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Etiquetas:   Fútbol   -   Sección:  

No es cuestión de mentalidad

José Enrique García
Jose Enrique García
domingo, 3 de septiembre de 2006, 22:47 h (CET)
Siempre que España sale de una competición importante hay quien arguye que lo que le falta es creérselo, que no puede con la presión, que había demasiadas expectativas puestas en los jugadores. No sólo pasa en fútbol; tenis, ciclismo, motor, atletismo o el mismo baloncesto… una lista demasiado larga de decepciones.

La selección de fútbol es el ejemplo más claro de fracaso continuado cada vez que se produce el cruce definitivo. Italia en el 94, Inglaterra en el 96, Francia en el 2000, Corea del Sur en el 2002 o de nuevo Francia hace dos meses dejaron a los jugadores con la mirada perdida y aguada en el centro del campo. Pero hay más: Moyá y Ferrero llegaron al número uno de la ATP y apenas aguantaron una semana en lo más alto; Olano, Beloki, Mayo, González de Galdeano no aguantaron el ritmo cuando llegaron los momentos decisivos; Crivillé siempre estuvo a la sombra de Doohan y cuando esta desapareció sólo le quedó gasolina para un año y Gibernau se hizo especialista en victorias frustradas por causas inverosímiles; mención aparte merece la sempiterna mala suerte de Carlos Sáinz –capaz de perder un Mundial a falta de 200 metros del final-; Manuel Martínez, gafado con su bola metálica cada vez que sale al aire libre; la España que hasta hoy apabulla en el Mundial fue superada por Alemania en el último Europeo, donde no estuvo Gasol.

Hablo de una selección que arrasa hasta hoy porque mientras pulso las teclas que se imprimirán en la pantalla, España prepara el partido ante Grecia, concienciándose de que también se puede ganar sin Gasol. Pau es la nueva cara del deporte en España. Es el salto de calidad. El hombre que se pasea por la pista. Al que los árbitros dan explicaciones cuando le pitan una falta. Y como Pau y la selección de Pepu –no hay que desmerecer a los Calderón, Navarro, Garbajosa, Jiménez, Rudy, Sergio, Reyes, Mumbrú, Berni, Cabezas y Marc- están Rafa, Fernando, Dani.

Paquillo o Alejandro. Es la madurez del deporte español. Pero no es una cuestión de mentalidad. Es simplemente ser el mejor. No hay quien aguante cinco horas con Nadal sobre tierra batida. Cuesta un mundo batir a Alonso hasta cuando no tiene el mejor coche. Rossi habla más de Pedrosa que de Hayden –líder del Mundial de Moto GP-. Paquillo es el más rápido corriendo sin correr. Y Valverde es una bala todoterreno cuando la meta asoma.

Si el Barcelona gana la Champions es porque tiene a los mejores jugadores, como antes los tuvo el Real Madrid. Si la selección que hoy dirige Aragonés nunca hace nada será porque no los tiene. Ganará a Liechtenstein y a Irlanda del Norte, estará entre las diez primeras selecciones según la histriónica clasificación de la FIFA y llegará a Austria-Suiza contando entre las favoritas. Hasta cuartos. No porque España no sepa jugársela en los momentos en los que un fallo te deja en la cuneta, sino porque, admitámoslo, en fútbol.

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