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El hito de Rita

Rafa Esteve-Casanova
Rafa Esteve-Casanova
@rafaesteve
lunes, 4 de septiembre de 2006, 05:05 h (CET)
Dentro de unos días se cumplirán dos meses de la visita de Benedicto XVI a la ciudad de Valencia y a pesar del tiempo transcurrido todavía quedan vestigios de su paso por la ciudad. Por un lado muchos hosteleros siguen vendiendo el material que almacenaron para el evento, pensando hacer el agosto en julio, y que no vendieron ya que los peregrinos ni fueron tantos como se anunciaron ni gastaron lo que, también se dijo, iban invertir en dispendios festivos. Por otro lado desde algunas partes de la ciudad todavía es visible la enorme cruz de cuarenta metros a los pies de la cual se alzaba el altar donde Su Santidad oficio una misa solemne. Esa cruz, lo mismo que el resto de las instalaciones tenían un carácter efímero. Una vez transcurrido el evento y con el Papa de nuevo en sus estancias vaticanas debía ser desmontada y retirada del lugar en que se colocó ya que no tiene sentido alguno dejarla en un sitio en el que, desde alguna perspectiva tapa la vista de la Ciudad de las Artes y las Ciencias.

Llegó el mes de Agosto, mes propicio al veraneo y la molicie, y, como siempre, nuestra alcaldesa Rita Barberá dejo los despachos de la Plaza del Ayuntamiento para tomarse su merecido descanso. Eso si, la ciudad no se quedó sin cabeza visible y tomó el mando como alcalde accidental Miguel Domínguez, del sector más vaticanista del Partido Popular junto con el iracundo diputado Martínez Pujalte y el Conseller de Agricultura Juan Cotino, tres elementos indispensables en cualquier evento religioso que se celebre en la ciudad. El edil, investido de alcalde accidental, tocado seguramente por su sentimiento religioso propuso que la blanca y enorme cruz se quedara donde había sido instalada en recuerdo de la visita papal al tiempo que proponía cambiar el nombre del puente de Montolivet, nombre elegido por los vecinos y aceptado por la corporación municipal, por el de Benedicto XVI. Una vez más los políticos del PP olvidan que estamos en un estado aconfesional.

Los vecinos y la oposición se opusieron a ambas cosas y desde el despacho del arquitecto Calatrava se levantó alguna pequeña protesta por entender que la cruz estaba fuera de planeamiento y podía perjudicar la visión de la que es, hoy por hoy, la obra emblemática del “calatravismo” en Valencia. El concejal socialista Juan Soto propuso que la cruz fuera trasladada a la parroquia que tiene que construirse en las viejas naves de la fábrica Cros y que llevará el nombre de “beatos mártires del 36”, no hace falta especificar a qué clase de muertos se va a recordar con esta nueva parroquia a instalar en la que se está convirtiendo en la zona de más alto standing de la ciudad. Dicho y hecho, los diversos partidos que forman el Ayuntamiento llegaron a este acuerdo y ya no se habló más del asunto.

Pero, al parecer, el alcalde accidental Miguel Domínguez, tenía firma pero no poderes de decisión. Fue llegar Rita Barberá de vacaciones, tomar la vara de mando y sentarse en su poltrona para variar aquella decisión tomada por todos los concejales. Doña Rita quiere un hito y así lo anunció públicamente durante una visita a las obras de acondicionamiento del Mercado Central, una joya del modernismo, el mercado no la alcaldesa. Ni tan siquiera los concejales de su grupo sabían que la alcaldesa antes de marchar de vacaciones había telefoneado al despacho de Santiago Calatrava y les había encargado el diseño de un hito para conmemorar la visita del Papa, e imagino que para grabar en la piedra aquello de “durante el mandato de Rita Barberá fue inaugurada esta piedra”. Total, que el Sr. Domínguez se quedó con el culo al aire.

Una vez más los valencianos nos encontramos con una actuación prepotente y cortijera por parte de alguna de nuestras autoridades. Sin contar siquiera con su Comisión de Gobierno la alcaldesa hace un encargo que no sabemos cuanto nos costará a los valencianos. Doña Rita quiere su hito y, no lo duden, lo tendrá. Mientras, nuestros hijos y nietos, en muchos casos, seguirán acudiendo a estudiar en aulas prefabricadas, nuestros ancianos seguirán mendigando una asistencia social digna, los transportes en esta ciudad seguirán rodeados de un tráfico caótico y desde Canal 9 seguirán adormeciendo las conciencias de los valencianos diciéndonos que vivimos en el mejor de los mundos. Pero tendremos un hito donde, en momentos de desesperación, podremos ir a darnos cabezazos.

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