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Etiquetas:   Crítica literaria   -   Sección:   Libros

Literatura líquida

Herme Cerezo
Herme Cerezo
domingo, 31 de diciembre de 2006, 01:55 h (CET)
El verano fue bueno mientras duró. Menos caluroso de lo esperado, afortunadamente. Y ahora llegó lo inevitable, la vuelta al trabajo diario, y lo agradable, el reencuentro con los lectores del Diario del Siglo XXI. El “retrobarse” que dicen por mi tierra.

En estas vacaciones, mientras las orillas del mediterráneo se poblaban de esas setas multicolores llamadas sombrillas, he invertido una generosa parte de mi tiempo en la lectura (maldito vicio, bendito vicio). Pero lo cierto es que no he tenido demasiado éxito en mi empeño.

Aunque comencé varios libros, sólo unos pocos tuvieron la fortuna (¿la tuvieron ellos, la tuve yo?) de que me los acabara. Dejando a un lado los cómics de Hugo Pratt (‘La casa dorada de Samarkanda’, ‘Los escorpiones del desierto’, ‘Tango’ y ‘Corto Maltés en Siberia’), que devoré con fruición desmedida pero recompensada, uno de los que conseguí terminar fue ‘La segunda mujer’ de la gallega Luisa Castro, una escritora de la que esperaba mucho, posiblemente demasiado. Y la verdad es que, una vez leídas sus páginas, me quedó el regusto un tanto amargo de la decepción. Suele pasar cuando las expectativas son desmedidas.

Pero es que había motivos suficientemente consistentes para esperar mucho. En primer lugar, el currículum espectacular de esta escritora: como poetisa, Luisa Castro ha publicado los libros ‘Odisea definitiva, libro póstumo’, ‘Los versos del eunuco’ (Premio Hiperión de Poesía, 1986), ‘Los hábitos del artillero’ (Premio Rey Juan Carlos I de Poesía, 1990), ‘De mí haré una estatua ecuestre’ y ‘Amor mi señor’; y como prosista tampoco anda manca la señora: ‘El somier’ (finalista Premio Herralde, 1990), ‘La fiebre amarilla’, ‘El secreto de la lejía’ (Premio Azorín, 2001), ‘Viajes con mi padre’, ‘Podría hacerte daño’ (Premio de Narrativa Torrente Ballester) y el volumen ‘Diario de los años apresurados’, un recopilatorio de sus escritos en la prensa diaria. Y en segundo lugar, la cantidad de elogios que había escuchado y leído sobre ella.

Pues bien, como dije líneas arriba, ‘La segunda mujer’, Premio Biblioteca Breve 2006, ha pasado por mis ojos sin pena ni gloria, con más de lo primero que de lo segundo. Va la cosa de la relación entre una joven escritora de 26 años, Julia Varela, gallega, cómo no, que anda cosechando sus primeros éxitos, y un crítico de arte que le dobla la edad, Gaspar Ferré, catalán (llama mi atención la supresión de la letra erre al final de este apellido, sustituida por un expresivo acento ortográfico).

Quizá porque intuía por dónde andarían los tiros (la cosa tenía forzosamente que acabar mal), empecé a leer cómo esta pareja se enrollaba recíprocamente. Ella, Julia, que buscaba no sé qué en este hombre mayor, tal vez el remedo de su padre o la protección de la madurez, santificada por la profesión del protagonista; él, Gaspar (divorciado con amante amable y comprensiva, ¿todavía quedan de ésas?), que busca algo que ella posee: su juventud y la posibilidad de rehacer su vida menos maltrecha de lo que a simple vista parece. Esta materia prima se adereza con la carrera literaria de ella, con el deseo de él de ser padre de nuevo y con la presencia de Frederic, hijo de Gaspar, casado y que pronto hará abuelo a su padre, que no acepta a la nueva pareja de su progenitor ninguneándola con desprecio inmisericorde. Como telón de fondo, pero que también desempeña un papel importante en el relato, están las familias de ambos, cuyas reacciones, especialmente las de la familia de Gaspar, son peligrosas para el equilibrio de la pareja, hasta tal punto que Julia irá sumiéndose en una situación claustrofóbica que la llevará al desastre. En su caso, nunca mejor dicho aquello de que el amor es ciego, porque ella solita, una mujer aparentemente resuelta e inteligente, se mete en la boca de lobo. Pero Gaspar tampoco tiene desperdicio, porque después de conseguir de ella todo lo que se propone (convivencia, matrimonio y descendencia) reacciona de una manera desde mi punto de vista impensable en una persona de su formación y condición social.

Ya sé que vivimos momentos difíciles para la vida en pareja o en familia y no dudo que existan especímenes como estos dos seres humanos, pero no deja de llamarme la atención su evolución, llena de contradicciones entre su aparente modo de ser y sus comportamientos reales. No les voy a anticipar el final para que puedan descubrir hasta donde llegan estos dos personajes en sus desatinos.

Por cierto, algunos “vocativos cariñosos” se me antojan extraños, sobre todo cuando ella le dice a él, o viceversa, aquello de “amor mío” o “mi amor”. Ignoro la causa, pero estas palabras, tal vez sea intención expresa de la autora, entre Julia y Gaspar se me han antojado huecas, falsas y, sobretodo, artificiales.

Leer ‘La segunda mujer’ ha sido para mí como beber agua. Y ya se sabe lo que ocurre con el agua: que se elimina y no deja poso, algo que sí sucede con los buenos vinos (lo de dejar poso, digo). En un momento de la novela, Pedro Hermida, un amigo de Julia Varela, le advierte: “Si te pones en sus manos tú eres la secuestrada. Te va a secuestrar de tu vida, de tu tiempo, de tu alma”. Pues, salvando las distancias, algo así me ha ocurrido con esta lectura: me han secuestrado una parte de mi tiempo, pero no de mi alma. ¡Menos mal!

En fin, me duele que, una vez que decido leer la novela galardonada con el Premio Biblioteca Breve 2006, un concurso literario de tanto prestigio, la cosa no me haya funcionado. Y lamento también que mi primer encuentro como lector con Luisa Castro no haya sido todo lo satisfactorio que hubiese deseado. En fin, ojalá tenga más fortuna la próxima vez. Eso espero.

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‘La segunda mujer’, de Luisa Castro. Editorial Seix Barral, año 2006. Precio: 17,00 euros.

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