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Etiquetas:   El crisol   -   Sección:   Opinión

La olla africana

Pascual Mogica
Pascual Mogica
miércoles, 30 de agosto de 2006, 03:09 h (CET)
La constante afluencia de inmigrantes ilegales a nuestras costas peninsulares e insulares está generando una serie de críticas al Gobierno de Zapatero que está haciendo lo posible y lo imposible por detener la marea de estas personas que huyen de sus países por un motivo muy poderoso: el hambre.

La oposición, el PP, que es la que día a día viene presionando al Ejecutivo, debería aportar soluciones pero está muy claro que soluciones no tiene porque de tenerlas pienso que las hubiera aplicado cuando estaba gobernando. El problema es muy complejo y lo que le está ocurriendo a España con este aluvión de gente desesperada no tiene otra naturaleza que, aunque obvio es decirlo, pero no está demás recordarlo, su posición geográfica que la convierte en la puerta de entrada a Europa. Al final miles de esos inmigrantes acaban esparcidos por los países europeos más desarrollados. No todos se quedan en España.

Los contactos y conversaciones que el Gobierno de España está llevando a cabo con los gobiernos de los países de procedencia de estos inmigrantes, requieren por parte de estos una respuesta que no pueden dar porque esos países son una marmita a presión, África es una enorme olla a presión, y la única válvula que los dirigentes africanos pueden abrir para disminuir esa presión y evitar que la olla estalle con las terribles consecuencia que ello reportaría, es la de dejar que aquel que quiera abandonar su país lo haga. Otro tanto ocurre en aquellos lugares donde se les permite que se lancen a la aventura del mar en embarcaciones que no reúnen las debidas condiciones para efectuar travesías tan largas. Estos países, que les permiten la salida de sus puertos, lo único que desean es que salgan de allí cuanto antes. Pero hay algo de lo que no oigo hablar mucho. Estos inmigrantes vienen de países que en otros tiempos fueron colonias y que los colonizadores se aprovecharon de los recursos naturales de que disponían y que cuando estos se agotaron les dieron la "independencia". Estos países, a estos países, es a los que hay que obligar a que de algún modo ayuden a las naciones de donde proceden los inmigrantes para que estos puedan vivir en sus respectivos territorios o en su defecto admitirlos. Esta sería la forma más justa y más razonable: que cada cual asuma su deuda histórica y cargue con su cuota de gente proveniente de sus antiguas colonias. O lo que es igual: que cada palo aguante su vela.

Puede parecer utópico pero es lo más procedente.

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