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Etiquetas:   Entrevista   -   Sección:   Entrevistas

'El género policial domina hasta tal punto la literatura contemporánea que casi se ha hecho invisible'

Pablo de Santis,  escritor
Gabriel Ruiz-Ortega
jueves, 19 de octubre de 2006, 02:09 h (CET)
Gabriel Ruiz-Ortega / Siglo XXI. Pablo de Santis es un escritor que no sólo es respetado y conocido en Argentina. Hablar de De Santis es referirnos a un narrador que ha sabido fusionar muy bien la experiencia de vida con un legado libresco que se deja notar en sus muy buenas novelas. Estamos ante un autor imprescindible.




Pablo de Santis
Eres amante de uno de los referentes de la cultura de masas: el cómic. Sin embargo, tus novelas, Filosofía y Letras, y la Traducción, tienen componentes literarios claves en el desarrollo de las respectivas tramas. ¿Qué es lo que te atrae de estos referentes?

Siempre me gustaron las intrigas literarias, como las que hay en Borges o en Henry James. Me es más fácil pensar en móviles intelectuales para el crimen, que en el dinero. No es que no me haya faltado el dinero; pero me ha parecido mejor que la motivación del crimen sea la pasión intelectual o el amor.

También eres escritor de novelas juveniles. En esta clase de libros lo que importa es el argumento, mas no el estilo, esto a razón de tener enganchado al lector. ¿Qué es lo que te llevó a escribir estos libros de aventura?

Empecé a escribir libros para jóvenes cuando dejé de hacer historietas. Mi primera novela para adolescentes, Desde el ojo del pez, apareció en 1991; era una típica novela de iniciación, que hubiera podido ser publicada en cualquier colección de literatura adulta. El protagonista era joven, pero no necesariamente el lector.  Contaba la historia de Max, un muchacho que venía del interior a vivir a Buenos Aires, y se instalaba en un edificio en ruinas, sin ascensor, y que estaban a punto de demoler. Era un libro donde estaba muy presente la Buenos Aires de ese entonces, y también mis propias experiencias, mis primeros trabajos, la dificultad para entrar en el mundo.

Recuerdo por ejemplo que, cuando de joven cobraba mi sueldo, lo primero que hacía era llenar la alacena de latas de comida y me quedaba mirándolas, feliz de haber terminado con los estantes vacíos. Ese es un libro sobre la soledad de la juventud. Las plantas carnívoras (1995), que acaba de salir en España, continuó un poco el estilo de esta novela: su protagonista vive en departamentos que están en venta, de tal manera que tiene que cambiar de lugar cada dos o tres días. Tiene que llevar lo mínimo consigo, de tal manera que va dejando sus libros en bancos de plaza o en bares.

Tienes una trayectoria marcada por distintas facetas e intereses. Has escrito guiones para programas televisivos, crítica sobre cómic, y has escrito cómics, también. ¿Quién o quiénes han sido tus referentes en cómic?

Escribí historietas entre mis veinte y mis veintiocho años, más o menos; después, no he vuelto a hacerlo. Mi paso por la historieta estuvo muy ligado a la revista Fierro. Esta revista, creada por Juan Sasturain, -guionista y escritor- nació en 1984, cuando comenzaba la democracia en la Argentina. Fierro era una revista moderna de historietas, un poco a la manera de Cimoc y de Zona 84 en España, o de Methal Hurlant en Francia. Era una época de mucho fervor cultural, y Fierro ocupó un lugar fundamental: en sus páginas reunió a los autores que se habían ido del país junto a los que recién empezaban; juntó a la historieta con el cine de culto, con la literatura policial y de ciencia ficción; también puso en primer plano la figura de Héctor Germán Oesterheld (que fue el guionista más importante de la Argentina, desaparecido durante la dictadura militar). Yo tenía 21 años cuando Fierro comenzó; ahí nomás gané un premio de guión y comencé a colaborar, escribiendo historietas para Juan Pablo Gonzalez (Max Cachimba). Más adelante me convertí en jefe de redacción de la revista, hasta que cerró a fines del 92, durante una de las periódicas crisis de nuestro país. En cuanto a referentes, pondría la obra de Héctor Germán Oesterheld, en especial dos de las historietas que hizo junto a Alberto Breccia: ;Mort Cinder y Sherlock Time. Dos historietas oscuras, fantásticas, brillantes. También me ha gustado mucho Perramus (Sasturain-Breccia) y entre los jóvenes, la obra total de Max Cachimba (desde fines de los ochenta escribe sus propios guiones). Entre otros historietistas argentinos, nombraría a los guionistas Carlos Trillo y Ricardo Barreiro, bien conocidos en España, y a la dupla Muñoz-Sampayo, autores de Alack Sinner.

