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Etiquetas:   Copo   -   Sección:   Opinión

Morir en Sevilla

Duran i Lleida cuando le preguntan por su retiro político es claro: “De qué viviré y de qué comeré"
José García Pérez
viernes, 4 de octubre de 2013, 06:27 h (CET)
El día no empezó su andar con buenos augurios cuando Durán i Lleida, entrevistado en una emisora, respondía ante una posible marcha de su vida política, algo improbable e impensable, comentó: “De qué viviré y de qué comeré. Los pobres profesores ganan poco. No tendría suficiente para vivir”. De una tacada, el buscador de la tercera vía para definir “el derecho a decidir” se autodefinió como un despilfarrador y abofeteó, sin más, la dignidad de tantos y tantos profesores que se ganan el poco sustento con el sudor de su trabajo; pero estamos tan acostumbrados a esta falta de sensibilidad de la casta política que ni vale la pena gastar una palabra más en tan digno señorito capitalista.

Después emergieron los cadáveres por aguas de Lampedusa (Italia): niños, mujeres, hombres, diez, cincuenta, cien…más?. Y una conmoción se apoderó de esta sociedad anónima de asesinos por omisión, a la nuestra me refiero, a la occidental, a la que gasta millones de euros porque se supone que unos hombres en calzoncillos saben dar toques a una pelota. Diez, cincuenta, cien…más?, no sé, pero sobre las aguas flotaban los que buscaban la tierra prometida; mañana, tal vez pasado mañana, todo se habrá olvidado y seguiremos caminando diciendo imbecilidades como: “Uf, valiente otoño llevamos soportando.” Después ha llegado el Papa Francisco y ha dicho que lo sucedido “es una vergüenza”, pues no querido Papa, ha sido un crimen por omisión de todos, incluido Su Santidad.

Pero lo más cruel por su singularidad ha sido la muerte del joven polaco, indigente dicen los expertos, de veintitrés años de edad y treinta kilogramos de hueso y pellejo, en un albergue de Sevilla, la ciudad que se basta a sí misma.

Ha dejado de existir acostado en un alberge del Área de Asuntos Sociales sin decir nada; no ha dado el joven polaco guerra alguna y, seguramente, todo será debido a una pequeña falta de atención, eso, a un lapsus, un despiste, un estar ya acostumbrado a ver la miseria merodear por nuestro alrededor al tiempo que pasamos de largo no sea que nos contamine.

Creo que el joven polaco no ha muerto de hambre, sino que se ha dejado morir (expresión gramatical que no creo correcta, pero no encuentro otra) porque le daba asco seguir por aquí.

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