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Etiquetas:   Con permiso   -   Sección:   Opinión

Ni gobierno ni oposición

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
viernes, 8 de septiembre de 2006, 21:38 h (CET)
Ya supongo que la mayoría de españoles está, más o menos conscientemente, alineada a la derecha o a la izquierda, comprendo lo difícil que tiene que ser explicar que unos y otros pueden tener razón o equivocarse según los asuntos, ya comprendo que no todos los votantes llegan a aceptar que se puede criticar a uno, sin apoyar al otro. Y viceversa, claro.

Y ahí están los comentarios de lectores y blogeros que le dejan a uno temblando de sorpresa al tiempo que sujetándose la mandíbula, pasas de ser ultrafacha a ser megasociata a la que te descuidas, para muchos no parece haber término medio, ni independencia ni neutralidad ni pluralidad. Todo es del color del que él lo pinta.

Criticar al Gobierno actual por su misteriosa e ignota labor, si es que existe, contra la emigración ilegal es tremendamente fácil, basta seguir cualquier informativo para encontrar fácilmente multitud de aspectos que llevarse al teclado para sacarle los colores, sin que eso significara ser sospechoso de ser del PP (Otra de las cosas que me maravillan actualmente: se ha llegado a tal estado de sectarismo que parece imposible ser de derechas y no ser del PP, tanto como ser de izquierdas y preguntarse honestamente qué demonios hace este Gobierno). Es lo mismo que criticar al PP sin que llegue el cachondo de turno y te acuse de ser un “apesoebrado”, vaya.

Pero para unos y otros hay motivos más que justificados de crítica. Uno no comprende qué le pasa a un Gobierno que ve cómo todos sus planes contra la emigración ilegal se vienen abajo sin que con el paso del tiempo encuentre un remedio eficaz. Pasan los días, pasan las semanas y el Gobierno no sólo no encuentra una solución sino que parece estar a muchos años luz del posible remedio.

Personalmente me cuesta entender cómo cuando llegan cada día cerca de mil inmigrantes a Canarias, cuando tantos miles de personas se juegan la vida en el mar, algunos miembros del Gobierno socialista están desaparecidos en combate. ¿En combate? No, en vacaciones. El primer responsable de los temas sociales es el ministro de... esto... de... que se llama.... si, hombre, ése que es de Salamanca... bueno, quien sea, es que es imposible recordar el nombre de alguien que desaparece en medio de la mayor crisis por la que pasa no sólo su ministerio, sino también el Gobierno entero. ¿Dónde ha estado en agosto, mientras a Canarias llegaban más inmigrantes ilegales que en todo 2004? Y cuando intentamos encontrar un gramo de cordura en todo esto nos encontramos con unos paños calientes que consisten en redistribuir a los inmigrantes por España, dejándolos solos y abandonados en cualquier ciudad.

Pero, claro, la oposición no es mejor. No sé si es peor, no, no lo sé, pero desde luego no es mejor. Al españolito que se levanta todos los días preocupado por sus hijos, su hipoteca o por la marcha del mundo le resulta difícil comprender por qué el partido conservador mantiene la estrategia de intentar identificar el envío de tropas a Líbano con la guerra de Irak. La equiparación es imposible, ni las circunstancias son semejantes ni a nadie, con dos dedos de frente y ciertas dosis de imparcialidad, se le ocurriría caer en la comparación. Quizá aquellos que más se identifican con los postulados de este partido puedan sentirse atraídos por esas extrañas teorías, pero esos son votos fijos y casi cautivos que el PP nunca perderá, sin embargo son teorías peregrinas e inconsistentes que nunca le harán ganar ese millón y medio de nuevos votantes que reclama Rajoy, aunque sean críticos y moderados.

Ni la verdad ni el error están permanentemente en el mismo bando, todos aciertan unas veces y se equivocan otras, si una mayoría de ciudadanos votantes comprendieran premisas de este tipo los gobiernos, todos, lo tendrían en cuenta y se sentirían muy influenciados por la posible pérdida de votos. Pero si saben que tienen diez millones de votos a su favor, hagan lo que hagan... ¿para qué molestarse?

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