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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Virus escolares imprescindibles

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
lunes, 4 de septiembre de 2006, 05:05 h (CET)
¿Un curso escolar más? Hablemos hoy con renovada ilusión sobre el nuevo reto en ciernes. Con grandes pinceladas, la enseñanza se pone en marcha como todos los años. Siendo un poco más incisivos, topamos con las insuficiencias, la violencia o el adocenamiento, junto a las dificultades inherentes a todo plan educativo; unas lógicas y otras lamentablemente ilógicas. Intentemos inocular algún virus con efectos positivos sobre todo el proceso.

Las dificultades y la inseguridad representan en cada época un estímulo importante; desde él, con esfuerzo e inteligencia, se lograron y transmitieron logros inolvidables. Hoy, los retos se renuevan, pero la actitud de vencerlos persiste ante todos ellos. Es como la consagración de la tan orteguiana RAZÓN VITAL de imprescindible vigencia.

Son muchas y pronunciadas las aristas con las que nos rozamos en el decurso de los años. Son ENCUENTROS inevitables, y exigen una reacción. Al descubrirse una solución, se incrementan las posibilidades, aumenta la complejidad y surgen nuevas incógnitas. Si echamos un vistazo a la biología o a la ciencia en general, cada avance provoca nuevas discusiones y decisiones. ¿Dónde ubicarnos ante cada reto? ¿Cómo afrontarlo? Cada faceta de la vida origina planteamientos similares. No se trata de una simple suma. Los niveles educativos nos aproximan a esas cuestiones, ¿Con más brumas o con luces? ¿Nos ayudarán a salir con buena cara de esos encuentros?

Desde muy pequeños se fraguan las trayectorias personales, en calidad de ese PROYECTO de VIDA característico de los humanos. Si carecemos de esas trayectorias y proyectos, permanecerá muy deslucida la persona, semejando auténticos títeres o caricaturas. No obstante, se requieren unas condiciones mínimas para tales planteamientos. Una es el aprendizaje, en eso estamos hoy; son ideas de gran repercusión y deben plasmarse en una enseñanza que se precie, el entramado consciente de una trayectoria exige actividad preparatoria. El segundo requerimiento gira en torno a las condiciones de libertad. Sin ellas no es posible el proyecto autónomo, quedando como gregarios serviles ante ideologías, prebostes y cantamañanas demagógicos. Se trata de un primer nudo a desenmarañar, ya desde la educación en las escuelas.

La respuesta mediocre es tentadora. Por una lógica triste, la demanda social no repara en cualidades señeras; procura unos ciudadanos acomodaticios. Un patrón común no puede elevarse demasiado, ya que debe incluir a los esforzados y a los pasivos. A esto se añade el tono peyorativo de las directrices ligadas a la docilidad; al grueso de la organización social no le vienen bien posturas selectas, peculiares y discutidoras. Con esto y el gran dominio hedonista, deviene en pura elucubración eso de un esfuerzo cualitativo.

Sería conveniente un mayor énfasis en ciertas áreas de conocimiento, para oponerse a las distorsiones ambientales. Veamos a título de ejemplo, ¿Qué hacemos con los DATOS CONCRETOS?. Mal nos iría si acumulamos un extensa serie de datos sin labores analíticas para su asimilación. Pero, ¡Aún nos va peor!, ahora ya se prescinde de los datos, basta con las opiniones, tengan o no fundamento. El valor del dato y el análisis consiguiente es un aprendizaje que debe reforzarse.

Con respecto al LENGUAJE, las informaciones decepcionan. Cada vez resulta más deficiente la capacitación para entender textos, conceptos, clásicos, etc. La imprecisión de los vocablos prolifera, no digamos la corrección gramatical. Se prefiere el lenguaje estereotipado de signos y contraseñas. Y sin lenguaje preciso, tampoco lo serán las ideas.

Existe una de estas áreas que no siendo nueva, mantiene una preponderancia nefasta en sus repercusiones sociales. Uno puede partir de las acciones del GAL, referirse a ETA, Marbellas de aquí y de allá, sexo, drogas o infinidad de cuestiones. ¿Qué subyace en el tratamiento de esas realidades? Se trata de la BANALIDAD con que afrontamos los hechos. Todo lo más, conocemos el concepto aplicado al nazismo por Hannah Arendt. Si hablábamos de precisión, también debemos aplicarla al deslindar responsabilidades, habrá culpables de grueso calibre, pero no conviene escurrir el bulto propio (votos, apoyos, silencios, partidismos), con frecuencia contribuimos a esa mala práctica. Interesa recordarlo desde las escuelas.

Inquietudes o tendencias, planes de estudio y esfuerzos, debieran abrirse a las cualidades de cada alumno, favoreciendo la libertad intelectual y con ella la creatividad. La excesiva estructuración de los planes poco flexibles propende a una estrechez de horizontes poco sugestiva. La fijación de unos objetivos inamovibles en la enseñanza contrae otra perversión añadida, favorece la manipulación desde los poderes públicos.

Sería más difícil el manejo cuando existieran más adaptaciones a las PECULIARIDADES del alumnado. No olvidemos que el auténtico saber no se tergiversa con facilidad; me adhiero al fragmento poético de Pilar Paz Pasamar: "Oh, sí, no tiene precio, / ella es gratuita; / quitadle la etiqueta, ella no está en el lote. / No se echa a suerte. No se vende, / Es la sabiduría."

Cuando queramos promover el pensamiento, no debemos olvidar las cualidades mencionadas por Seymour y tantos otros. La suposición inteligente, la hipótesis, el salto valiente hacia las conclusiones provisionales, como monedas valiosas de cara a la educación. Mas esto se lleva mal con planes anquilosados y estrictos.

No convendrá discutir un plan de mínimos. Ahora bien, desde ese preámbulo, me acogería a los famosos MEMES de Dawkins -Unidades de transmisión de ideas o conceptos-. Con el anhelo de conseguir esa palabra, esa frase, aquellas ideas, que como auténticos virus pudiéramos inocularlos para fomentar el espíritu crítico necesario. Las desventuras referidas, dejadas a su devenir, no es presumible que se corrijan.

Un buen virus, siguiendo la línea de Dawkins, deberá ser egoísta, fiel, capaz de reproducirse y de durar. ¡Ah!, pueden ser buenos o malos. ¿Cómo conseguiremos los virus benefactores? Hemos de infiltrar el placer del conocimiento y la transmisión de lo mejor, alejados de tantas influencias hipócritas como solemos apreciar.

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