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Etiquetas:   Hablemos sin tapujos   -   Sección:   Opinión

De como ponemos verdes a TVE y a la señora Mariló Montero

Uno se hace cruces al ver como TVE, ente gubernamental, sigue con su actitud de servidumbre
Miguel Massanet
viernes, 4 de octubre de 2013, 06:23 h (CET)
Es posible que, entre la multitud de problemas que hoy en día nos acechan a los españoles, entre los desafíos políticos y económicos a los que nos vemos obligados a enfrentarnos y las amenazas, cada vez más inminentes y preocupantes, que se ciernen sobre la unidad de España; el tema que voy a comentar en este escrito pueda considerarse nimio, poco espectacular y de escaso relieve, pero soy de los que piensa que, al menos de vez en cuando, se debe descender a lo trivial porque, en ello, puede que encontremos alguna razón que nos ayude a explicar el desbarajuste en el que estamos metidos los ciudadanos de este país.

Y es que, señores, uno se hace cruces de que un ente como es la TV1 gubernamental siga, después de dos años de gobierno del PP, manteniendo su actitud de servidumbre hacia sus antiguos gestores, los socialistas. Salvo alguna honrosa excepción, los locutores y presentadores de los distintos programas emitidos por la cadena estatal no pueden ocultar una clara tendencia a magnificar lo que perjudica al Gobierno y a resaltar aquellos temas que más le pueden perjudicar. Estamos de acuerdo en que, los medios de comunicación, especialmente en sus telediarios, debieran ser objetivos y limitarse a dar la información sin aditamentos ni añadidos, sin embargo el tono, las maneras y las palabras con los que se los sazona hacen que, una misma información dada por uno u otro locutor adquiera un sentido favorable o contrario a quien es objeto de ella.

Lo cierto es que nuestra TV1 es el paradigma de las contradicciones. Si se sabe que cada año cierra el ejercicio con abultadas pérdidas, no obstante, no se observa que se tomen medidas para conseguir equilibrar su presupuesto. Por ejemplo, la cadena se dedica a subvencionar películas, algo que puede ser que entre dentro de sus obligaciones, pero que parece algo incompatible para un ente público que se nutre de los impuestos de los ciudadanos y crea pérdidas anuales. Otra de las paradojas que ocurren en la cadena pública es que dijeron que no emitirían publicidad alguna y, sin embargo, no pasa día sin que, sea en los intermedios entre programa o programa o sea a través del contenido de cada uno de ellos, se vayan transmitiendo, camuflados bajo títulos como “promociones”, “patrocinios” o mecenazgos de transmisiones deportivas; toda una serie de ofertas de carácter publicitario que poco se diferencian de la publicidad habitual que se emite en las cadenas privadas que, dicho sea de paso, no reciben el apoyo de las subvenciones estatales como ocurre en el caso de la TV1.

De todos es sabido que el clientelismo y el nepotismo es algo, desgraciadamente, habitual, no sólo dentro del gremio de la farándula sino también de todo lo relacionado con ella, como es el caso de los que contratan los programas de la TV, algo perfectamente contrastable en el tipo de programas que se emitieron durante la etapa socialista en la que se vetaron de manera escandalosa la presencia de determinados artistas considerados de “derechas” y en la predilección de los propios directivos del ente, cuando ha llegado el momento de hacer su programación, de incluir a presentadores y contenidos que, no se sabe por qué especiales “méritos” o “cualidades” se mantienen en el candelero a pesar, como es el caso al que nos vamos a referir, de los problemas que ha venido suscitando con sus propios compañeros de cadena y de los errores de bulto al emitir opiniones harto discutibles sobre temas en los que carece de capacitación alguna.

Es evidente que el programa de la “Mañana” de la TV1 es un compendio, difícilmente superable, de la mayoría de vicios que pueden afectar a un show de cara al público, incluido una promoción descarada y sin excusa alguna de una serie de libros que Dios sabe quién ha escrito, impresos en papel de lujo, con profusión de fotografías y cuya paternidad se atribuyen los distintos miembros que intervienen en el programa, especialmente a la figura central del magazine, la señora Mariló Montero (ex de Carlos Herrera), que ha conseguido crear un imperio editorial cuyos beneficios ignoramos donde van a parar pero que, sin duda alguna, no se conseguirían si no se beneficiaran de la publicidad gratuita que, con regularidad, se emite desde el mismo programa.

Si hay un personaje más pagado de si mismo, más acaparador del protagonismo, más ególatra y enrocado en su papel de vedette, sin duda puede adjudicarse, con toda justicia, a esta señora, Mariló Montero, que ha confundido su papel de conductora de un programa televisivo con una serie de gags destinados a enaltecerla y darle posibilidades de lucimiento. Tanto en sus consejos de salud, como en su programa de cocina, su sección de noticias amarillas o crónica rosa como en el presuntuoso programa de análisis de la actualidad, en el que pretende asumir el protagonismo, presumiendo de sagacidad, de conocimientos, de comentadora ilustrada y de verdadera conductora del mismo cuando, en realidad, se podría prescindir de ella dado que, el resto de participantes, entre ellos Fernando Onega, podrían debatir entre sí con mayor libertad, preparación y conocimiento de causa, sin su presencia.

Es evidente que, esta señora, ha confundido lo que se le pide a un conductor de un programa de las características del suyo, con un medio de promocionarse y darse a conocer como gran estrella, show woman. La misión de un verdadero profesional es saber conducir el programa dándoles el protagonismo a las distintas figuras que participan en él, manteniéndose en un discreto segundo plano y limitando sus intervenciones a breves apuntes o apoyos que ayuden a mantener la continuidad del espectáculo. Esta señora, además de interrumpir al resto de intervinientes cuando piensa que hace demasiado tiempo que no acapara la atención del público, suele hacer comentarios de su propia cosecha poco apropiados y, como ocurrió hace algún tiempo, se le tuvo que retirar el speach de final de programa, porque se atrevió a emitir una opinión inoportuna en un terreno farragoso que podía herir la sensibilidad de quienes la escuchaban.

Uno se pregunta como, con la cantidad de grandes profesionales que tenemos en España, para un programa de la importancia del de la mañana de la TV1, no se ha encontrado a una persona más adecuada y preparada para el puesto que ocupa esta navarra, a veces se considera andaluza, según le convenga al caso, empeñada en hacerse la graciosa cuando, sabiendo hablar como sabe el castellano, se dedica a destrozarlo por aquello de que, en Navarra, se utilizan los sufijos ito e ico con profusión; con cuya excusa esta “tontica” nos obliga a escucharla usando y abusando de esta licencia que ella misma se ha concedido a pesar, y me consta, de que ya ha recibido multitud de críticas de parte de personas a las que les fastidia que el castellano, cada vez más contaminado de neologismos y extranjerismos, sea utilizado mal en un espacio televisivo en el que, por pertenecer a una cadena pública, se debería de tener un cuidado exquisito en que el idioma español, como ocurre en los telediarios, se usara en toda su espléndida magnificencia.

Si se tratara de una cadena privada no tendríamos nada que objetar porque ¡allá ellos con la manera en la que invierten sus euros!, pero, señores, la cadena pública se sostiene con nuestros impuestos y, como ciudadanos, tenemos el derecho a pedir cuentas al Estado de cómo se invierten los dineros recaudados. O así es como lo veo yo.
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