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Etiquetas:   La parte por el todo   -   Sección:   Opinión

Menos es menos

Óscar Arce Ruiz
Óscar Arce
domingo, 20 de agosto de 2006, 14:03 h (CET)
Hace unas semanas se conoció en Barcelona el resultado de la exposición de una denuncia por plagio. Lo especial del caso es que el plagio no se dio en el campo de la composición literaria o musical. La copia denunciada es una pieza mecánica, una motocicleta ‘scooter’.

Según la marca afectada -una de las grandes multinacionales japonesas del sector de la motocicleta- el objeto de la denuncia es muy parecido al comparado, existiendo como variaciones únicamente la distancia del asiento al suelo y cierta modificación de la parte delantera, aquélla que aloja la luz principal.

Hasta aquí, quizás pueda parecernos más o menos nueva la denuncia ante una combinación determinada de engranajes. Pero hay un dato que, a mi entender, dota al suceso de un interés especial. La marca que plagió el modelo japonés, es china.

Ciertamente habrá quien exponga su miedo en forma de actitud de rechazo ante la comunidad china (y, por extensión, ante toda la comunidad oriental), y aproveche tal dato para recordar que son ellos quienes están provocando los altibajos (más bajos que altos) en las previsiones económicas europeas y globales. A éstos habría que recordarles a qué precio la economía occidental llegó a cotas tan altas.

Quienes decidan observar el caso desde un punto de vista más alejado, se darán cuenta de que los japoneses tienen fama de copiar, de viajar pegados a sus cámaras de fotos registrando todo aquello que les interesa para reproducirlo posteriormente reduciendo las imperfecciones del original.

A lo que no están acostumbrados es a ser copiados, o a ser copiados por una economía con unas previsiones de crecimiento tan desmesuradas a corto plazo como la china. La relación entre unidades de producción y el sueldo pagado a éstas, es lo que ha permitido que en la misma ciudad se encuentren dos motocicletas prácticamente idénticas con más de mil doscientos euros de diferencia entre el modelo original y el reproducido a partir de él.

Se invierten las tornas. Atendamos al papel del usuario, el europeo que elige entre dos tipos de moto y se decide por la más económica. Su rol se limita a decidir a qué compañía compra. Sea lo que sea. El occidental común cada vez produce menos. La tendencia es la especialización en oficios del sector terciario, aunque quizás la tendencia no es en absoluto voluntaria.

El gigante asiático reúne condiciones que afectan directamente al precio de venta del producto. Tanto, que los precios de empresas autóctonas no pueden sino escudarse en la defensa de estándares mínimos de calidad que ellos mismos han creado. Más que nunca se exige el proteccionismo de los gobiernos. El libre mercado debe ser libre solamente para nosotros. Pero todo ello es inútil ante la entrada de China en el modelo capitalista.

La cuestión es que, queramos o no, nos dedicamos a los servicios. Dejamos la producción material -en un mundo enormemente materialista- a otros mejor preparados para ello. El resultado no puede ser otro. Antes, ellos nos copiaban a nosotros. Ahora se copian entre sí. La batalla se libra lejos de aquí y su resultado supondrá facilidades para el consumo. Nadie pagará más por algo que en otro establecimiento de la misma calle cuesta menos. La producción es suya. El beneficio también.

El dinero del pueblo no puede ser un fin en sí mismo, no puede pensarse sino como medio. El entretenimiento empezaba a resultar demasiado costoso para una renta media. El crecimiento económico chino nos muestra que por encima del ‘menos es más’ sigue estando el ‘más es mejor’.

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