Tener cada actuación planeada facilita en gran medida la obra del docente, pudiendo incluso llegar a establecerse como hábito sólido lo que quizás debería ser concebido como procedimiento en continua revisión. Se evitaría la situación que tantas ocasiones se encuentra en las escuelas: lo malo, si prolongado, dos veces malo.

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