Quantcast
Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto. Noticias y opinión
Sueldos Públicos Viajes y Lugares Display Tienda Diseño Grupo Versión móvil

Opinión

Etiquetas:   Con permiso   -   Sección:   Opinión

Necesitamos regular la inmigración

Pedro de Hoyos
Pedro de Hoyos
@pedrodehoyos
lunes, 4 de septiembre de 2006, 05:05 h (CET)
Al Gobierno se le está empezando a ir de las manos el problema de la inmigración. O al menos el de la inmigración ilegal. Son demasiados miles de inmigrantes en demasiado poco tiempo como para no poder prever el colapso de los servicios del Estado, son demasiadas vidas en juego para no darse cuenta del inmenso drama de los cayucos y pateras. Algo habrá que hacer y el Gobierno todavía no parece saber qué. Al parecer tanta llamada a la Unión Europea no ha servido de mucho, tanta fragata de vigilancia parece una historia chusca y tanta devolución fallida de inmigrantes, una historia para no dormir.

Necesitamos inmigrantes, necesitamos personas que se hagan cargo de aquellos trabajos difíciles o peligrosos que nosotros ya no queremos hacer, necesitamos personas que renueven nuestros abandonados pueblos, necesitamos trabajadores que coticen a la Seguridad social, necesitamos que contribuyan, como están haciendo, al aumento del PIB. Pero hay que poner un orden en todo ello, no se puede asaltar sin más ni más un Estado de bienestar porque se destruye y sin él no hay nada para nadie, sólo la Ley de la selva lo sustituye.

Tanta regularización tras regularización y la sensación de que pronto va a haber otra, de que aquí cabe todo el mundo, han constituido un poderoso efecto llamada, es una clara sensación que ya no se puede negar. Los gobiernos, todos ellos aunque unos más que otros, se han equivocado y han pecado de demagogos y de poca visión de futuro. Pero hay otro efecto llamada más poderoso, el del hambre, el de la injusticia, el derecho a la educación, a la atención sanitaria, al acceso a la buena vida que tiene todo ser humano. Ése es el verdadero y nada desdeñable poder que tanto atrae a quienes no tienen nada que perder. Mientras las naciones no se tomen este drama en serio, mientras no se crean que se puede evitar seguirá habiendo inmigrantes que se jueguen la vida en una noche oscura sobre un mar embravecido y misterioso. Mientras no exista un comercio justo, mientras gobiernos del primer y del tercer mundo no se pongan de acuerdo en la gravedad de la situación ningún remedio ni ninguna autoridad podrá poner fin a esta situación de dolor.

Necesitamos inmigrantes, pero más aún necesitamos otra política de inmigración, necesitamos saber cuántos inmigrantes tenemos, cuántos necesitamos y a cuántos podemos proporcionar el amparo del Estado sin que se desmorone. Y necesitamos una política no improvisada que lo dirija todo ello desde el principio hasta el fin. No sirve el “Todo vale”, tiene que haber unas normas de las que hasta ahora carecemos. La torpeza del PP nunca vio las orejas a este lobo amenazador y el PSOE tuvo hace poco una buena oportunidad de regular cuanto nos está sucediendo; con una mayoría parlamentaria seriamente apoyada por el pueblo que le votó pudo haber regulado todo esto con visión de futuro, pero dejó pasar la oportunidad en pro de un bobo dontancredismo propio de una izquierda tan sorprendida de estar en el poder como encantada de haberse conocido.

En Castilla hay pueblos cercanos a la desaparición, pueblos que no llegarán a la siguiente generación, comarcas enteras a punto de poner el cartel de cerrado por defunción. Los problemas demográficos causados por el abandono y las políticas industriales de gobiernos sucesivos se ceban en nuestra desgracia poblacional, la emigración y el envejecimiento, y sólo una apropiada política de inmigración que aporte nueva sangre a nuestros campos y a la escasa industria que todavía no ha huido a la periferia (véase el caso de Fontaneda, reedición del anterior problema de la industria lanera, por ejemplo), que sepa mantener las infraestructuras todavía existentes y proporcionar los servicios necesarios, puede llegar a salvar grandes zonas de nuestro país, convirtiendo la necesidad en virtud.

Los gobiernos autonómicos deben participar activamente de las políticas de inmigración e integración, son imprescindibles, deben redistribuir las poblaciones conforme a las necesidades y servicios existentes, supervisando y regulando un proceso que si no se puede parar al menos necesita ser llevado por cauces que el Estado y la sociedad puedan resistir.

Noticias relacionadas

Xavier Domenech, ni una cosa ni la otra

Perfiles

Reinicio del Sporting

La plantilla del Sporting representa también a Gijón

Penumbras cuánticas

La farándula nos hipnoyiza si no prestamos atención a las conexiones perversas que subyacen

Rajoy, el francés Valls, Piqué y Cataluña

Los tres se ocuparon de ella

Leticia esclava de su imagen y aguijonazos electorales

“Con los reyes quienes gobiernan son las mujeres y con las reinas son los hombres los gobernantes” Duquesa de Borgoña
 
Quiénes somos  |   Sobre nosotros  |   Contacto  |   Aviso legal  |   Suscríbete a nuestra RSS Síguenos en Linkedin Síguenos en Facebook Síguenos en Twitter Síguenos en Google Plus    |  
© Diario Siglo XXI. Periódico digital independiente, plural y abierto | Director: Guillermo Peris Peris