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Guerra del Líbano: Obertura israelí y final iraní

Piotr Goncharov
Redacción
jueves, 17 de agosto de 2006, 00:27 h (CET)
El Líbano, un Estado pacífico e inofensivo, que desde antaño pretendía ser un islote de estabilidad en el explosivo Oriente Próximo, esta vez de hecho se convirtió en área de confrontación entre Israel e Irán.

Según destaca, por ejemplo, Rajab Safarov, director del Centro de Estudio del Irán contemporáneo, el grupo radical chiíta Hezbolá contra el que, hablando en rigor, combate Israel en el Líbano, en esencia es prototipo del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica, por lo cual “la mayor autoridad para sus miembros y líderes no es el Gobierno libanés, sino los mandatarios iraníes”.

La primera fase de la guerra del Líbano estuvo marcada por un evidente predominio político y militar de Israel. Fue Israel que determinaba la profundidad de las operaciones realizadas por sus comandos, la probable duración de toda la contienda, así como los posibles términos del armisticio, la profundidad de la zona de seguridad en el sur del Líbano, el número de efectivos y las condiciones de acuartelamiento en ésta de la fuerza internacional de paz. Ello no obstante, existen sobradas razones para suponer que el desenlace de la contienda lo predeterminará Irán.
¿Cómo llegó a ocurrir que el frente libanés-israelí, que en vísperas de las hostilidades no presentaba síntomas algunos de escalada de tensiones, estalló en un instante? Difícilmente la causa de ello radique en la tan mentada operación de Hezbolá, a raíz de la que ocho soldados israelíes murieron y dos cayeron prisioneros. Varios analistas opinan que para Israel esta operación no fue ninguna sorpresa, y este país la utilizó como pretexto para acabar con Hezbolá. Otros divisan la pista iraní en la contienda del Líbano y opinan que el arreglo de la situación pasa por Teherán.

Se podría decir que la obertura israelí en el Líbano fue todo un fracaso para las autoridades de Tel Aviv. Puentes, carreteras, aeropuertos y otros elementos de la infraestructura civil quedaron destruidos. Los daños ocasionados se evalúan en más de 10.000 millones de dólares. Pero lo más horrible es la muerte de más de mil civiles. El golpe de represalia asestado por Israel causó daños muchos mayores a la población civil del Líbano que a Hezbolá, detonador de la explosión en esta zona. Las acciones poco eficaces del ejército israelí para neutralizar a Hezbolá, sin hablar ya de la desarticulación de su infraestructura, convierten a Israel en rehén de la táctica “guerra hasta la victoria” escogida por sus dirigentes. Para Israel la situación es bastante ambigua. Este país ora tiene que empeñarse en lograr la victoria ora buscar arreglo negociado de las hostilidades. Mientras tanto, los planes de guerra relámpago a todas luces resultaron abortados, mientras Tel Aviv carece de recursos diplomáticos para salir de la guerra con dignidad.
Por su parte, Irán no ha conseguido consolidar sus posiciones en Oriente Próximo durante el conflicto libanés-israelí. Todo lo contrario, las ha visto debilitarse en el Líbano. Ahora Teherán tendrá que esforzarse por recuperar lo perdido.

El llamamiento a crear un frente único de lucha contra Israel, lanzado por el mandatario iraní, Mahmud Ahmadineyad, fue atendido, pero no llevado a vías de hecho. En esta relación es sintomática otra cosa. Uno de los más prestigiosos expertos rusos en la problemática del Irán contemporáneo ha expresado la preocupación de que la adopción de una resolución antiiraní por el Consejo de Seguridad de la ONU (relativa al programa nuclear iraní) pueda “mover a Irán a emprender acciones más enérgicas en Oriente Próximo”, y “el conflicto local israelí-libanés pueda degenerar en una guerra regional de envergadura”.

Afortunadamente, no todos los pronósticos de expertos se hacen realidad, y el caso dado lo viene a confirmar. Por ejemplo, la Liga Árabe prefirió limitarse a condenar la agresión israelí en el Líbano, pero rehusó poner en práctica la cláusula de la Carta de la Liga Árabe sobre la prestación de ayuda militar al país miembro de la Liga Árabe que cayó víctima de la agresión. Más aun, se puede afirmar que de momento, la situación general en torno a la crisis libanesa es susceptible de ser controlada y no promete desembocar en una guerra de amplias proporciones entre el mundo árabe e Israel. Por muy paradójico que pueda parecer, esto se debe a que los recientes combates en el Líbano se han librado entre Israel y el movimiento proiraní Hezbolá.

Ahora Irán debe salvar a Hezbolá, su protegido. La crisis del Líbano, provocada por esta organización radical, puso en jaque a toda la estructura institucional de este país que garantizaba un equilibrio de los intereses interconfesionales e intergrupales. Este quebradizo equilibrio les convenía a todos, tanto en el Líbano como en toda la zona. Ello no obstante, fue alterado a raíz de las acciones aventureras de Hezbolá. Sin lugar a dudas, este movimiento seguirá siendo una de las principales fuerzas políticas del Líbano, pero es bastante dudoso que se reserve el derecho a tener sus propios destacamentos armados.

Es difícil presagiar cómo se comportaría Irán en la situación configurada, pero con toda seguridad intensificará su actividad en relación con el Líbano.

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Piotr Goncharov, para RIA Novosti.


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