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Etiquetas:   Crítica de cine   -   Sección:   Cine

'United 93': una película fuera de categoría

Pelayo López
Pelayo López
jueves, 2 de noviembre de 2006, 06:50 h (CET)
11-S de 2001. La tragedia se abalanza sobre Estados Unidos. Varias acciones terroristas suicidas, cuyas armas son aviones con sus pasajeros a bordo, marcan sin duda un antes y un después en la memoria colectiva de la sociedad de este siglo XXI. Nueva York y el Pentágono son dos de sus objetivos. Otro más es el Capitolio, el corazón mismo de la democracia de la principal potencia mundial, potencia que, al mismo tiempo, es la diana de muchos países amenazados por su indiferente e interesado poder. El United Airlines 93, un boeing 757 que partía de Nueva York a San Francisco, es el instrumento para cometer este último atentado, tan atroz como el resto. Sin embargo, el valor y el coraje de pasajeros y tripulación hacen que el avión no alcance su objetivo y que acabe estrellándose cerca de la ciudad de Shanksvillecon, en el condado de Somerset perteneciente al estado de Pennsylvania.

23-A de 2006. Se estrena en nuestro país, casi 5 años después, la primera película que se ha rodado sobre aquella herida, una herida que algunos no saben si ha cicatrizado todavía y que, como es lógico, no tiene otro final que el acontecido hace casi un lustro. Dentro de no mucho tiempo nos llegarán varias más sobre aquellas dramáticas horas, incluso otra con más nombre, tanto por su director Oliver Stone como por su protagonista Nicolas Cage, World Trade Center. Sin embargo, aunque pueda parecer una osadía por el hecho de no haberla visto aún, creo que va a ser muy complicado que hayan alcanzado el grado de perfección cinematográfica logrado por el realizador de esta pequeña gran maravilla del celuloide, el inglés Paul Greengrass. Greengrass, que ha escrito y dirigido esta historia, demuestra que no es neófito en la materia y que cuenta con un bagaje que le ha permitido afrontar, con rigor y seriedad, una historia que a muchos otros podría habérseles escapado de las manos en direcciones poco recomendables. Su anterior faceta como periodista de investigación salta a la vista, una realidad que ha ido perfeccionando con el paso del tiempo y con sus sucesivas cintas: Bloody Sunday como director u Omagh como guionista.

Para no caer en más que posibles y fáciles errores, el director recurrió a las grabaciones telefónicas de los propios pasajeros y a las experiencias relatadas por sus familiares. Incluso algunos de ellos interpretan a los suyos en la película, porque, no cabe la menor duda, otro de los grandes aciertos de Greengrass es el no haber contado con actores conocidos, algo que habría restado credibilidad a la acción. Los pasajeros son actores desconocidos que se acercan más a los ciudadanos anónimos que murieron aquel día, a cualquiera de nosotros inmersos en una situación límite, una circunstancia que, crucemos los dedos, esperemos no tener que vivir nunca. Aquel drama, aquella angustia ante la inminente muerte descubierta de repente a bordo de un avión seguramente le pongan también los pelos de punta. Otro de los aspectos positivos en esta elegía a los difuntos –no hay que olvidar que el verdadero y único mensaje de la cinta es su recuerdo y reconocimiento como héroes- es la utilización de la cámara en hombro, un recurso que aquí imprime una seña de cercanía y frenesí que nos permite ser viajeros de primera fila. La película, a pesar de ser cine comercial, se acerca muy mucho de manera predeterminada al género documental, y, además, para más INRI, para sus detractores, no se trata de una reflexión, ni siquiera existe un posicionamiento ante el suceso, sino que la cinta es plenamente aséptica por los cuatro costados. No hay ninguna aproximación ni a los terroristas ni a los pasajeros. También comparten de manera espléndida la duración de la cinta las vivencias a bordo como en tierra, en este caso, a cargo de las autoridades civiles y militares pertinentes. Y aunque aquí es posible que Greengrass pudiese haber incidido más descaradamente en una postura crítica, quizás como humanos que somos también ha reconocido que en una situación extrema como ésta la respuesta del hombre puede ser débil, por muy gigante que uno se piense. Metáfora del mundo actual es esta frágil cimentación evidenciada.

Lo mejor y lo peor, en esta ocasión, es lo mismo, porque es tan redonda esta lección magistral que no hay nada malo en ella, ni siquiera algún defecto. Sólo se pueden poner a esta joya atributos positivos: magnífica, imprescindible, increíble, maravillosa… y, para no seguir, aprovechando que acaba de comenzar la Vuelta Ciclista a España, si aún no la han visto, háganlo, porque estamos ante una película fuera de categoría.

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