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La resolución del Consejo de Seguridad no es el fin de la guerra del Líbano

Marianna Belenkaya
Redacción
viernes, 18 de agosto de 2006, 00:55 h (CET)
Ha entrado en vigor el acuerdo sobre el cese del fuego entre Israel y el movimiento chiíta Hezbolá. Ello no obstante, todavía es prematuro afirmar que la guerra haya terminado, aunque algunas fuerzas del área ya están cantando la victoria. Es de lamentar, pero el número de víctimas puede seguir creciendo. También provoca actitudes disímiles la resolución Nº 1701 del CS de la ONU sobre el cese del fuego.

La situación en la zona de conflicto seguirá siendo inestable hasta que los soldados israelíes abandonen el Líbano y en la zona de interposición en la frontera libanés-israelí sean acantonados efectivos del Ejército libanés y el contingente de paz de la ONU. Así lo exige la resolución. Pero su cumplimiento no da plena garantía de que el conflicto esté arreglado y las causas que lo engendraron, hayan sido eliminadas.

Los Gobiernos del Líbano y de Israel aprobaron la resolución. Cada uno considera el texto de documento como victoria diplomática suya. Por lo menos, pretenden persuadir de ello a los ciudadanos de sus respectivos países.

El Gobierno libanés se felicita de que haya sido detenido el derramamiento de sangre y, además, de que haya sido aceptada su propuesta de acuartelar a militares libaneses en la zona fronteriza y haya sido condicionada la retirada de las tropas israelíes desde el territorio del Líbano.

Por su parte, según ha enfatizado el primer ministro de Israel, Ehud Olmert, los israelíes están contentos con que la resolución Nº 1701 ofrece una buena solución que impide volver a la situación anterior. Hezbolá dejará de ser un Estado dentro de otro, y en caso de que sean infringidos los términos del acuerdo, ya se podrá recurrir al Gobierno libanés. Le hacen coro muchos miembros del gabinete y políticos israelíes, repitiendo cual un conjuro: “Hezbolá ya no lanzará ataques aéreos contra ciudades israelíes, este movimiento será desarmado y apartado de nuestras fronteras”. Precisamente estas tareas estratégicas se planteaba el Gobierno de Israel al decidirse a iniciar la campaña militar como respuesta a la captura por Hezbolá de dos soldados suyos en el territorio nacional y al bombardeo de ciudades israelíes por este movimiento.

Pero el problema radica en que la resolución Nº 1701 aprobada por el CS de la ONU, igual como otros instrumentos elaborados por este organismo no es sino una cosa teórica. La comunidad mundial simplemente no tenía otro remedio que aprobar el documento, a pesar de que distaba mucho de ser ideal. Era imprescindible poner coto a la violencia a cualquier precio. ¿Pero cómo conseguir que la resolución se cumpla a carta cabal y las hostilidades no se reanuden?

¿Quién y cómo se ocupará de desarmar a Hezbolá? El CS de la ONU encomienda esta misión al Gobierno libanés. Recordemos que antes de la guerra los libaneses no lograron llegar a una fórmula de compromiso sobre este tema. Sólo Hezbolá podrá desarmar a Hezbolá. Las condiciones se desconocen. Si el movimiento acepta el desarme, ¿cómo transcurriría este proceso y quién lo controlaría? Vale la pena señalar que un problema parecido de desarme de las milicias palestinas en el territorio del Líbano fue resuelto de modo siguiente: las armas fueron almacenadas en los campamentos de los refugiados palestinos bajo el control del FATH. Aquellos grupos palestinos que disponen de armas fuera de estos campamentos, de momento se negaron a entregarlas, pero primero este asunto fue relegado a un segundo plano y, luego, completamente olvidado en medio de otros problemas libaneses.

Así las cosas, ¿deberán sentirse optimistas los israelíes con motivo de aquellas cláusulas de la resolución Nº 1701 que prohíben la venta y el suministro de armas y municiones al Líbano, a no sea que con la autorización expresa del Gobierno de este país? Sin lugar a dudas, este acápite no está de más. Pero ¿acaso antes la comunidad mundial se pronunciaba por que Hezbolá, las milicias palestinas y otros grupos y movimientos (en el Líbano será difícil encontrar una fuerza política que no disponga de armas) permanecieran armados y estimulara oficialmente los suministros de armas? ¿Quién y como controlará que el armamento al Líbano se suministre exclusivamente por vía oficial? La fuerza de paz de la ONU y los militares libaneses estarán acantonados sólo en la frontera libanés-israelí. Pero las armas pueden suministrarse también a través de la frontera siria y por vía marítima.

Aparte de todo, sólo el tiempo mostrará el grado de eficacia de los militares libaneses y del contingente de paz de la ONU que serán estacionados en la zona de interposición junto a la frontera con Israel. Mucho depende de la disponibilidad operacional del Ejército libanés y del cariz de la situación política en el Líbano.

No en vano, la aprobación de la resolución y el alto al fuego provocan en muchos israelíes una aguda sensación de amargura. Y no porque ansíen la guerra. Las perspectivas de la evolución de la situación son muy vagas y suscitan muchos interrogantes. Por si fuera poco, la víspera del cese de las hostilidades, Hezbolá lanzó contra Israel una colosal cantidad de misiles, pese a las intensas acciones emprendidas por los militares israelíes en suelo libanés. Esto quiere decir que el adversario no está doblegado, y los israelíes no pueden tranquilizarse a sí mismos, confiando en que, tal vez, eran los últimos armamentos de los arsenales de Hezbolá.

Tampoco muchos libaneses creen que la resolución CS de la ONU contribuya a establecer la paz. La historia les enseñó a no fiarse de nadie y estar siempre dispuestos para una nueva incursión de aviones israelíes en el espacio aéreo de su país.

Y una última observación. La resolución Nº 1701 no supone el retorno a casa de los soldados israelíes cuya captura por Hezbolá sirvió como motivo para el comienzo de la operación militar. Tampoco supone la liberación de presos libaneses de cárceles israelíes, demandada por Hezbolá. El documento tan sólo se limita a reconocer la necesidad de incondicional puesta en libertad de los soldados israelíes y aclama los esfuerzos encaminados a una pronta solución del problema de los reclusos libaneses. Un círculo vicioso, ni que decir tiene.

En suma, la resolución no da solución a los problemas hacinados ni da a nadie motivos para cantar victoria, aunque precisamente de la victoria no dejan de perorar algunos políticos israelíes y líderes de Hezbolá.

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Marianna Belenkaya, para RIA Novosti.


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