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Etiquetas:   Crítica de cine  

'La joven del agua': Shyamalan no se hunde

Gonzalo G. Velasco
Gonzalo G. Velasco
jueves, 2 de noviembre de 2006, 06:50 h (CET)
M. Night Shyamalan ha vuelto. Y lo ha hecho más Shyamalan que nunca, entendido esto último como una cierta implementación de sus defectos, que son pocos, y de sus virtudes, que son muchas. Su nueva película, La Joven del Agua, viene de fracasar en la taquilla USA (sobre todo, considerando las cuantiosas recaudaciones de todas sus obras anteriores), y al igual que El Bosque, ha recibido un vapuleo crítico descomedido entre acusaciones de mesianismo, egolatría, inverosimilitud, y redundancia.

No es extraño, por tanto, que el director indio se haya quejado en una reciente entrevista de que los críticos no comprendan el verdadero significado de su obra, y no es extraño, tampoco, que La Joven del Agua , además de otra de sus habituales y hermosas alegorías sobre la necesidad de no perder la fe en lo maravilloso, incluya un despiadado ajuste de cuentas contra la figura de los críticos cinematográficos, encarnación superlativa de lo anodino, lo lógico y lo racional frente a la inocencia y la imaginación, del lado más desesperanzador de nuestro mundo, frente a la confianza liberadora en que existen cosas extraordinarias dentro de todos nosotros, tal y como advertía Samuel L. Jackson a Bruce Willis en El Protegido.

Yo, que para bien y para mal soy crítico cinematográfico, he disfrutado como un enano con la nueva propuesta de Shyamalan. Las razones son variadas: en primer lugar, comprendo la rabia del director ante el desdén generalizado con el que fue recibido la magnífica El Bosque, y por consiguiente, considero su venganza tan lícita como divertida, en segundo lugar, estoy en sintonía con todos los mensajes soterrados acerca de la trascendencia, el amor, y la fe que desde El Sexto Sentido Shyamalan utiliza para articular sus complejos guiones, (algo indispensable si uno aspira a desentrañar el peculiar microuniverso de La Joven del Agua), y en tercer lugar, nunca he pensado antes de entrar en la sala que iba a encontrarme con una película de terror al uso, tal y como erróneamente se empeñan en promocionar el film los responsables de su campaña de marketing, ni mucho menos con otro film de espectacular sorpresa final a lo El Sexto Sentido, sino con un cuento de hadas para adultos tamizado por la mente más lúcida del cine americano reciente. Y todo el mundo sabe que las mentes lúcidas son impredecibles.

La primera producción de M. Night Shyamalan después de que haya desplantado a Disney por Warner, es la obra más personal de su autor. Y como tal, la más arriesgada y la más inaccesible. Ello no impide que reúna todas las virtudes de su cine, desde la capacidad casi sobrehumana del Shyamalan guionista para la inventiva argumental, hasta su austera pero extremadamente efectiva pericia detrás de la cámara o esa desconcertante poética del suspense que no duda en contrapuntear al humor, (esta vez más extravagante que nunca) incluso dentro de un mismo plano. Por si fuera poco, están la bellísima partitura de James Newton Howard, que ya en El Bosque había compuesto la mejor banda sonora de la década, las interpretaciones siempre sólidas de Bryce Dallas Howard y Paul Giamatti (lamentablemente, no puede decirse lo mismo de la de Shyamalan, aunque en esta película, más que nunca, sus veleidades como actor trascienden la autocomplacencia para convertirse en parte esencial de la trama: sólo él podía encarnar a ese escritor condenado a un destino horrible por crear lo que realmente quiere), el ingenioso diseño de las criaturas digitales obra de Crash McGreery, y por supuesto, la fotografía entre simbólica y colorista del gran Christopher Doyle.

Se lo ruego, no hagan caso a la avalancha de críticas irreflexivas y malintencionadas que insisten en hundir la película en el lodazal de la mediocridad cinematográfica, La Joven del Agua es una excelente película. Tal vez no llegue a las cotas de genialidad de El Protegido o El Bosque, obras maestras absolutas de Shyamalan hasta la fecha, pero supera de largo a cualquier película actualmente en cartel. Y si ustedes la ven desde la inocencia, y no desde el cinismo, como uno de los personajes recomienda que hay que escuchar los cuentos de hadas, se darán cuenta enseguida de que el fracaso crítico y comercial de esta emotiva historia rebosante de fantasía es el mejor rasero del enorme talento que atesora. Night, amigo, me debes una. Para que luego digas que todos los críticos somos unos panolis…

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