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Etiquetas:   A pie de calle   -   Sección:   Opinión

La bici como excusa

Paco Milla
Paco Milla
jueves, 24 de agosto de 2006, 00:39 h (CET)
La jefa, dueña y señora de mi casa, decidió que la tarde de ayer era la elegida para que uno de nuestros hijos, aprendiera a subir en bicicleta. Solo puse una condición: ella podría asistir a ello, pero no podría participar, dado que es bastante blandengue en cuanto a disciplina a impartir se refiere, bueno ya sabemos todos que las madres, por lo general, imparten mas cariño que disciplina, ¿no? Excepciones habrá, que yo desconozco.

Los diez minutos previos, el crío estaba loco por subirse a la bici, pero no era el momento. Antes tocaba la sesión psíquica, en la que me quiso dar a entender que escuchaba, pero no… solo miraba aquel artefacto brillante que tanto había deseado.
Una vez transcurridos los previos, llegó por fin el momento de cabalgar sobre dos ruedas. Lógicamente mi mano sujetaba su espalda y evitaba que los desequilibrios tuvieran consecuencias, solo quedaban en eso: pequeñas equivocaciones.

Dado que es hábil para la dinámica, rápidamente le cogió el truco y comenzó a pedir que le soltara, que le dejara solo. Dentro de su cerebro, incluso pensaría que aquella mano en la espalda, le molestaba, para ir mas rápido, para hacerlo mejor…¡para volar solo! Aunque no me lo pedía, sus ojos me lo hacían entender.

Así que le ayudé a lanzarse y ante la ausencia de árboles, la mano se soltó y por fin sus ojos se abrieron al máximo cuando entendió que… era libre, que solo él “se”llevaba, solo él gobernaba el manillar y que su esfuerzo en la pedalada se convertía de forma inmediata en avance sobre el terreno.

A los pocos segundos cayó, produciéndose unos pequeños arañazos y las primeras lagrimas aparecieron (esto es indispensable ya que hay que seguir todo el proceso sin saltarse nada). Es por este motivo que me alegré que así fuera.

Hala campeón…ya te expliqué que ocurriría esto, si lo crees necesario llora, pero todo ese tiempo, es perdido, porque mientras lloras no pedaleas, no aprendes, no practicas.

Me miró con la cara llena de “churretes” y señalándome los arañazos de su rodilla me dijo: …es que me duele.

Claro hijo, claro que duele. Todos nos caemos cuando aprendemos algo nuevo, pero lo mas importante no es eso. Es levantarse e intentarlo de nuevo. Eso te hará campeón de verdad.

El segundo intento no acabó mejor. Ni el tercero, ni el cuarto. El me miraba, pero yo solo le sonreía y levantaba la bici, para que volviera a subir, a lo que él miraba a mama y después a mi, pidiéndole protección ante la exigencia, sin duda.

La primera vez que ella intentó levantarse y venir hacia nosotros le levanté la mano deteniéndola, pero en el intento 15, ya no aguantó mas.
Bueno, venga por hoy estuvo bien, al fin y al cabo tampoco es imprescindible aprenderlo todo hoy. Solo se trata se subir en bici, solo eso.

El niño me miró y yo a él moviendo la cabeza negativamente.

No me preocupa que el niño aprenda o no a subir en bici- dije-, solo intento que aprenda el método, para su futuro en la vida. No importa lo que haga o sea, pero debe entender que cada vez que se caiga, ha de levantarse y cuanto menos tiempo ocupe en llorar, mejor que mejor.
El crío solo dijo: papa abróchame bien el casco, que vamos a seguir cayendo.

La madre miró al cielo suspirando y yo sonreí con la boca y el alma.
Y es que ser padre a los cuarenta años te reporta unas vivencias realmente especiales que a los 20 ni captas, ni sientes ni irradias. Al menos eso es lo que yo creo. Animo chaval. No importa lo que caigas, importan las veces que te levantes.

Lucha siempre, hijo. Ese es tu mayor tesoro.

A veces ser el malo de la película es imprescindible. ¿Qué es una película en la que no hay un malo, oiga? Pues eso.

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