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Etiquetas:   Cesta de Dulcinea   -   Sección:   Opinión

Albañiles

Nieves Fernández
Nieves Fernández
sábado, 9 de septiembre de 2006, 19:29 h (CET)
No llevan otro color en su cuerpo que el del bronceado del trabajo, ese que comúnmente llamamos bronceado de albañil o de los pobres, y que curiosamente se aplica no sólo a los miembros de su profesión, sino a todo currante que deba exponerse al sol por diversos motivos.

Son los profesionales que juntando los horarios de invierno y verano, con sus correspondientes sueldos, salen casi tan bien pagados como sus compañeros manitas los fontaneros, pero con la diferencia de que éstos realizan habitualmente su trabajo bajo techo. Sorprende en su horario, no sabemos si estará recogido en su convenio, la gran diferencia de horas trabajadas en una u otra estación, ya que dependen en grado extremo de la luz natural de cada época del año, por lo que en el estío se hartan de echar horas extras.

Son los trabajadores de la construcción, laboralmente muy solicitados, entre los que te puedes encontrar grandes artistas de la baldosa y el ladrillo o, por el contrario, también grandes chapuzas que pueden llegar a desesperarte en el sentido más literal del término, así con ellos suele funcionar mucho el boca a boca de la buena o mala cualificación tanto de ellos como de su cuadrilla de compañeros.

A los albañiles se les teme tanto como se les busca y desea, es una relación de cariño y odio laboral llevada hasta el extremo. De ellos se dice que primero lo trastocan y desordenan todo, incluida la vida cotidiana de quien los contrata, pero al final el cliente se siente satisfecho por lo bien que lo han dejado todo, ya sea ésta una vivienda construida o reformada, y tanto se les agradece y elogia su buen trabajo que al poco tiempo se olvidan las penurias necesarias para llevarlo a cabo.

Este verano, los albañiles han sido tristemente protagonistas de la desgracia, por ser un gremio especialmente atacado por las numerosas olas de calor sufridas, olas no precisamente de mar que cada uno de nosotros aguantamos como podemos a golpe de ventilador, piscinas, playas, aire acondicionado y agua fresquita, frescas soluciones que muchos de ellos no han podido respetar por las obligaciones de su trabajo, ni siquiera la necesaria recomendación de no exponerse al sol a las horas más calurosas de la tarde.

Al menos cinco han sido las víctimas que han fallecido este verano por golpes de calor en julio y agosto en Orense, Murcia, Madrid, Menorca y Barcelona, con unas edades entre los 19 y 53 años, teniendo la particularidad de que no son estas provincias de las más calurosas, pero ya se sabe que cuando hace calor, hace calor en todas partes.

Cinco albañiles víctimas de la hipertermia maligna que ya ha sido considerada como causa de accidente laboral en alguna de estas comunidades. Y es muy lógico que así sea y se rectifique y corrija como causa de fallecimiento, pues habiendo veranos como éste de los más tórridos de los últimos treinta años, los expertos en riesgos laborales, desgraciadamente tan en boga en los últimos tiempos, deberían aplicar sus conocimientos para vigilar e inspeccionar los riesgos que tienen estos trabajadores al trabajar a la intemperie.

Los albañiles suben y bajan durante todo el año por andamios vertiginosos, guardando un equilibrio que para sí lo quisieran muchos artistas circenses; pasan frío en invierno y calor en verano y, por muchas alertas rojas y naranjas que haya, nadie parece alertarse por ellos. Obreros de la construcción les llaman. Es posible que coordinando un poquito los horarios y las exigencias y encargos de la construcción estas muertes puedan evitarse.

En estos veranos en exceso calenturientos ayudémosles a que con la prevención laboral del sentido común se construyan, a la sombra si es posible, un mejor futuro.

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Banalización

Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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