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Etiquetas:   Presos de la libertad   -   Sección:   Opinión

El show debe continuar

Eduardo Cassano
Eduardo Cassano
@EduardoCassano
martes, 5 de septiembre de 2006, 19:56 h (CET)
Ya es mala suerte morir por culpa de la picadura de una raya, pues su veneno rara vez resulta mortal, pero lo increíble es que ése haya sido el final de Steve Irwin, más conocido por cazar cocodrilos –con su hijo en brazos y todo- y realizar diversos documentales de riesgo acerca de la naturaleza animal.

Tan increíble como lo que le ha ocurrido a la compañía Ryanair, a quien le ha salido el tiro por la culata al jugar sucio contra Iberia. La compañía de bajo coste anunció que iba a regalar billetes de avión a toda la gente que, pancarta en mano, acudiera a protestar contra Iberia. El resultado no podía ser otro que la invasión de gente con ganas de viajar gratis. A muchos de ellos ni siquiera le importaban los problemas que padecieron este verano los clientes de Iberia, e incluso cambiaron la protesta de bando al comprobar que los billetes prometidos no alcanzaban para todos

Y mientras unos se pelean por viajar gratis en avión, a Canarias siguen llegando a diario y de forma masiva unos inmigrantes que invierten sus escasos ahorros en un viaje compartido en patera, sin que nadie les garantice que llegarán vivos y, de lograrlo, que habrá servido para mejorar su calidad de vida

Pero aquí lo que de verdad interesa es la polémica y salir guapo en la foto. Ya lo decía Freddy Mercury, que hoy hubiera cumplido 60 años, al asegurar que el show debe continuar. Y en Cataluña, que tenemos las elecciones autonómicas a la vuelta de la esquina, la guerra entre políticos está servida. El debate entre Montilla, Más y Carod-Rovira promete ser apasionante, en unos comicios donde los inmigrantes jugarán un papel muy importante aunque finalmente no se les permita votar. Al final todo se reduce a generar nuevos problemas en lugar de solucionar los antiguos.

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Si bien, en esta lucha maníquea entre movimientos que se oponen a la igualdad y sólo buscan la discordia entre los diferentes géneros, un papel clave lo juega el auge del feminismo radical. A grandes rasgos, el feminismo no es una única ideología, sino que se divide en variantes como el liberal, el socialista, el étnico y el radical. Mientras el primero defendía los derechos de las mujeres, el segundo destacaba la opresión de las mujeres de clase trabajadora y el tercero el de las mujeres pertenecientes al mundo postcolonial. Actualmente, el feminismo radical se arroga el monopolio sobre el discurso feminista, convirtiéndose en un pensamiento excluyente y etiquetando como “machista” a todas aquellas corrientes que no comparten la totalidad de sus puntos de vista. El feminismo radical culpabiliza al hombre por el mero hecho de serlo, lo feminiza en su forma de ser y lo funde bajo el signo del patriarcado. En última instancia, el fin de esta versión ultramontana del feminismo es presentar la supremacía de la mujer sobre el hombre como una supuesta y falsa igualdad. No hay que engañarse. El feminismo radical no sirve a la mujer, ni tampoco al hombre. Ha desechado como motivo de su lucha otras causas en las que también está en juego la igualdad frente a la coacción: la violencia en los matrimonios homosexuales (tanto de hombres como de mujeres), la identidad transexual, el maltrato de los niños en el seno familiar, el maltrato del hombre en el hogar, el maltrato de los discapacitados y de las personas mayores por parte de su propia familia. El feminismo radical entiende que esta violencia no existe, que es mínima y que no puede ser comparada con la sufrida por la mujer. En definitiva, el feminismo radical es la gran traición -tanto como el patriarcado- hacia el propio ser humano.

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