Volviendo a tu etapa de escritor de novelas juveniles, ¿en cuánto te ha ayudado esta para escribir tus futuras novelas?

Tengo opiniones muy cambiantes sobre mis propios libros, pero en mi cabeza no los separo entre libros de adultos (importantes) y libros para jóvenes (menos importantes). Por ejemplo, El inventor de juegos (que ha aparecido hace poco en España) es uno de mis libros más personales. Sé que aprendí a encontrar mi propia voz a través de los libros juveniles, que sigo escribiendo con total dedicación.  Yo creo que poco importa el primer horizonte de lectura de un libro (si sale en una colección de tapas amarillas o grises, si es una literatura policial, si es un best seller, novela juvenil o lo que fuese) : las limitaciones las ponemos nosotros, los escritores, no los géneros. Hay obras maestras de la literatura en casi todos los géneros y estilos.

La persona del escritor como personaje de ficción está siendo considerada por parte de algunos narradores latinoamericanos. Hay novelas importantes que han explorado este tópico, otras no tanto. Los personajes de tus novelas La traducción y Filosofía y Letras también son escritores. ¿Crees que la vida del escritor puede ser sumamente interesante como para explorar su mundo tan lleno de contradicciones e incertidumbres?

Creo que si uno se toma en serio al escritor como personaje, no hay nada menos interesante. ¿Qué podemos contar a los demás sobre nuestro oficio? No hay otra ocupación en el mundo que llame menos la atención. Estamos encerrados escribiendo, a veces firmamos libros en ferias del libro, siempre se acerca a alguien nos ha confundido con algún autor de libros de autoayuda. ..Y después las mesas redondas, siempre aburridas, iguales en todo el mundo, con algún plomo entre el público que, con la excusa de hacer una pregunta, perora durante horas...Soñamos con héroes, pero no somos héroes. Hasta nos da verguenza decir que somos escritores. Y si nos animamos, entonces nos dicen: Ah, sí...¿pero de qué trabaja?

El género policial está presente en tus novelas. También es un género calificado arbitrariamente como menor. ¿Cuál es el referente que tienes en este género?

El género policial domina hasta tal punto la literatura contemporánea que casi se ha hecho invisible. Ya todas las novelas son policiales, y de una variante en particular: el crimen en serie. Durante la adolescencia, leí mucho a Agatha Christie; después a los norteamericanos. Ahora sigo con mucha atención a aquellos autores que han hecho del policial una especie de pesadilla: James Ellroy, el suizo Friedrich Durremat, John F. Bardin. En cuanto al policial en español, nombro algunos cuentos y novelas: La muerte y la brújula, de Borges; Los crímenes de Oxford, Guillermo Martínez; La tempestad, Juan Manuel de Prada; Beltenebros, Antonio Muñoz Molina; Los que aman, odian, Adolfo Bioy Casares y Silvina ocampo; La pesquisa, Juan José Saer; Satanás, Mario Mendoza. Gonzalo Carranza, un escritor argentino, publicó una breve novela que me parece una maravilla, ambientada en la Buenos Aires de los años cuarenta: El sistema de huida de la cucaracha.

Hay un joven escritor valenciano que me gusta mucho y que está a mitad de camino entre el policial y el fantástico: Luis Manuel Ruiz.  Entre los clásicos, Gilbert K. Chesterton, que nos recuerda que el policial es en esencia una de las formas del humor.

¿Cómo nació La traducción?

Tuve la idea muchos años antes de escribir la novela. A Borges le gustaba citar una frase de Chesterton (de El hombre que fue jueves): "una torre cuya sola arquitectura ya es malvada". Imaginé entonces una lengua cuya sola gramática ya fuera malvada; una lengua hecha para hechizar, para matar, que encerrara una maldición en su misma estructura. Luego vino lo demás: el congreso de traductores, el melancólico protagonista, un hotel en una playa del sur...

¿Cómo es tu método de escritura?, ¿te impones un horario o manda la inspiración?

Escribo desde el mediodía hasta el atardecer, en un pequeño departamento que está cerca de mi casa. Por la ventana veo las vías del tren que van hacia el oeste.  Hace muchos años viví en este mismo departamento, por el que siento mucha simpatía. Me encanta el ruido del tren. Por la ventana se ven, además de las vías, el estadio del Club Ferrocarril Oeste, el equipo de mi barrio, Caballito, que antes estaba en primera y que llegó a ser campeón, pero que luego descendió.

¿Cuánto de ti tienen tus personajes Esteban Miró (Filosofía y Letras) y Miguel de Blast (La traducción)?

Ningún elemento biográfico. Nunca fui traductor, ni trabajé en la facultad; empecé a trabajar muy joven como periodista. Pero si en la forma entre irónica y melancólica de ver el mundo.

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