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Etiquetas:   Carta al director   -   Sección:   Opinión

Ambulancias en Madrid

Almudena Pérez Barceló (Madrid)
Redacción
domingo, 20 de agosto de 2006, 06:00 h (CET)
Hoy hace ya tres meses, ¡que barbaridad! Si parece que fue la semana pasada, cómo pasa el tiempo. Pasa rápido sin darnos apenas cuenta y no cura las heridas como dicen.

A mi por ejemplo, sigue faltándome un trocito de corazón, ese trocito que él llenaba cada día con sus cosas de padre, - Qué no llamas, siempre tengo que llamar yo-, - Qué tal estáis, es que claro como no llamas, no se como estáis -, - que digo yo, que podías llamar tu alguna vez,¡que si no es por mi...!-, bueno ya sabéis a que me refiero, ese reclamar cariño veinticuatro horas al día, más desde su jubilación forzosa. Esta fue debida, a que su maltrecho corazón no quería trabajar, se había gastado demasiado deprisa, de tanto querer a sus niñas.

Hoy hace ya tres meses, ¡que barbaridad! si parece que fue la semana pasada, cuando a las siete y cinco de la tarde, llamamos al 112 para que viniera el médico de urgencias. El buen hombre vino y dijo que había que llevarle enseguida al hospital. Él mismo llamo a la ambulancia, pero cuando esta vino, sorpresa, - Señor no podemos llevarle al hospital Ramón y Cajal -, donde mi padre tenía su historial, -solo podemos hacerlo al hospital Gregorio Marañón- el médico de urgencias que seguía en casa, llamo de nuevo a otra ambulancia, esta vez indicando que el enfermo, debía ser trasladado urgentemente al Ramón y Cajal. A las ocho y media de la tarde vino otra ambulancia la cual le traslado al hospital indicado. A las nueve y cinco de la noche, mi padre ingresaba cadáver, en el tan ansiado hospital.

Hoy hace ya tres meses, ¡que barbaridad! si parece que fue la semana pasada, desde entonces me hago la misma pregunta, si la primera ambulancia le hubiera trasladado al Ramón y Cajal, ¿seguiría vivo mi padre?, o ¿quizá era su día?, eso creo que nunca lo sabré, hasta si, como muchos creen, un día nos volvamos a encontrar en un lugar mejor, donde él este perfectamente sin oxigeno, sin ahogos, sin dolor de corazón, sin cicatrices, cuando él vuelva a ser él.

Hoy hace ya tres meses, ¡que barbaridad! Si parece que fue la semana pasada.

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