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Etiquetas:   Las plumas y los tinteros   -   Sección:   Opinión

Internet, otra manera de ver el mundo

Daniel Tercero
Daniel Tercero
martes, 5 de septiembre de 2006, 19:56 h (CET)
Se nos viene otra revolución encima y nosotros sin darnos cuenta. O más bien ya la tenemos vivita y coleando. Vamos, que el alboroto ya lo estamos viviendo, aunque algunos no quieran -o no sepan-verlo. Y no me refiero a algo intangible y de disfrute de unos cuantos, los elegidos, que aprovechan los beneficios del avance de toda revolución en primera persona.

El libro y la prensa -es decir la imprenta-, la radio, la televisión y, ahora, internet. Todo avance en cuanto a la comunicación entre personas y el modo, y manera, de expresión -escrita, sonora, gráfica-, entre iguales, supone una revolución no sólo tecnológica, también conceptual (o revolución mental).

La más o menos reciente aparición de la televisión (comercializada como producto de consumo entrados ya en la década de los años treinta del siglo pasado) amenazó, en teoría, al desarrollo de la radio e incluso se pensó en el fin de esta. Entró un televisor en cada hogar y desplazó a la radio. La televisión se convirtió en poco tiempo en el principal protagonista de las reuniones familiares, y de amigos, en muchos -si no en todos- lugares de occidente. También entonces como ahora se pensó que la prensa escrita -y la citada radio- no podría soportar un nuevo competidor del tiempo libre y de ocio de los lectores. Más aun cuando la televisión se convirtió en el más rápido medio de comunicación de noticias existente. Entendiendo como noticia imagen y sonido, substituyendo al sonido radiofónico.

Ahora se lee y se escucha que si la prensa escrita está en decadencia, que si la radio sólo es un aparato de adoctrinamiento y control del poder -político o mediático-, que si la televisión sólo emite programación basura... Y, mientras tanto internet aparece en nuestras vidas como elemento que mejora lo hasta entonces conocido. Más rápido, con imágenes, informa, entretiene, enseña... Es, en definitiva, como sus compañeras de viaje: un excelente producto al servicio de la ciudadanía. No es culpa de la televisión que emitan programas basura, ni de la radio que se utilice para agrietar las conciencias de las personas.

Se ha creado, en internet, un servicio de búsqueda de libros (obra y gracia de Google, como tantas y tantas cosas, que se ha dedicado a digitalizar libros y más libros). La idea consiste en poder descargar a un ordenador personal o imprimir en la impresora local el libro que el navegante desee -de momento únicamente publicados antes de mediados del siglo XIX-, así, con tan solo insertar el nombre de Dante o Víctor Hugo aparece una lista de libros relacionados con el italiano y el francés, todos disponibles para leer -descargar o imprimir- inmediatamente.

La idea es buena. Es un avance. ¿Podemos empezar a pensar en una biblioteca digital infinita en casa? ¿Se convertirá internet en un mundo paralelo al de la edición de libros con la publicación de obras -como ya ocurre- por los propios escritores únicamente accesibles desde un ordenador? ¿Servirá, por fin, para acercar bibliotecas de cualquier parte del mundo a los ciudadanos? ¿Evitará, este sistema electrónico, las censuras en las publicaciones de los países dictatoriales? Demasiadas preguntas sin una respuesta contundente y clara, como siempre.

La revolución digital ya está aquí -¡qué decir de la televisión digital!- y a algunos les ha cogido algo tarde. Como en todo avance tecnológico. Pero nuestros hijos, que nacerán -y están naciendo- rodeados de aparatos electrónicos vivirán preguntándose ¿qué era eso de la vida analógica?, ¿Existía la vida antes de internet? O cosas por el estilo. La clave, como en la mayoría de las veces, es el uso correcto de los descubrimientos. La clave, como siempre, es saber qué escribieron y quiénes eran Dante y Víctor Hugo; y no confundirlos con jugadores de fútbol y baloncesto, o superhéroes de algún videojuego, de finales del siglo XX.

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