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Etiquetas:   Disyuntiva   -   Sección:   Opinión

Consiliencia

El ciudadano común también percibe el fenómeno y la duda
Rafael Pérez Ortolá
viernes, 11 de octubre de 2013, 08:17 h (CET)
La creencia en la unidad de los saberes es muy antigua. Aún así, la enorme variedad de sus interpretaciones pone en cuestión el concepto inicial; sobre todo, cuando cada pensador se recoge en su escueta parcela de conocimiento, apartado de los enfoques diferentes. El ciudadano común también percibe el fenómeno y la duda; los saberes fragmentados independientes entre sí, o la relación conjunta de todos ellos con el núcleo común que los origina.

Hablo de una disyuntiva cotidiana. Muchos empeños, con intereses muy concretos, nos inducen a la visión simplista, describen los hechos como ajenos a otras consideraciones y a su gusto. Sin embargo, aún los menos despiertos, comprobamos las profusas RELACIONES SUBYACENTES entre los comportamientos. Una buena comida puede convencer al amigo ministro/a, para que autorice determinadas obras, el susodicho no plantea argumentos en contra (¿Dispondrá de argumentos fehacientes?) y la obra genera repercusiones como derrumbes o pérdidas dinerarias. Sólo habríamos esbozado ciertos tramos de las influencias.

En el campo de la física o de la biología, ya resultan clásicas dichas perspectivas. Cuando permanecíamos confiados y altaneros con las teorías evolutivas o la física científica; aparecen células con cierta carga genética independiente a la del resto del cuerpo, los malabarismos quánticos o la materia oscura. Desde Whewhell (1840), el término CONSILIENCIA intenta recoger la relación permanente entre los diversos conocimientos. Es una trama, desconocida en su mayor parte, que presenta revelaciones ocasionales. Podemos interpretarla como un misterio mayor o como una cura de humildad. Hasta la teoría de la relatividad bailotea al son de agujeros negros, partículas indetectables y diversos tipos de quantos.

Dicha complejidad extiende sus tentáculos por todo el Universo, sean componentes orgánicos, inorgánicos, tratemos de la Ciencia o de la vida humana en sociedad. Al perder el control sobre estos saberes, solemos recluirnos en el concepto del CAOS; si bien, cada descubrimiento viene a demostrarnos que éramos más ignorantes que caóticos. Distinto será que aumentemos las complicaciones con aportaciones necias e impertinentes.

De ahí, que los sucesos presentados como una emergencia aislada, pronto provocan las sospechas y sacan a relucir tramas intrincadas. Nada menos que los recientes TERREMOTOS que sacudieron las costas de Castellón, nos prueban esa confluencia de ignorancias, impericias, características geológicas y gestiones políticas, entre las más evidentes. El suelo marino de esa zona presenta fallas tectónicas conocidas desde antiguo; cobra fuerza inusitada la sospecha sobre los estudios previos a la instalación del depósito de gas; también quedan en entredicho la serie de autorizaciones preceptivas y la frivolidad que pudieron conllevar. La sorpresa inicial da paso a la revelación de muchas circunstancias; el tratamiento dado a las mismas está pendiente de los análisis.

Apenas mencioné algunas circunstancias implicadas en aquellos fenómenos sísmicos, no desdeñemos el número de otros factores mal conocidos; la red de conexiones posibles es inmensa. ¿Inabarcable en su totalidad? La regla será más bien, que disponemos sólo de datos parciales, funcionamos a base de aproximaciones; aunque seamos poco propensos a reconocerlo. Tampoco suele tratarse de resultados estáticos. El dinamismo ambiental cambia las CONDICIONES de cada momento. Por sonsiguiente, los riesgos e incertidumbres imponen su rango.

Los datos y las informaciones abundan. De tal guisa, las decisiones exigen una preparación adecuada y no perder de vista los inconvenientes de sus pronunciamientos. Para cada persona es imposible el acceso a ese conocimiento global. Lo cual abre la espita al DESPLANTE agresivo por parte de los gestores situados en cargos principales y de los detentadores del poder. Actúan con dos artimañas. Nos presentan los datos que a ellos les convienen, como si no hubiera otros; es habitual que basen el dictamen en cifras económicas, quizá manipuladas, al margen de enfoques distintos. A lo que añaden el desdén hacia el gran público, al que otorgan en exclusiva el papel de oyente y sufridor. La mayor parte de las organizaciones modernas despuntan en dichos desplantes.

La vida en los barrios también depende de factores variados, gran parte de los cuales vienen dirigidos por el gobierno municipal. ¿Tomará este buena cuenta de las circunstancias con repercusión en dicho ámbito? ¿Ejercerá la artimaña de reducirlo todo a su plan de gestión económica? ¿Cuál será su receptividad ante las peticiones de los vecinos? Cuando surjan los desencuentros, entrará dentro de la lógica la petición de SEGREGACIÓN; querrán liberarse de tal gobierno atosigante.

Es reciente la petición en ese sentido de Igeldo con respecto a San Sebastián, se añade a la casuística de casos similares. En negociaciones como estas, destaca la escasa amplitud de los detalles considerados, apenas tres o cuatro normas y unos escuetos considerandos. La voraz economía desdibuja otras posibles sugerencias. Estamos ante una nueva simplificación.

Es patente otra confusión. Situados entre numerosas incógnitas, conocedores por la propia experiencia de limitaciones e impotencias; optamos por el tratamiento superficial de los asuntos. Para qué habríamos de esforzarnos en su estudio si el fondo misterioso es inextricable. Desvíamos las inquietudes hacia un recuento de los comentarios, las cifras de PARTIDARIOS dilucidarán las dudas. Apenas entramos en la calidad de las razones, obsesionados como estamos con el número de quienes apoyan una determinada postura. Ni nos acercamos a la consiliencia que sumaba conocimientos, dicho trabajo fue dejado de lado. Nos basta el predominio de unas mentalidades, cuerdas, perversas o mal informadas, para convertirlas en la suprema ley a la que todo, personas y bienes, se supeditarán.

.En esa línea de actuación, agrupamos fatuos personajes o curiosos muñecos andantes; la hermosa completud de todas las existencias, enriquecedoras y plurales, la hemos deformado con cada nuevo despropósito. Miramos alrededor y sólo apreciamos una serie de POPULISMOS CLONADOS, aplicados a cada actividad humana. ¿Alguién piensa de manera independiente? Políticas ahormadas, religiones de estandarte sin fondo, teorías económicas al margen de los humanos, educación desorientada, y así, sucesivas uniformidades carentes de sentido. ¿Será verdadera la existencia de los entes personales?.

Despreciamos la consiliencia común. Sin afrontar el aparente caos, hemos reducido la existencia a unos mínimos sofocantes. Los llamados polos de desarrollo, no pasan de burdos focos desintegradores. ¿No será todo más SENCILLO dentro de la complejidad? Quizá sobren títulos y encumbramientos, erigidos, estos sí, sobre basamenteos embarrados; sobre los diferentes lodos tenemos pocas dudas. Quizá…, pero vaya usted a saber.
Comentarios
Isabel 11/oct/13    17:46 h.
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