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Etiquetas:   Presos de la libertad   -   Sección:   Opinión

Peajes urbanos

Eduardo Cassano
Eduardo Cassano
@EduardoCassano
miércoles, 30 de agosto de 2006, 03:09 h (CET)
Era cuestión de tiempo. Después de perseguir el humo de los fumadores no podía ser de otra manera y el PSOE ya tiene la solución para terminar con el humo de los coches; implantar peajes en las ciudades. Por ahora sólo se trata de un borrador, una propuesta que los socialistas debatirán al inicio de las vacaciones, y la noticia promete traer cola.

Esta medida sin duda va a generar mucha polémica si el texto, todavía no definitivo, sigue adelante. Especialmente entre los conductores que trabajan en el centro de las ciudades más concurridas, y para todos aquellos que aún están en proceso de adaptación al carné por puntos.

Primero fue la zona verde, que ha conseguido que aparcar en el centro de Barcelona o Madrid sea ardua tarea, y ahora se pretende colocar peajes para controlar –según dicen- el tráfico, aunque presumiblemente se trata de aumentar el transporte público. Un servicio que por cierto, sería interesante que prestasen más atención antes de provocar un importante caos urbanístico. Sólo hay que comprobar cómo funciona el metro de Barcelona en hora punta, o el estado de algunos trenes que todavía circulan a diario por las vías de nuestro país. Un claro y triste ejemplo es el accidente de Valencia recientemente.

Con la excusa de tener demasiados coches en nuestras ciudades –pero no se quejan de los beneficios del sector del automóvil año tras año-, en Madrid y Barcelona han tratado de solucionarlo a golpe de parquímetro y, aprovechando la ocasión, los han instaurado hasta en los barrios donde no solía haber problemas de aparcamiento hasta ahora.

Parece que el Gobierno ha tenido la brillante idea de imitar a Londres, que ya puso peajes para entrar en el centro hace tres años –a razón de doce euros-, pero cabe recordar que en Nueva York ya fracasó en su intento en el 2001, y ante las previsibles huelgas del transporte público la rutina diaria podría verse alterada de forma peligrosa para los que no tienen el trabajo cerca de casa.

Tal vez la solución más económica y menos contaminante para todas las partes sea reeducar a una población acomodada al coche, invertir más en carril-bici dentro de las ciudades e imitar a Ámsterdam, ciudad donde se dice que existen más bicicletas que habitantes.

Pero al final, como suele ocurrir en estos casos, los intereses políticos serán más decisivos que las necesidades sociales, y mientras ellos estrenan trajes, coches y disfrutan de los beneficios obtenidos, a los ciudadanos de a pie nos tocará pagar o caminar… y nunca mejor dicho.

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