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Etiquetas:   Disyuntivas   -   Sección:   Opinión

Estímulos emocionales

Rafael Pérez Ortolá
Rafael Pérez Ortolá
martes, 29 de agosto de 2006, 00:20 h (CET)
Que si los graves incendios en Galicia, con un Gobierno sobrepasado por una provocación de alcances insospechados. Que se descubre un complot capaz de originar varias explosiones de aviones en vuelo; aquí con mayor eficacia preventiva. Que las estructuras mastodónticas de Europa y la ONU reaccionan con una lentitud temeraria ante el desastre libanés. Cayucos, metro, Talgo, huelgas despreciando a los ciudadanos y cuantos sucesos se vayan añadiendo a la lista.

¿Cómo establecemos contacto con el entorno? Quizá pensemos como protagonistas a través de una voluntad directora a la cual manejamos. O tal vez nos inclinemos a verlo como un puro automatismo. Ante esa tesitura, ¿Estaremos hablando de actos conscientes? ¿De simples sensaciones no muy controladas?

Muchas referencias actuales mencionan del descubrimiento de las "neuronas en espejo". Desde su ubicación dirigen la captación de datos provenientes desde el exterior. Estas neuronas encierran en sí mismas unas propiedades adquiridas en su desarrollo, peculiares para cada individuo. Rapidez, precisión, suavidad, energía, contraste, belleza, y una inigualable lista de rasgos. Debido a esas características, captan lo que pueden, aquello en consonancia con sus rasgos propios. Lo que está en SINTONÍA con sus peculiaridades. Captamos según lo que somos.

Y somos de una determinada manera. Desde la genética, relaciones y vida propia, se consolidan las mencionadas neuronas con su sensibilidad. Esta les hace responder a estímulos externos, pero selectivamente "en espejo", con arreglo a los registros previos del sujeto receptor. Esos caracteres estaban grabados en las citadas neuronas. Como es obvio, en esas respuestas permanece ausente o marginada la voluntad del sujeto. Hay sintonía o no, captan o no.

Tampoco afirmo que sean las únicas estructuras de captación, existen muchas otras, y para mayor complejidad, unas influyen sobre las otras. También se establecen jerarquías, no todas actuan con la misma preferencia; su potencia es distinta según los individuos y para cada momento. Un verdadero galimatías donde aquello de la voluntad y decisión personal se diluye.

En estas pistas de aterrizaje se plantan ESTÍMULOS de pelaje variopinto. Cognitivos, captadores de la naturaleza de las cosas; afectivos, profesionales, así como estéticos en sus múltiples facetas. En realidad pueden darse también estímulos internos y con todas las variaciones. Unos y otros abarcan el entorno en su conjunto; o dicho de otra forma, cualquier materia o circunstancia puede transformarse en estímulo.

Tantos estímulos posibles y tan variadas posibilidades de captación -cada individuo la suya-, generan situaciones con enormes diferencias. De ahí se deriva la naturalidad de las CONTROVERSIAS, el consenso es practicamente inimaginable. Y sólo estamos apreciando el eje provocación-percepción, dejamos aparte los factores restantes con capcidad de influencia sobre las emociones.

Por eso las controversias serán permanentes..., entre especialistas científicos, entre religiosos, entre aquellos dedicados a cualquier faceta de la vida. Es practicamente imposible, pero además sería monstruoso, obstruir esos múltiples vericuetos por los cuales discurren las sensibilidades de cada persona. Por consiguiente, cada conexión con otro sujeto multiplica las posibilidades. El debate es natural, pertenece a la misma calidad humana, es inevitable y apasionante a la vez.

Las contingencias posibles proliferan, los choques perceptivos nos alcanzan a diario, y las intensidades acaban desiguales por motivaciones específicas. No se pueden esquivar estos enfrentamientos emotivos ante los avatares de la vida. ¿Nos limitaremos a vegetar en esa marabunta de percepciones? La indolencia, por su falta de implicación, nos va restando dignidad para reclamarle más bondades a la vida. Esa frialdad emocional nos conduce al NO SER, un ente sin personalidad.

Resulta más fascinante salir al encuentro de esos choques emocionales, adoptar actitudes vivas entre enigmas y problemas. El gran músico Pierre Boulez dijo: "El encuentro es el gran detonador...cuando hay esa coincidencia entre las propuestas foráneas y las exigencias de nuestra parte". Aunque esos requerimientos de las neuronas especulares no sean plenamente voluntarios, son los nuestros. Si ese encuentro no provoca nada, ¿Qué hacemos aquí? ¿Puros fantasmas? ¿Desidia frustrante?

Cuando procedamos con una reacción propia recuperaremos la dignidad. Como se ha dicho, la dignidad del ¿QUÉ?. El hombre es un QUÉ permanente. Josep Brodsky decía así al recibir el premio Nobel: "Es importante evitar nuestro destino de víctimas de la historia y hacer más específico el tiempo de la propia existencia". Algo así como, trabajo para la consecución de un destino mejorado, labor personal.

Fíjense lo que nos rodea, violencia escolar, frivolidad en los medios, agresiones de fondo religioso, guerras, asesinatos, miles de mujeres escandalosamente destrozadas en Ciudad Juárez. Caótico entorno. Lejos de avizorar tendencias atenuantes, la pasividad y las agresiones son azuzadas en todos los rincones. ¿Así dónde vamos?

Claro que, las aportaciones personales comentadas, exigen hallazgos nuevos e instrumentos distintos para cada día, porque las circunstancias despiertan cada mañana. Es necesario bucear más entre lo mejor y más auténtico de las personas, buscar la belleza y la armonía, tanto interior como hacia fuera. Y eso ¿No es arte? Casi estoy por decir que no es otra cosa, ese es el verdadero ARTE tal y como están los ánimos. No ha lugar para pamplinas.

Como mencionaba, ante la brahúnda de atrocidades, dedicarnos a la introducción de matices armónicos y de convivencia en el teatro de la vida resulta una tarea básica, como refleja Severo Sarduy en uno de sus aforismos que acaba así: " Y olvidar el resto, pero no hay resto".

Esto es lo que hay, escapar o pasar desapercibido -desintegración virtual-, frente al cómo vivir con la dignidad de las PREGUNTAS...y las RESPUESTAS. Impresiona la dejadez, a lo sumo con una protesta vociferante que reivindique a un Gran Hermano reparador. ¿Eran verdaderos los estímulos emocionales? ¿De qué nos sirvieron? A ver si tenemos el suficiente ARTE para descubrir de nuevo las emociones.

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