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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Mujeres

Felipe Gámez (Málaga)
Redacción
martes, 29 de agosto de 2006, 00:21 h (CET)
A mi madre, in memoriam

El pulso de la realidad tiene diferentes ritmos según las edades por la que un hombre pasa y las mujeres siempre están en esos pulsos por diversos motivos. Para Fellini AL=amore é nutrimento@. (Claro! Para mi el amor a las mujeres empieza con la primera que se acerca: un cuerpo blando que llega tibio en la madrugada y ofrece las dulces lunas de sus pezones, quizá lo único suyo que tiene. Desde entonces "La città delle donne" (de nuevo Fellini) es el mundo, el mundo que no puede concebirse sin mujeres... pues son ellas quienes al enamorarse lo crean todo. Con esto quiero decir que la primera mujer de mi vida tiene una categoría y un valor. Si no fuera porque ha muerto hace poco incluso yo pensaría que exagero al decir que su categoría es el de una diosa y su valor infinito. Uno descubre esas cosas demasiado tarde.

Para el Fellini carnal la infancia es el punto del espacio y del tiempo donde las mujeres abren los surcos donde él sembrará sus mundos... que luego serán los balcones por donde ellas nos abrirán los iris embobados. Salvando las distancias (que son muchas, naturalmente) yo siento parecido. De mi madre, y como herencia suya, me viene el dar a las mujeres el máximo valor, incluso la categoría heroica de ser madres (diosas), cuando no todas quieren serlo y no todas valen lo que valía ella. Recuerden la frase bíblica: La mujer sabia edifica su casa, la necia, con sus manos la derriba.

García Márquez trata de reunirlas a todas en su último libro: "Memorias de mis putas tristes"; y es que en su memoria de escritor caben todas las mujeres que pasaron por su corazón, incluso las que no tuvieron esa oportunidad. En un libro anterior, "Vivir para contarla", busca atrapar su infancia y para eso empieza contándonos: Mi madre me pidió que la acompañara a vender la casa. Más adelante, añadirá: El aspecto de mi madre me impresionó. La infancia es el universo de la madre y si queremos alcanzarla debemos saber que siempre estará ahí completando la realidad, al fondo de todas las circunstancias, de todos los sucesos. Por desgracia hay madres sin amor y sus hijos/as serán luego personas sin afecto, es decir sin infancia.

Con el amor romántico nos llega a los hombres la oportunidad de ir a las mujeres, alcanzarlas tal y como se alcanza una estrella, rozar el misterio con las yemas de los dedos, aprender. Muchas mujeres son universos y rodearlas, entenderlas abarcarlas es absoluta y totalmente imposible porque apenas vivimos una fracción del tiempo que necesitaríamos. Pasé 25 años al lado de mi madre, la tuve pegada a mis nalgas sin perder un sólo detalle de lo que me pasaba por dentro y por fuera y si tuviera que contar quien fue tendría que empezar preguntándome quien soy yo. La vida me llevó luego a mujeres que son auténticos agujeros negros, (insaciables! Bellas mujeres que se agotaban antes de empezar; mujeres tiernas, sensibles, vacías, generosas, volubles, complaciente, arpías... Carmen Posadas, con un conocimiento preciso, dice en un artículo reciente: ...las guapas, al hacerse viejas, conservan todos los tics, posturitas y cucamonas que tan deliciosos parecían en un cuerpo bello... y que son tan patéticos cuando la belleza se ha esfumado. No hay nada tan demoledor como una mujer hablando de otra.

Freud apenas destapaba el melón cuando se preguntaba, )qué quiere una mujer? Es mucho peor preguntarse, )qué piensa una mujer? Un sabio poeta, Mario Benedetti, nos aconseja: no vayas a creer lo que te cuentan de las mujeres (ni siquiera esto que te estoy contando) ya te dije que la mujer es incontable. Otras frases célebres dicen: las mujeres fueron hechas para ser amadas... Como Pitágoras de Samos, me aplico el cuento y digo: Elige una mujer de la cual puedas decir: hubiera podido buscarla más bella pero no mejor. La madre, la infancia, el valor de lo infinito. Los hombres pasamos por las mujeres como pasamos por los océanos... ignorantes de lo que sucede debajo e inquietos por las tormentas.

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