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La escasez de gas hace a Europa arrojarse en brazos de Gazprom

Igor Tomberg
Redacción
jueves, 7 de septiembre de 2006, 21:30 h (CET)
Los últimos días de agosto, GAZPROM, E.ON y BASF firmaron el acuerdo final sobre la realización del proyecto de Gasoducto de Europa del Norte (GEN).

Aunque un comunicado oficial emitido al respecto decía que se suscribió “un documento jurídico final, que llena de contenido concreto el acuerdo básico y define los marcos jurídicos y financieros del proyecto”, su aspecto financiero todavía está lejos de ser concreto. No están definidos los compromisos de las partes, porque los consocios hasta la fecha no han coordinado los parámetros financieros. Son bastante vagos los marcos del costo del proyecto, que antes se valoraba en 4 mil millones de euros en su tramo de plataforma continental. El estudio de la factibilidad no está concluido todavía. En opinión de analistas, el proyecto GEN se encuentra en estado de “hibernación política”.

Pero precisamente el GEN era la única esperanza real de Europa en cuanto a la ampliación de suministros del “combustible azul”. Su potencia proyectada es de 55 mil millones de metros cúbicos de gas. La construcción de su tramo de plataforma continental tiene que empezar en 2008, y los suministros, en 2011. Si las partes no llegan a un acuerdo en los próximos tiempos, el comienzo de la construcción se pospondrá. Pero GAZPROM deberá realizar en cualquier caso los suministros fijados en su contrato: 13 mil millones de metros cúbicos anuales durante 25 años después de 2011. Si el gasoducto no se pone en explotación hacia 2011, GAZPROM tendrá que utilizar otras tuberías disponibles. Como resultado, inminentemente surgirán problemas en cuanto a cumplir el volumen global de los suministros a Europa.

Los primeros en sentir tal amenaza fueron los consocios de GAZPROM en la realización del proyecto de Gasoducto de Europa del Norte, las compañías alemanas BASF y E.ON. La E.ON/ Ruhrgas firmó un convenio de adquisición de 400 mil millones de metros cúbicos de gas ruso hasta 2036. La Wintershall (una filial de BASF) suscribió con GAZPROM ya en julio un convenio de adquisición entre 2014 y 2030 de 90 mil millones de metros cúbicos de gas para Ferbundents Gas, además de su propio contrato a largo plazo firmado en 2004.

La amenaza del incumplimiento del proyecto GEN empuja las empresas energéticas europeas a prolongar contratos firmados con GAZPROM. Ello no tiene nada de extraño, dado el crecimiento disparado del consumo de gas en la Unión Europea. Tan sólo en Gran Bretaña, la consumidora más grande de gas en Europa (94 mil millones de metros cúbicos en 2005), el consumo de gas por economías particulares se duplicó en los últimos tres años, y sigue aumentando, pese a la alzas. El invierno pasado, el precio de mil metros cúbicos de gas tendía a exceder 1200 dólares en el mercado mayorista (mientras que GAZPROM vendía en el continente a 250 - 270 dólares según contratos a largo plazo).

La extracción de gas en la propia Europa disminuye. El ritmo de crecimiento que se registra en Noruega (10% al año) no puede compensar la caída en el sector británico del mar del Norte y la paulatina reducción de la extracción que se observa en Holanda. El año pasado, los últimos dos países perdieron 14 mil millones de metros cúbicos, en comparación con el volumen extraído en 2004. Desde 2000, Gran Bretaña se ha privado del 20% de la extracción de su gas, y esta cifra irá en aumento, resultado de lo cual el país puede llegar a figurar entre aquellos Estados que experimentan escasez de la energía.

En tal contexto, entre Bruselas y Moscú se opera una rígida confrontación en materia energética. Rusia satisface una cuarta parte de toda la demanda de gas de Europa y la mitad de sus importaciones. Ello provoca mucho nerviosismo en políticos europeos. Pero sus intentos de encontrar a suministradores alternativos fiables resultan ser poco exitosos. Como tales se consideraban por tradición Noruega y Argelia. Pero entre ésta última y Rusia ha empezado un acercamiento en materia de gas. Aunque el memorándum de cooperación suscrito hace poco entre las compañías nacionales de ambos países – GAZPROM y SONATRACH – no es de acción directa, el propio hecho de la firma del documento provocó una oleada de turno de la “GAZPROMfobia” en el Viejo Mundo.

Pero tal actitud se muestra en los medios de comunicación y los círculos políticos. Mientras que las empresas que se encargan de proveer de recursos energéticos a Europa reaccionan de un modo opuesto: ellas se han apresurado a prolongar los contratos firmados (pese a la línea de eliminar los contratos de gas a largo plazo, proclamada por Bruselas). Tras Alemania, también Francia, Italia y otros países europeos quieren asegurar su futuro en materia de consumo de gas.

La compañía francesa Gaz de France SA en los próximos tiempos va a anunciar que prevé firmar un nuevo contrato con GAZPROM. Según el presidente de la GdF, Jean-Francois Cirelli, este documento vendrá a sustituir el actual contrato, que se vence en 2012. “Creo que dentro de poco podremos anunciar la firma de un nuevo convenio importante sobre los suministros de gas ruso a largo plazo”, dijo Cirelli, sin explicar por qué se optó por suscribir un nuevo contrato mientras que el anterior va a regir durante cinco años todavía.

El 28 de agosto, uno de los copropietarios de la más grande compañía energética de Portugal, Galp Energia, Americo Amorim, manifestó estar dispuesto a ofrecerle a GAZPROM una parte de su cartera de acciones a cambio de garantizar la empresa rusa la estabilidad de los suministros para el futuro. Con ello puede empezar a realizarse la aspiración de GAZPROM a obtener su parte en los haberes europeos de tuberías y de distribución de gas.

La amenaza de surgir la escasez de gas ha obligado, al parecer, a los europeos a enfocar de un modo más sensato la situación existente en materia de abastecimiento de energía en el continente y el papel que puede desempeñar Rusia y su consorcio monopolista de gas en este proceso. Al país ruso lo dejan de percibir como un “apéndice de materias primas”, viendo en él a un consocio deseado, y empiezan a ofrecerle a GAZPROM a porfía partes en sus infraestructuras energéticas nacionales, las cuales – vale la pena subrayarlo – no tendrán valor sin el combustible azul ruso. El espectro de la escasez del calor mejor que cualesquiera exhortaciones y negociaciones hace a los burócratas europeos tomar en consideración las exigencias de Rusia y otros proveedores, por ejemplo la de responsabilidad compartida entre los productores y los clientes. Pues ya se vislumbran los contornos de un cartel de gas. Dada la evidencia de lo flojo de la solidaridad europea en cuestiones de seguridad energética, la amenaza de una unión oficial de los países extractores de gas le obligará a Bruselas a sentarse a la mesa de negociaciones. Pero las condiciones de los acuerdos se hacen más duras con cada día que pase.

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Igor Tomberg, para RIA Novosti.


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