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Etiquetas:   Internacional   Paraguay   -   Sección:   Opinión

Debacle gay en el Ministerio de Cultura

Sostener a la ministra de Cultura Mabel Causarano puede costarle un alto precio en gobernabilidad a Horacio Cartes
Luis Agüero Wagner
@Dreyfusard
domingo, 13 de octubre de 2013, 15:11 h (CET)
El escritor francés Emile Zolá describió en su obra “El desastre”, (débacle en francés), episodios del desmoronamiento del segundo imperio francés que siguió a la batalla de Sedán. Una obra parecida parece buscar protagonizar en Paraguay un grupo actores políticos de primera línea, que se empeña en sostener a figuras cuestionadas por el mismo partido de gobierno, amenazando su propia gobernabilidad.

El desmoronamiento a mediados del 2012 del gobierno de Fernando Lugo, quien pretendió gobernar con la farándula y las ONG en lugar de hacerlo con la clase política, parecía ser una lección aprendida para quienes emergieron de los escombros de aquel derrumbe. Pero cuando hablamos de un cementerio donde mueren todas las teorías, la lógica no es un factor incluido a la hora de hacer predicciones.

Los mismos protagonistas y beneficiarios de aquellos sucesos del 2012 hoy pretenden ignorar las reglas de juego que en su momento demostraron conocer muy bien. Es lo que ha sucedido en las últimas semanas con el actual gobierno de Paraguay, que ha decidido enfrascarse en una ridícula refriega con los cuadros lo llevaron al poder, desafiando a la dirigencia del gobernante Partido Colorado.

Parte importante del conflicto comprado por Cartes constituye la cuestionada presencia de Mabel Causarano, representante de un infatuado grupo que ha establecido un monopolio sobre los fondos culturales del Paraguay, en la Secretaría Nacional de Cultura.

La mencionada secretaria salida del closet, no solo ha desatado las fobias de los conservadores que detestan sus preferencias, también ha iniciado una catarata de despidos gestando una legión de desocupados, que pasaron a engrosar las ya hipertrofiadas estadísticas de la pobreza.

En ese afán no solo desmanteló la Dirección de Participación Comunitaria sino que también eliminó el SICPY, Sistema Nacional de Información Cultural. En el proceso se permitió entre otras cosas, despedir a connotados referentes de la cultura popular paraguaya como Moncho Azuaga y ejercer perversas revanchas gay.

Una de las víctimas de esta trama que parece construida a imagen y semejanza del cuestionado estereotipo de la lesbiana perversa, relató que a pesar de años de relación con Causarano, ésta la sacó a empellones de su propia oficina y la confinó a cumplir funciones intrascendentes en un museo. Antes habían cambiado la cerradura de su puerta y habían amontonado muebles contra ella para dejarle en claro que no tenía acceso al lugar.

Otra de las afectadas me relató su calvario como pasante laboral desde el mes de abril hasta el presente, y a partir de julio como contratada. A pesar del contrato firmado, como parte del perverso juego lésbico que se instaló en el ministerio de Cultura, el 13 de septiembre le informaron que otra gente fue contratada en su reemplazo, incluso con un salario superior.

Un guardia había sido apostado frente a su lugar de trabajo, con instrucciones de impedir su acceso, y con la misión encomendada de decirle que el director de la administración había ordenado impedirle el acceso.

Todo este recurrente sainete, parte de perversos juegos de poder y amoríos lésbicos, ha tenido en vilo al personal del ministerio de Cultura desde la instalación del nuevo gobierno en agosto pasado.

Las mujeres afectadas relatan que las nuevas contratadas por la ministra Causarano ni siquiera fueron sometidas a test laboral para comprobar sus capacidades, y que difícilmente puedan abocarse a las labores de sus puestos dado que desconocen el idioma guaraní.

Conocer el idioma nativo, que en Paraguay también figura en los papeles como lengua oficial, es fundamental para recopilar datos culturales del país en municipios alejados de la capital.

La principal traba para obtener datos en estos ámbitos es precisamente ese idioma, hablado por grandes mayorías populares, y requisito cultural para ganarse la confianza en amplias regiones del país. Sin hablar en guaraní, lo sabe todo el mundo, es imposible acceder a las inquietudes culturales de las masas en Paraguay.

También señalaron la incongruencia de este tipo de actitudes en un gobierno que dice se abocará a combatir la pobreza, pues está reduciendo a ella a muchos desempleados que además, constituían con sus actividades una pequeña ventana de inclusión cultural para los paraguayos sumidos en la pobreza extrema.

Lo más irónico de todo es que las víctimas de estas iniquidades son mujeres que tuvieron con la ministra Causarano un trato personal mucho más allá de lo laboral, viscosas relaciones que acabaron en una vorágine de celos, despechos y venganzas perversas.

Ello además de pertenecer las afectadas al ámbito de las ONG, donde la ministra Causarano embolsó grandes sumas de dinero, pasado que hoy le cuesta fuertes cuestionamientos.

Todo ello sería anecdótico si no fuera porque varios proyectos de ley que el presidente Horacio Cartes considera urgentes para avanzar en su gestión, han sido congelados en el Congreso como derivación de la refriega causada con la sola presencia en el gobierno de Causarano, quien hoy ya se ha constituido en una amenaza para la gobernabilidad.

Puede que la secuencia de ganar las elecciones, controlar el gobierno y dar puestos a los correligionarios tenga mala prensa, pero como reflexionó un filósofo contemporáneo, es la capacidad de mantener opiniones equivocadas lo que ha permitido siempre a la derecha conservar el poder.

Ya varios siglos antes de nuestra era, Platón había advertido que allí donde el mando es codiciado y disputado no puede haber buen gobierno ni reinará la concordia.
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