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Opinión
Etiquetas:   Artículo opinión  

Rusia y el problema de la inmigración

Andrey Kolesnikov
Redacción
lunes, 4 de septiembre de 2006, 05:05 h (CET)
La mano de obra será el recurso más escaso en Rusia a corto y mediano plazo. A partir de 2007, la población activa de este país entrará en una curva descendente, aparte de que el saldo demográfico ya es negativo, del nivel anual del 0,6%. Se calcula que en las dos próximas décadas Rusia habrá perdido a 18 millones de personas, y la única manera de compensar esa falta de recursos laborales es a través de la inmigración porque los incentivos que el Gobierno ha anunciado para incrementar la natalidad surtirán efecto sobre el mercado del empleo dentro de muchos años. Según diversas evaluaciones, Rusia necesita entre 700.000 y un millón de inmigrantes laborales. A juzgar por esas dimensiones, ya no se trata de seleccionar la mano de obra cualificada sino promover una inmigración en masa, no necesariamente representada por los rusos étnicos residentes en los países de la ex URSS. La diáspora rusa podría aportar como máximo 4 millones de personas, y encima habrá que competir por este recurso, que no tardará mucho tiempo en agotarse, con las naciones de la Europa del Este o Kazajstán. También es probable que muchos rusos étnicos se abstengan de repatriarse, puesto que no lo hicieron en la década del 90 ni en los albores de este siglo: son demasiado altos los riesgos, aparte de que muchas personas se sienten más cómodas en los lugares de su actual residencia.

Lo anterior significa que Rusia, más que tolerar la inmigración en masa, se verá obligada a incentivarla, en primer término, simplificando los trámites legales para la adaptación de los forasteros. Numerosos economistas y demógrafos ya dan por inevitable una amnistía en materia de la inmigración.

El problema presenta también otro aspecto: la inmigración provoca una oleada de xenofobia en Rusia sin que nadie se acuerde de que a los inmigrantes les toca hacer el trabajo más sucio, despreciado por la población autóctona, y que no tienen ninguna posibilidad de superar el aislamiento étnico, pues nadie se preocupa por su adaptación cultural. Pero, tarde o temprano, Rusia tendrá que desarrollar una labor preventiva contra la xenofobia y promover la tolerancia.

¿Por qué así? Al país le espera en el futuro una grave crisis de identidad nacional. No es algo propio del contexto ruso. Lo mismo pasa en EE.UU. que, en lugar de hacer frente a la ‘hispanización’, haría mejor absorbiendo los ‘genes de la migración’ en su futura cultura nacional.

En las condiciones de Rusia, esa crisis podría tener consecuencias desagradables, a menos que se sepa gestionarla bien: los políticos que explotan la fraseología nacionalista se vuelven cada vez más populares. Hallar un equilibrio adecuado en lo étnico y en lo cultural, asegurarse la mano de obra necesaria y evitar las conmociones políticas, son tareas cuya solución debería abordarse ya.

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Andrey Kolesnikov es columnista de RIA Novosti.

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