Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Artículo opinión   -   Sección:   Opinión

La desigualdad social forma su propia cultura

Anatoli Koroliov
Redacción
sábado, 9 de septiembre de 2006, 19:29 h (CET)
La experiencia de 70 años del Estado soviético fue no sólo un experimento en la esfera de la política y la economía sino que una tentativa de contestar a este interrogante global: ¿puede la igualdad crear su propia cultura?

La experiencia anterior de la humanidad convencía de que la desigualdad era el factor más importante que propulsaba la cultura. Solamente palacios y cortes podían apoyar y mantener al arquitecto, al pintor o al músico. Prácticamente antes del siglo XVIII la élite cultural existía como fenómeno de vida cortesana. Solamente encargos de los monarcas y la iglesia originaban la creación de grandes obras maestras de Velázquez, Leonardo da Vinci, Rubens, Haendel, Mozart, Bach, por citar sólo algunos. Crear paisajes y parques, componer una ópera, construir una catedral o crear una obra fenomenal aún requería enormes inversiones.

La burguesía, aunque proporcionaba a la cultura un carácter aplicado, no ha anulado el principio de creación de obras maestras, porque el principal consumidor y apreciador de la cultura no son las masas populares sino los poderosos.

La URSS emprendió una grandiosa tentativa de crear una cultura que tuviera por norte la idea de la igualdad. Desde entonces eran el partido, el Estado y su instrumento, o sea, el encargo social, lo que hacía las veces de mecenas. Este milagro en parte se ha hecho realidad. Surgieron tres tipos de obras de arte que antes nunca existían en el campo de la cultura: manifestaciones,  parques de cultura y recreo y exposiciones de los adelantos de la economía nacional. He aquí donde ha llegado a prevalecer el principio enunciado por Robespierre: “el pueblo debe hacerse espectáculo para sí mismo”.

La manifestación era concebida como procesión sagrada de la victoria popular, el parque de cultura plasmaba la idea de la verdadera tarea del arte: organizar el modo de vida de los trabajadores y, por último, el espectáculo feérico de la exposición, la ciudad dorada como la Exposición de los Adelantos Económicos capitalina, encarnaba la victoria incondicional de la utopía social.

La chabacanería como ausencia de la belleza fue condición indispensable de la igualdad cultural.

Tras el histórico viraje de Rusia hacia los valores del capitalismo, toda la experiencia cultural anterior fue abandonada, y la desigualdad volvió a ser fuente de la nueva estética. Los ricos han sido los primeros en reclamar el arte del diseño, el arquitecto se hizo necesario para construir cientos de mansiones, como por arte de magia ha resurgido el arte de la hostelería, llegando a la capital de Rusia cocineros de todos los rincones del mundo, en los menús han aparecido trufas y langostas.

Son ilustrativas las palabras que profirió Pietro Rongoni, maestro de la cocina italiana y jefe de cocina del restaurante “Fidelino” en Moscú: “Pienso que ahora la mejor cocina italiana en el mundo está, excepto Italia, en Rusia. Los rusos, después de regresar a casa, quieren encontrar nuestra cocina y están listos a pagar bien”.

El arte de la tentación ha resurgido en toda su belleza insolente. Miles de burdeles clandestinos (de momento) ofrecen una rica variedad de servicios íntimos con que un ciudadano soviético no podía ni soñar. El homosexualismo está prácticamente legalizado. En una palabra, los cambios más radicales se han operado justamente en el sistema de valores.

Pero, por paradójico que pueda parecer, los tres logros totales de la cultura de masas soviética – la manifestación, el parque de cultura y la exposición – no han desaparecido sino que solamente se han transformado. Así, nuestra televisión se ha hecho modelo de una nueva asociación de masas, pues, igual que antes, la mayoría pasiva escucha con atención a un puñado de líderes. No importa que esto ya no sea la tribuna del mausoleo ni la Plaza Roja repleta de manifestantes. Se ha conservado el principio mismo de dividir las masas y los sacerdotes. Las estrellas de la televisión han pasado a ocupar el lugar de los líderes del partido.

Los índices de popularidad de los programas dedicados al dinero y a los premios –“Quién quiere a ser millonario”, “La Ruleta de la Fortuna”, por citar sólo algunos- suben por la nubes. Es cierto, piensa el pueblo, que de momento no tenemos este dinero, pero ya sabemos cómo se amasan fortunas.

Las revistas de glamour han asumido la función de parques de cultura. El estilo glamour ha penetrado en las ediciones masivas como revistas que contienen la programación de televisión, donde se puede ver  una serie de fotos del chalet de Kim Basinger en California, o de Sharon Stone, donde la vedette nada en tres piscinas o alimenta a antílopes domesticados. De esta manera se está formando la imagen de lo que debe ser. Se presenta el cuadro de los destinos felices. Se acentúa el estilo del ocio cultural correcto. Es verdad, piensa el lector o el espectador, que no soy estrella de cine, pero bien puedo pasar por casa ajena y lo recordaré todo.

El turismo de masas ha sustituido de manera paradójica la exposición. Se trata del principio de ver a la gente y darse cartel. Sólo que ahora la familia no se retrata cerca del pabellón “Exploraciones Espaciales” en la Exposición de Adelantos de la Economía Nacional sino que teniendo por fondo un hotel turco, la Torre de Eiffel de París o las pirámides egipcias, que ahora juegan el papel de los pabellones famosos. Es cierto, agita la mano el turista, que no tenemos millones, pero también estamos aquí.

Y por último, la chabacanería en todas sus hipóstasis queda, igual que antes, como la condición que determina la existencia de las artes. De lo contrario, éstas no serán reclamadas.

____________________

Anatoli Koroliov, para RIA Novosti.


Noticias relacionadas

Xavier Domenech, ni una cosa ni la otra

Perfiles

Reinicio del Sporting

La plantilla del Sporting representa también a Gijón

Penumbras cuánticas

La farándula nos hipnoyiza si no prestamos atención a las conexiones perversas que subyacen

Rajoy, el francés Valls, Piqué y Cataluña

Los tres se ocuparon de ella

Leticia esclava de su imagen y aguijonazos electorales

“Con los reyes quienes gobiernan son las mujeres y con las reinas son los hombres los gobernantes” Duquesa de Borgoña
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris