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Etiquetas:   Opiniones de un paisano   -   Sección:   Opinión

Revolución en la morgue

Mario López
domingo, 6 de octubre de 2013, 10:30 h (CET)
Desde que en 1945 acabara la Segunda Guerra Mundial (sangrienta ratificación de la resolución de la Primera, firmada en el tratado de Versalles), los Estados Unidos de América se alzaron con el poder hegemónico mundial. Cierto es que ya habían ensayado con anterioridad el modelo imperial, empezando con la guerra contra España del 1998; pero aquello fue un simple ensayo, en el que se constató (eso sí) la eficacia de la injuria mediática, el sabotaje de falsa bandera, la imposición de una receta democrática absolutamente mendaz…

Desde el famoso crack del 29, y gracias al poder hegemónico de los EEUU de Norteamérica, la economía mundial quedó en manos de la Mafia; más de la de Chicago que la de Calabria (que ya quedó amortizada con su contribución en el desembarco americano en Sicilia). Para la Mafia (con la mediación del Gobierno estadounidense), Europa habría de ser una prolongación de la Cuba ganada a los españoles en 1998; el Gran Casino de la especulación y el puterío.

Bien es cierto que, concluida la Segunda Guerra Mundial, surgió un tal Keynes para obrar el milagro de la transformación de los esclavos en clase media (jardincito adelante, jardincito atrás). Pero, claro, tampoco es menos cierto que la recién aparecida y pujante industria automovilística necesitaba consumidores.

En cualquier caso, durante la Guerra Fría, al poder imperial le hacía falta tener a la clase trabajadora contenta, por aquello de que las comparaciones son odiosas y enfrente tenía, nada menos, que a todo un medio mundo comunista garante de la subsistencia de más de mil millones de ciudadanos. Y, claro, sin renunciar a la explotación de la clase trabajadora, había que poner un poco de cosmética a la cosa, no vaya a ser que se nos reviniera el esclavo y nos dejara con el Casino hecho unos zorros.

Pero, muerto el perro se acabó la rabia. Hundida la Unión Soviética, demolido el muro de Berlín, la diosa (odiosa) Fortuna le concedió a la Mafia un cheque en blanco, una patente de corso, para retrotraernos al siglo XVII. Y esto es lo que ha sucedido.

Estados Unidos de América, hoy liderado por un infamante Premio Nobel de la Paz, sigue queriendo ser (en la mejor dialéctica nazi) un país especial, que puede hacer con el derecho internacional lo que le venga en gana. Ha cometido tal cantidad de atrocidades contra los pueblos de nuestro planeta, que no caben ni en este artículo ni en la extinta biblioteca de Babilonia. Sus delitos de lesa humanidad son de tal número, que necesitaríamos para su recuento cien veces más años de los que las leyes fijan para la prescripción de cada uno de ellos.

No veremos jamás a los asesinos de la Administración estadounidense en el banquillo de los acusados. Pero hoy se ha producido una revolución en la morgue. Una revolución que va a devolver a los Estados Unidos al agujero negro de la Historia de la que nunca debió salir.

Un aviso a los neoliberales: si las barbas de tu vecino ves quemar, pon las tuyas a remojar. El camino de la soberanía popular es tan duro como inexorable.
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