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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Las revelaciones divinas del Cerdo

José Luis Palomera
Redacción
lunes, 4 de septiembre de 2006, 05:05 h (CET)
Y digo el “cerdo” por falta de espacio en el título peladura, y “divinas” por la divinidad de sus ajamonadas carnes... Siendo justo, también otros animales, vegetales y minerales son causa y favor de las revelaciones pensativas que en mi caso expongo al mundo, y en todas las facultades pensativas de la humanidad.

Todo pensamiento humano se lo debemos a la ingesta de otras energías vivas, repito, todo pensamiento humano proviene del alimento que tomamos. Somos el animal que mayor diversidad de energías engulle, de ahí nuestra ventaja en sabiduría sobre los demás seres vivos. Esta afirmación, que me ha sido revelada por la mente -adiposa masa cerebral que necesita de energía viva para su función- es la realidad de lo que somos y las consecuencias que nos hacen ser así.

Cuando científicos de todo el mundo han revelado que la diferencia entre la cadena genética de un ser humano y un insecto es prácticamente similar, no queda más discusión que la de los cobardes Aquellos que aunque viendo realidades como universos, se agarran a la fe, con el único objetivo de engañarse a sí mismos, efecto placebo que les obsequia con sus muertes entre coros de Ángeles y cielos celestiales.

Comprendo que nadie se suelte de su fe, ya que ésta les brinda en muerte el placer de estar vivos. Lo comprendo, es muy difícil de aceptar lo que verdaderamente somos y no echarnos a llorar por el engaño sufrido. Yo lo he aceptado porque ninguna fórmula me da otra lógica, sin embargo, el hecho de aceptar que somos lo que somos debido a las combustiones terrenas, no me quita ni dios ni cielo que no tengan los demás, aunque entiendo que soy energía Terrena y ésta cósmica, mi felicidad es eterna.

Veamos, yo no puedo ser lo que yo desee ser, seré lo que me abrigó para nacer en ser, es decir, todo el cosmos en su conjunto, luego soy cosmos, y no puedo ser otra cosa, la suerte del cosmos será mi suerte y además, soy feliz de que así sea, no deseo más madre para morir o nacer de la que me engendró, el Cosmos.

Buscar paraísos celestiales jamás vistos o comprobados es despreciar a la madre que nos dio la vida, no deseo más reinos que mi reino, ni más muerte que mi muerte, ni más casa que mi casa, si soy energía, lo seré siempre de una u otra forma, si he de desaparecer, eternamente desapareceré con la madre cósmica que me dio la vida. No tengo miedo al más allá ya que de allí vengo y allí iré sin remisión alguna.

Ahora bien, hay algo que sí estoy obligado con el Cosmos ,ese algo es usar las prebendas que me otorgó, para hacer Cosmos, es decir, hacer vidas y no eliminarlas.

El peligro de que la Tierra alcance un percance en la velocidad de la materia, es más que posible, nuestra obligación es procurar vidas ya que no hemos nacido para otra cosa, la cadena no se debe romper sin queremos aprovechar la virtud que el cosmos en su azar nos otorgó.

Nosotros, los actuales vivos, somos la cosecha que dejaron otros con sus muertes, cosecha que a base de propios exterminios, confusiones y llantos, ha ido creciendo cual tallo que apunta al cielo, hoy nuestra cosecha ha de apuntar al infinito en busca de una nueva casa y un pequeño paso en busca del origen de todo acontecer cósmico.Continuar con ancestros dioses, extintas razas, ancestrales batallas e historias, es cavar la tumba a toda la humanidad que también merece un abrigo Terreno para vivir.

Todo lo aquí expuesto me fue revelado, por la carne de cerdo que comí, la de la vaca, el pez, la fruta, el repollo, el agua y el pan... Y nadie, absolutamente nadie, puede demostrar lo contrario, ya que mentiría. Somos lo que comemos y nuestra masa cerebral es como es y alcanza pensamiento, gracias a las grasas, vitaminas y nutrientes que nos proporcionan otros seres vivos.

El ser humano es hoy el ser más sabio, no confundir con inteligente, gracias a la variedad de su alimentación. Si por poner un ejemplo, el ser humano no fuera carnívoro, su masa cerebral no sería la misma, luego su pensamiento tampoco...

Entienden ahora el por qué digo que mi pensamiento, del cual parten estas palabras, me ha sido revelado por un cerdo..., sí, un cerdo, animal de una carne divina.

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