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Etiquetas:   Carta al director  

Proclamar la verdad

Francisco Arias Solís
Redacción
jueves, 31 de agosto de 2006, 03:37 h (CET)
“No he de callar por más que con el dedo
ya tocando la boca o ya la frente
silencio avises o amenaces miedo.”


Quevedo

La generación del 98, tres siglos después, alza idéntica bandera que Quevedo: decir la verdad. A principios del siglo XX, Machado, Unamuno, Azorín, Baroja, Valle-Inclán, escribirán, los párrafos más crueles y desgarrados que nuestra literatura conoce. Hacia 1902, Antonio Machado escribe versos como estos: “Y es hoy aquel mañana de ayer... Y España toda, / con sucios oropeles de Carnaval vestida / aún la tenemos: pobre y escuálida y beoda”.

Con Quevedo se ha cometido una gran injusticia. Su “denuncia” de la España del siglo XVII, se ha calificado de cruel. Sin embargo, Quevedo lo que se proponía era “despertar” a España, en aquella época de inmovilismo, en que las clases dirigentes del país parecían embriagadas de una grandeza hispánica sin cobertura de una realidad económica.

Quevedo da la consigna para el futuro. “No he de callar por más que con el dedo...” Decir la verdad. Luchar por la verdad . Proclamar la verdad. Las denuncias de Quevedo, dan sus frutos correspondientes y España parece despertar a la realidad en el siglo XVIII. Carlos III inicia la liquidación del feudalismo y acomete una serie de reformas para cambiar las estructuras que no responden a la realidad interna del país. Por primera vez empieza a pensarse en la conveniencia de fomentar las fuentes de riqueza nacional a través de medidas que desarrollen la agricultura, el comercio y la industria.

Se intenta, al mismo tiempo, combatir la incultura colectiva luchando contra la ignorancia y los prejuicios. Diríase que España, después de la inesperada herencia de los caudales de América, que derrochó en locas aventuras imperiales, va a entrar en una sensata madurez que le permita acrecentar los escasos caudales que le quedan.

Pero este avance, este caminar por rutas más reales y menos fantásticas quedará interrumpido a fines del siglo XVIII. Las clases influyentes del país, que recibieron la “apertura” política de Carlos III con rechinar de dientes, se cierran en bandas para recuperar sus antiguos privilegios.

Aquella España que pasó y no ha sido, está dejando paso a la España que quiere ser. A esta España, tenemos ansia de verla, es necesario absolutamente necesario que se haga de nuevo visible al mundo, despertada de sus sueños de siglos.

Queremos que España despierte, porque ya está despierta, queremos... una ética, una moral, un vida para todos. Queremos huir de los delirios, de promesas incumplidas y de las consiguientes frustraciones, queremos encontrar la medida justa, la proporción según la cual la convivencia sea efectiva, de manera que España sea un país habitable para todos.

Los campesinos de Granada, recibían a Fernando de los Ríos, candidato a diputado por aquella circunscripción, con esta aclamación conmovedora: “¡Viva el despertaor de las almas dormidas!” Despertar es renacer cada día . Y como dijo el poeta. “Si vivir es bueno / es mejor soñar / y mejor que todo / madre, despertar”.

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