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Irán retorna al Asia Central

Piotr Goncharov
Redacción
sábado, 2 de septiembre de 2006, 03:44 h (CET)
Tras una pausa de varios siglos, Irán retorna al Asia Central. Para ser más precisos, emprende intentos de volver a establecerse en una región sumamente importante para él en los aspectos políticos, económicos y estratégicos. A Irán lo unen a esta región lazos históricos y culturales que hunden sus raíces en la antigüedad.

A comienzos de los años 90, inmediatamente después de la desintegración de la Unión Soviética, siguiendo el concepto oficial de su política exterior: exportación de la revolución islámica, las autoridades de Teherán emprendieron enérgicos esfuerzos por consolidar sus posiciones en los Estados centroasiáticos recién advenidos a la independencia política, tales como Tayikistán, Uzbekistán, Turkmenistán. Pero se llevaron un chasco.

Sin embargo, cabe reconocer que los dirigentes iraníes no tardaron mucho en evaluar objetivamente la situación y sacar las lecciones pertinentes para no volver a “exportar” las ideas islamistas al Asia Central. También aprendieron muy bien que los nuevos Estados centroasiáticos estaban interesados en promover ante todo las relaciones económicas con los mayores países regionales y asiáticos, sobre todo cuando tal cooperación iba acompañada de apreciables inversiones, pero sin menoscabar sus relaciones con las naciones europeas y, sobre todo, con Rusia y Estados Unidos.

Este es el punto de referencia de la política que practica en el Asia Central el actual presidente de Irán, Mahmud Ahmadinejad. Un palmario ejemplo de ello fue la visita que a finales de julio realizó a Turkmenistán y Tayikistán. Fue el primer periplo oficial del actual mandatario iraní a esta zona. El hecho de que se haya limitado a los dos países arriba mencionados no ha sido nada casual. Por el volumen de inversiones en la economía de Tayikistán Irán ocupa el tercer lugar después de Rusia y China. Por los intercambios comerciales con Turkmenistán ocupa el segundo lugar después Rusia.

Ahmadinejad alcanzó nuevos logros. Durante las negociaciones en las capitales de Turkmenistán y Tayikistán se acordó la ejecución de varios proyectos industriales y comerciales de indudable valor económico ante todo para los socios de Irán, mientras que para las autoridades de este país tiene mayor importancia su aspecto político.

Con Turkmenistán, el mayor productor de gas natural en Asia Central, pero carente de la infraestructura indispensable para su exportación, se acordó el aumento de los suministros de gas a Irán. Cabe señalar que los términos del acuerdo son muy ventajosos para Turkmenistán, pues estipulan el aumento de suministros de 5 a 14 mil millones de metros cúbicos hacia 2007 y la subida paralela del precio de gas en más del 50%.

Por lo que a la participación en los proyectos económicos turkmenos se refiere, Irán es un indudable líder. Aparte del tendido del gasoducto Turkmenistán-Irán, con la participación de compañías iraníes ya se pusieron en funcionamiento varias importantes obras de la economía turkmena.

¿Qué dividendos políticos saca Teherán? En Ashjabad, el primer mandatario iraní, sin lugar a dudas, se aseguró el apoyo de su homólogo turkmeno, Saparmurat Niyazov, respecto al programa nuclear. Pero el logro fundamental es el apoyo de Niyazov a la celebración en Teherán de la segunda cumbre de los Estados del Caspio (Azerbaiyán, Irán, Kazajstán, Rusia, Turkmenistán). Además, en el comunicado conjunto los mandatarios de Turkmenistán e Irán declararon que “no permitirán usar” los territorios de sus países el uno contra el otro.

Estos aspectos revisten una importancia de fondo para Teherán. La celebración en la capital iraní de un foro tan representativo como la cumbre de los Estados del Caspio no sólo contribuiría a robustecer el prestigio internacional de la actual Administración iraní sino también a relajar la tirantez surgida en torno al programa nuclear de este país. En cuanto a la declaración conjunta de no permitir el uso de sus territorios nacionales el uno contra otro, cabe tener presente el interés mostrado por EE.UU. hacia el aeródromo militar en la ciudad turkmena de Mary, ubicada muy cerca de la frontera con Irán.

No menos relevante es la presencia de Irán en Tayikistán. Se celebró el contrato de construcción por compañías iraníes de un túnel en montañas que unirá la frontera tayika con la parte sureste del país y también con Afganistán y China. El precio de la obra es de 50 ó 60 millones de dólares USA. Irán asimismo asumió el compromiso de concluir la construcción de la segunda fase de la central hidroeléctrica de Sangtudin, invirtiendo en este proyecto $220 millones. Irán ya invirtió $ 31 millones (de ellos, $10 millones, a fondo perdido) en la construcción del túnel de Anzob, la única carretera en Tayikistán que une las partes norte y sur del país.

Pero el episodio más importante de la visita realizada por Ahmadinejad a la capital tayika fue, quizás, la reunión sostenida con los presidentes de Afganistán y Tayikistán. Los líderes de estos tres Estados, unidos por una historia y cultura en muchos aspectos comunes, lenguas, tradiciones y usos parientes, se pronunciaron a favor de la integración económica, cultural y social en tanto proceso lógico que responde a los intereses nacionales de los tres países.

Irán mantiene posiciones bastante sólidas también en Kazajstán y Kirguizistán. Sólo Uzbekistán queda por el momento al margen de la expansión económica iraní. Pero esta situación no tardará en cambiar. La razón de no haber podido Irán hasta el momento establecerse en Uzbekistán es la bien comprensible precaución del presidente Islam Karimov respecto a los regímenes marcadamente islamistas y las recientes estrechas relaciones políticas de este país con EE.UU. Pero la amistad con Norteamérica ya está en el pasado, y por lo que a las eventuales amenazas del extremismo islámico se refiere, en Asia Central goza Irán de la reputación de un país siempre dispuesto a ayudar a otros en la lucha contra este mal. De otro lado, Ahmadinejad evidentemente posiciona Irán en Asia Central no sólo como potencia regional sino también como Estado laico.

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Piotr Goncharov, para RIA Novosti.
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